Ver la exposición Imaginarios para la danza, del diseñador Ricardo Reymena, es un goce para los sentidos y un reto para el intelecto. Integrante del Ballet Nacional de Cuba (BNC) durante 39 años, este hombre ha creado una obra ante la cual los adjetivos se empequeñecen.
La muestra exhibida en la Galería Raúl Oliva, ubicada en el Centro Cultural Bertolt Brecht, revela una parte importante de la producción artística de Reymena, pero deja fuera otras zonas de su trabajo porque en esa demarcación no puede encerrarse todo lo que el artista ha creado.
A su trayectoria en el Ballet Nacional de Cuba se dedica buena parte del recorrido, y es lógico que así sea pues Reymena laboró con casi, para no pecar de absoluta, todos los grandes coreógrafos del BNC. De sus manos prodigiosas han salido trajes para la gran Alicia Alonso y para los intérpretes más aplaudidos. De su talento han brotado infinidad de ideas para concebir los marcos escenográficos.
Colaboró con Iván Tenorio en Teseo y el Minotauro, en el 2006. Virgiliando, del 2012, fue una de las últimas piezas del coreógrafo; allí también estuvo la mano prodigiosa del diseñador. Con Alberto Méndez intervino en el montaje de Doña Rosita la soltera, partiendo del drama de Federico García Lorca.
Gustavo Hererra lo eligió para un montaje que ha trascendido en el tiempo, Electra Garrigó, inspirada en el original de Virgilio Piñera, estrenada por una de nuestras cuatro joyas, Loipa Araújo, y que por estos días ha vuelto a los escenarios con Viengsay Valdés en el rol protagónico. El enorme telón reflejando una frutabomba, elemento clave en el desarrollo argumental, queda resguardado en la memoria de los espectadores.
Las puestas en escena de los clásicos del ballet, versionados por Alicia Alonso, como El lago de los cisnes o Coppelia, han sido terreno fértil para la imaginación de Reymena.
Diseñar para la danza exige conocer la naturaleza de la especialidad, que va en franca oposición a la fuerza de gravedad: el vestuario debe revelar la identidad del personaje y debe aportar confort y seguridad al bailarín, la escenografía debe ceder el protagonismo al intérprete. Por eso, en su faena, Reymena ha combinado belleza y funcionalidad.
Es extraordinaria la capacidad del artista para transitar de un tema a otro, de un estilo a otro. Sea clásico, sea contemporáneo el ballet, allí aflora el genio de Reymena, pero sépase que cada montaje exige horas de estudio para esbozar la propuesta, pues le compete explorar el espacio de representación y seleccionar los materiales para realizar vestuario y escenografía.
Quien visite la galería tendrá la posibilidad de acceder a las interioridades del trabajo de una compañía de ballet. Podrá apreciar bocetos para el vestuario de Irazú y las maquetas de piezas como Coppelia, contemplará detalles de algunos trajes y sabrá los nombres de las costureras que los confeccionaron, verá bocetos de carteles que no se imprimieron. El espectador valorará el esfuerzo cotidiano de bailarines, coreógrafos, diseñadores, maitres, equipo técnico para que cada función sea, además de irrepetible, inolvidable.
Reymena es diseñador escénico y diseñador gráfico, y cada especialidad contamina a la otra, enriqueciendo el acto creativo. Así sucedió en Alas, montaje en el cual estableció eficaz colaboración con Lizt Alfonso.
Tras haber recibido numerosos reconocimientos por su vasta obra, Reymena ostenta la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier. A esa lista se suma el Premio Eduardo Muñoz Bach, otorgado por la Uneac.
*Investigadora de las artes escénicas











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Julio J. Baladron dijo:
1
28 de junio de 2017
08:56:25
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