ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

                               1.
El capitán general a cargo de la colonia cubana, José Gutiérrez de la Concha, puso el grito en el cielo cuando leyó el ejemplar de Cantos del Siboney, recién salido de la imprenta en 1855, que le hicieron llegar a su despacho en la Plaza de Armas.

Algunos podrían pensar que se trataba de una  evocación nostálgica de los pobladores originarios de la Isla –por cierto, prácticamente exterminados por la conquista y la colonización española-, pero para el máximo representante de la Corona se hacía evidente una intención subversiva.

¿Acaso José Fornaris, su autor, no era el mismo bayamés que apenas dos años atrás había sido fichado como conspirador y al que consideraba instigador del acuchillamiento de un retrato de la reina colgado en la Sociedad Filarmónica?
 
                               2.
Una frase suscrita por uno de sus discípulos, José de la Luz y Caballero, lo califica para siempre: «…mientras se piense en la Isla de Cuba, se pensará en quien nos enseñó primero en pensar». Félix Varela fue eso y más.

El historiador Eduardo Torres Cueva revela así el proceso de su construcción ideológica: «Félix Varela dedica la lección terminal de su estudio de filosofía a una lección última de patriotismo. Todo el conocimiento está en función de una obra común que es la creación de una patria nueva, auténtica y cubana, que no es copia sutil ni en miniatura de otros modelos, sino exigencia surgida de una realidad singular y específica.

Su esfuerzo se encamina primero a liberar al pensamiento de las ataduras escolásticas y del mimetismo que resulta del rebajamiento intelectual ante la producción foránea. Su segundo paso es crear una filosofía de la emancipación que tiene por centro la necesidad y, a la vez, la capacidad “para pensando con cabeza propia”, analizar y solucionar los problemas que la realidad concreta y específica cubana y americana colocan como materia prima de todo conocimiento».

Conciencia y sentimiento. El hombre que en su largo exilio en tierras del norte predicó la libertad para los suyos desde las páginas de El Habanero y otras publicaciones, es el que abrasado por el fuego de la distancia que lo separa de la Isla, confiesa en 1842: «Mi separación de mi patria es inevitable, y en esto convienen mis fieles amigos. Acaso yo he tenido la culpa por haberla querido demasiado, pero he aquí una sola culpa de que no me arrepiento».


                             3.
Ebanista, artesano, pintor, de piel negra. Sabe de los sufrimientos de los africanos y sus descendientes bajo el régimen esclavista de plantación, y sabe también cómo en la vecina Haití se ha luchado tenazmente contra el colonialismo y la esclavitud. José Antonio Aponte quiso una Cuba emancipada para negros, blancos, mestizos, y por ello en 1812 fraguó un levantamiento armado. Traicionado, al frustrarse aquel,  fue enjuiciado, asesinado y decapitado: su cabeza expuesta, a modo de escarmiento, en una céntrica encrucijada del barrio habanero de Guadalupe.

Entre las pertenencias que le ocuparon y sobre las que resultó tenazmente interrogado, estaba un libro de pinturas en el que abordó, desde la alegoría y el mito, las particularidades de su identidad etnocultural y reivindicaba la dignidad de los hombres y las mujeres arrancados de África para ser explotados en esta parte del mundo.

¿Por qué  el interés de los verdugos en descifrar el libro de pinturas? ¿Sería por advertir una manera de pensar y de expresar diferente a la del poder colonial?

                              4.
«Yo puedo afirmar que no fui yo solo; fueron todos los cubanos de mi generación  los que aprendieron a sentir a Cuba, a ver sus notas peculiares, típicas en la obra de Heredia». Con estas palabras, el sabio Enrique José Varona definió la impronta de José María Heredia, impetuoso joven santiaguero, poeta, tipógrafo, cronista y profesor, arrojado al destierro desde los años 20 del siglo XIX por su involucramiento en una de las primeras conspiraciones independentistas.

Murió joven, con apenas 36 años de edad. Solo un patriota, consciente de sí mismo, pudo acuñar un verso en el que paisaje y nación se acrisolan: «Las palmas, ¡ay!, las deliciosas palmas…».
                               
                               5.
Quiso componer la primera ópera nacional, pero con las piezas, más bien breves que escribió, de las que se conservan 52 contradanzas, basta para colocarlo en la cima a la hora de captar la atmósfera insular. Alejo Carpentier valoró en Manuel Saumell «la proeza de expresarse siempre en cubano».

Los ojos de Pepa, Recuerdos tristes, La suavecita, La Matilde, El cataclismo y Los chismes de Guanabacoa no tenían que ver ya con modelos importados.

Esto en el ámbito de la música académica o de concierto. ¿Y las demás músicas? ¿La que se fue gestando, hecha punto guajiro en un campo y en otro nengón y quiribá? ¿La que sonaba los Días de Reyes que iba  dejando atrás la estricta filiación africana? ¿La de las serenatas que perfilaban matices de criollez y prefiguraban el nacimiento del bolero? ¿No eran también semillas bien plantadas hacia la medianía del siglo XIX?
 
                              6.
Cuando contemplo tu elevada cumbre, soberbio monte, levantarse al cielo; cuando miro tu mole y pesadumbre, tu enorme base y nebuloso velo, y las corrientes límpidas de plata que tu seno basáltico desata; cuando miro tu larga cabellera de altos pinos mecerse en el espacio, y hender audaces la celeste esfera, coronados de zafir y topacio y que ilumina tu gallarda frente el lucero del alba refulgente; entonces en pensamientos encontrados me confundo a la vez,terrible monte, y sólo ven mis ojos apagados tu sombra oscurecer el horizonte,tú, gigante, que alzas la cabeza, y es pequeña a tus pies toda grandeza.
 
Esto lo escribió Carlos Manuel de Céspedes en 1852, impresionado por la visión del Pico Turquino. Del paisaje a la acción. Dieciséis años después, el 20 de octubre de 1868, entró a Bayamo al frente de las tropas insurrectas.

Las contradanzas de Saumell marcaron la ruta nacionalista de la música de concierto. Foto: Archivo de Granma
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