
La razón que me impulsa a ejercer una reflexión tan alejada de mi práctica profesional es la importancia que atribuyo a este libro para el conocimiento de la historia de la escultura en nuestro país. Y es que Llilian con ese rigor de investigación que siempre le ha caracterizado, poco común en los más recientes estudios del arte cubano, ha podido descubrir una cantidad valiosa de información que en muchas ocasiones no era conocida para los que de alguna manera nos interesamos por la escultura y las artes plásticas cubanas.

Un error resultaría pensar que en este libro solo vamos a encontrar datos relativos a las obras escultóricas entre los años 1900 y 1930; algo cierto es que hasta su aparición no habíamos tenido la oportunidad de disponer de esta información tan necesaria para entender los orígenes y desarrollo de la escultura en Cuba.
Resulta crucial, en tanto nos ofrece una mirada contemporánea a ese arte de cambio de siglo que por razones diversas es tan poco reconocido y conocido en nuestra visión actual; además, nos permite descubrir en él excelentes expresiones de verdaderos valores artísticos y auténticos creadores, que solo una mirada desprejuiciada como la de la autora de este volumen nos permite descubrir.
La escultura en Cuba de 1900 a 1930 ofrece una valoración de las obras que encontramos en el entorno de nuestras ciudades –en la mayoría de los casos poco o nada reconocidas–; sin embargo, la exposición de sus valores artísticos y una justa apreciación no solo permitiría su mejor protección como patrimonio de nuestra cultura e historia, sino también el disfrute de un arte que tiene como escenario nuestra historia y entorno cotidiano.
He encontrado muchas sorpresas en la lectura de este libro, algunas que no tienen relación directa con la escultura propiamente, como la de una visión más profunda de esa etapa que conocemos como la República, la cual desafortunadamente estamos acostumbrados a ver de una manera simplista y caricaturesca, siendo un momento tan crucial y formativo para nuestra cultura. Por otra parte, al acercarnos a las perspectivas de las obras conmemorativas que se emprendieron en estas décadas podemos entender el rigor profesional que prevalecía, los valores sociales y el pensamiento de una época que también consiguió la participación de la sociedad en los proyectos que debían expresar sus propias concepciones, del rigor con que eran enfrentadas estas piezas sin el facilismo y la burocratización que nos caracteriza en nuestros días. Solo de esta manera se pudo producir una obra que todavía un siglo después tributa a sus intenciones y nos permite disfrutarla.
Ordenado por temas, nos adentramos en un riguroso estudio que resulta del trabajo de todas las publicaciones de la época, de investigaciones especializadas y revistas que de alguna manera expresaron las polémicas y motivaciones de estas obras en su momento, permitiéndonos conocer a sus autores, los intereses de los promotores, las opiniones que provocaron, relatos de los concursos convocados, los proyectos presentados y los que definidamente fueron seleccionados. Provechoso sería que pudiéramos comprobar también en toda esta historia lo válido que resulta el recurso del concurso para el desarrollo y la selección de los mejores proyectos, y que se pueda rescatar como método de trabajo, algo que en nuestra práctica actual está intencionalmente abandonado.

Es el tema de la escultura conmemorativa el más apasionado y el centro de esta exploración; pero no por ello resultan menos interesantes la escultura funeraria, la emblemática, el retrato y la escultura decorativa. Ellos le permiten a la autora contarnos de nuestros primeros escultores y su desarrollo, de prácticas en desuso en la disciplina, y nos brinda una visión de cómo en este momento histórico era practicada la profesión y sus relaciones con la cultura del periodo.
Considero que disponer de este libro estimularía el estudio de la escultura, una de las manifestaciones más desatendidas y menos estudiadas de la cultura cubana, aunque justo es reconocer el esfuerzo que ya otros profesionales han emprendido en este tema. Pero la más importante contribución resultaría la motivación en la formación de nuestros estudiantes de Arte en el conocimiento de nuestra historia de las artes plásticas y el acercamiento a nuestras raíces culturales.
En nombre de todos los escultores cubanos le agradezco a Llilian Llanes que estudiando nuestros monumentos, haya hecho esta investigación monumental y nos regale esta extraordinaria y necesaria historia no contada.












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yuriet jardines dijo:
1
20 de noviembre de 2018
14:13:09
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