ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El legendario compositor Michel Legrand murió el pasado 26 de enero. Foto: L'est Republicain

Me llama  por teléfono  un viejo amigo para  anunciarme la muerte de Michel Legrand. Le digo que ya lo sé, y al igual que hice tras el fallecimiento de  Bertolucci, en que me senté a ver El último tango en París, y luego Soñadores (sobre el mayo francés), estoy viendo Los paraguas  de Cherburgo.
–Ah, Los paraguas…– me dice, y de inmediato adivino por dónde vendrá.
Una historia que está cumpliendo 50 años y que de algún modo él suele revivir si  hablamos  lo mismo del director  Jacques Demy,  que  de la música de Michel Legrand.
Historia  de amor la suya que resumo: tenía 20 años, al igual que ella, cuando se conocieron en los 60 y se enamoraron. Amor loco, con amenaza de su parte de subir a una  azotea y lanzarse al vacío si la muchacha no lo aceptaba. Ella –que era una romántica a la vieja usanza– quedó de tal modo impresionada ante el amago que ni  siquiera lo dejó llegar a la escalera.
Como surgida  del mejor  melodrama,  la  escena fue impresionante y mi amigo disfruta al rememorarla.   
Pero había un problema: decidida a abandonar el país,  la  familia de la muchacha la había matrimoniado por poder con un desconocido y le mantenía una estrecha vigilancia, en especial un viejo tío con paraguas de afilada punta.
Apareció entonces el cine City Hall,  en la calle Ayestarán, y el filme Los paraguas de Cherburgo exhibiéndose durante varias semanas, pretexto ideal para que la muchacha, que había  estudiado francés y «necesitaba practicar», se ausentara.
¿Cuántas veces vieron la película abrazados en la última fila de aquella sala convertida en refugio, sintiéndose parte de la tragedia que también obligaba a la separación a los personajes asumidos por Catherine Deneuve y Nino Castelnuovo?
La cifra no la recuerda mi amigo, pero sí que, sin saber francés, llegó a memorizar varios de los diálogos cantados, en especial los provenientes de la escena en que Castelnuovo le anuncia a su amada que debe  partir a la guerra de Argelia, y ambos  se desgarran en un  intercambio de emociones que a no pocos hizo llorar en el cine.
Un instant sans toi et je n'existe pas.  Oh! mon amour ne me quitte pas –musita rítmico  mi amigo al teléfono, y aunque asegura que de «aquello» no queda nada, se me hace un nudo en la garganta.
Una historia de amor que, de conocerla y por incluirlo, hubiera arrebatado al mismísimo  Michel Legrand.
Aunque finalmente, como suele suceder con no pocos amores verdaderos, la unión se malograra.
Y no porque ella se fuera, que hace poco me la encontré en la calle, ya con el paso del tiempo encima y el mismo brillo en la mirada.
Ha muerto el gran músico francés.
Y es posible que mi amigo y su dama, sin verse, ni  hablarse –como otros tantos  en el  mundo apegados a Los paraguas de Cherburgo–, de  más de cuatro cosas se estén acordando.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.