ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Un pequeño ladrón de espacios se coloca como centro de atención. Habla melódicamente y con to­nos agudos, igual que todos los niños. De sus labios salen palabras como referencias, materiales, y los presentes las escuchan sorprendidos. Al­gunos incluso comentan con cierto escepticismo que se trata de un recorrido guiado de primera línea.

Pero Cristian continúa caminando, con un micrófono entre manos, por la amplia sala de exposiciones transitorias del Memorial José Ma­rtí, que ahora agrupa una colección de arte miniaturista. Bajo el título de Hon­­rando al insigne, la muestra, del proyecto sociocultural Colibrí, ofrece una mirada a la vida y obra del Após­tol a través de 300 obras. Cristian lo sabe bien. Recita con soltura títulos de piezas diminutas de varios de los 107 autores reunidos en torno al ideario martiano, y ha­bla sobre Los zapaticos de rosa he­chos de metal, o una Nené Tra­viesa de mármol, un Camarón en­can­tado… Pero a fin de cuentas to­dos son de oro, claro, como la edad de este guía que aún usa pañoleta roja e invita a los «grandes» a seguirlo.

Señala una obra al fondo del sa­lón y explica seriamente. «Yo opi­no que el autor de esta obra, cuando la hizo, estaba pensando en que Martí nos mira desde todas partes para que cumplamos nuestro objetivo de ser verdaderamente cubanos». Así dice el niño mientras ob­serva al artista de la plástica Na­za­rio Sa­lazar, creador de Colibrí y su arte mi­niaturista, que emergiera ocho años atrás en Ca­ma­güey. En él confluyen estéticas, gé­neros, filiación y edades diversas, a fin de conectar la realidad tangible con el pensamiento martiano, según las palabras inaugurales de Salazar, también a cargo de la curaduría de es­ta exposición, abierta al público has­ta el 3 de diciembre.

Por su parte Cristian, quien apenas sobrepasa el metro de estatura, se pone en punticas de pie. Nadie sa­be si lo hace para no despertar a Bebé, pero todos concuerdan en que despierta, eso sí, sensibilidades alrededor de la obra del Maestro. El pionero logra, en nombre del proyecto Colibrí y la Sociedad Cultural José Martí, «honrar a quien nos en­señó a honrar»: camina con la cabecita baja, si­mulando a la humilde Pilar; y sabe tanto, tanto, como Me­ñique.

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