
Dentro de la programación de verano, la Televisión cubana ha vuelto a rescatar a Sissi, presente en la memoria de muchos desde que Romy Schneider apareciera en los años cincuenta del pasado siglo para marcarse de por vida con el personaje.
Demasiado candorosa Romy con su mirada azul (capaz de teñir de rosa la pantalla) para ser tomada en serio por unos adolescentes que en esos días solo tenían ojos para una bomba erótica llamada Brigitte Bardot.
Pero tías, primas, vecinas, y no pocos de sus recios acompañantes, sucumbían ante la trilogía de Sissi, que entre 1955 y 1957 filmara la actriz austríaca de manos de Ernst Marischka, un director que hoy día hubiese sido un artífice de telenovelas.
Tres filmes que bajo la óptica del romanticismo más intenso revivían los tiempos de quien a los 17 años se convirtió en emperatriz de Austria. Tres filmes llenos de truculencias sentimentales para hacer soñar, reír y llorar en medio de una añoranza por los días felices que no volverán –como dice la canción– tejidos con especial interés para un público
refinado, la creme de la creme y, por supuesto, todos aquellos dispuestos a sumarse al almibarado embeleco que emana de los cuentos de reyes y princesas.
Romy Schneider sería Sissi para el mundo del cine, pero se propuso la muchacha cavarle una tumba al personaje y convertirse en una actriz integral, lejos de las fórmulas comerciales que tanto éxito le reportaron.
Bastante de jovencita ingenua exhibía todavía cuando en 1958 filma la trágica Christine (Amoríos), de Pierre Gaspard-Huit, junto a Alain Delon. Tenía 29 años y él 23 y sería el inicio de uno de los romances –y ha habido muchos– más sonados de la historia del cine por el hecho también de que ambos tuvieron papeles principales en filmes como La piscina, (Jacques Deray, 1968) y El asesinato de Trotsky, (Joseph Losey, 1971).
Crecieron los adolescentes que una vez corrían de cine en cine detrás de la Bardot y algunos aprendieron a buscar en las pantallas algo más que sensualidad y buenas curvas.
Entonces descubrieron a Romy Schneider en los papeles más increíbles, desde procaz prostituta, hasta una fría asesina del cine noir francés.
Importantes directores la ayudaron en su afán de despojarse del personaje que la marcara: Boccaccio '70, Luchino Visconti (1961); El Proceso, Orson Welles (1962); El Cardenal, Otto Preminger (1963); Inocentes con manos sucias, Claude Chabrol (1974); El viejo fusil, Robert Enrico (1975); Una mujer singular, Costa–Gavras (1979); La muerte en directo, Bertrand Tavernier (1979); y no pocas más.
Romances, matrimonios frustrados, vida tormentosa, una operación de urgencia para extirpar un cáncer incipiente y el gran golpe coronando una vida signada por la tragedia: su hijo David, de 14 años, cae en 1981 sobre una verja en forma de lanzas y fallece.
Para Romy la desolación, el alcohol, los barbitúricos, la muerte a los 43 años de edad, casi siguiéndole el rastro a su hijo, hace ahora 35 años.
Sería lindo decir que con su arduo trabajo, sus numerosos premios y la cantidad de personajes diferentes que interpretó logró el objetivo de su vida.
Pero el cine tiene sus magias y asegurar que Romy Schneider pudo enterrar a Sissi sería una tontería.











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Emocionado dijo:
1
1 de agosto de 2017
10:37:02
aloida dijo:
2
1 de agosto de 2017
11:08:22
MN dijo:
3
1 de agosto de 2017
13:43:50
Lee dijo:
4
1 de agosto de 2017
13:53:43
yaquelin dijo:
5
1 de agosto de 2017
14:11:25
balbina Perez Rodríguez Respondió:
4 de agosto de 2017
14:52:50
FASV dijo:
6
1 de agosto de 2017
22:37:54
Teresa dijo:
7
6 de agosto de 2017
12:43:47
Monica Mariel dijo:
8
22 de agosto de 2017
13:25:45
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