
Hace tres días, cuando la Plaza de la Revolución de Bayamo se llenó de verbos encendidos y del color de nuestra bandera, Lulubel Infante Girón –trabajadora durante años del programa de Salas de Televisión, fundado por Fidel, y actual coordinadora de programas y objetivos del Gobierno en Granma– publicó en su perfil de Facebook:
«Firmé por #CubaSoberana. Firmé contra el bloqueo que nos asfixia, por la sonrisa de mis niñas y la paz de mi madre. Firmé contra el imperialismo que amenaza con bombardear y pintar de gris nuestro cielo azul. Firmé y firmaré siempre».
Después, al pedirle que ahondara en «esos temores», sus palabras brotaron cargadas de preocupación. Comprendí que, en ella, el miedo a la guerra no era algo lejano ni puramente ideológico: había mucho de humano en sus palabras.
«El miedo de que un bombardeo borre la sonrisa de mis nietas y destruya la paz de mi familia es real. De la guerra sabemos cómo empieza, pero no cómo termina, ni el costo que traerá.
«Imagínate correr de la mano de los tuyos sin saber si habrá un mañana, quién quedará vivo o a quién volverás a abrazar. Saber que esa rutina de apoyarlas en la escuela, leerles un cuento, llegar del trabajo y abrazar a los míos podría evaporarse y convertirse en un sueño… es doloroso.
«La guerra significa el fin de esa rutina que tanto cuesta mantener: que el ruido de las explosiones ahogue las risas de los niños en el parque, que desaparezca esta tranquilidad que uno respira. Es la incertidumbre de si podré proteger a los míos de la barbarie, de lo peor.
«Firmé contra el bloqueo, como cubana, por lo que viven nuestras familias para asegurar el plato de comida: esa carrera por encontrar aceite, la falta de harina y, en consecuencia, de pan para el desayuno; o tener que hacer colas interminables para comprar el pollo.
«Porque es racionar el jabón, estirar la leche en polvo, improvisar con lo que hay. El bloqueo asfixia nuestro día a día, encarece todo, dificulta los medicamentos para mi madre y los míos, y convierte cada comida que se pone en la mesa en una verdadera proeza.
«Pero más allá de esas luchas diarias que nos impone el bloqueo, quiero hablarte de la resistencia de nuestro pueblo, capaz de convertir las carencias en desafíos, y crecerse.
«Para mí, más allá de la respuesta que queda en los actos públicos, existe una respuesta silenciosa, tenaz y contundente dentro de nuestros hogares que habla de la resistencia del cubano, de esa familia que desde que se levanta sale a enfrentar el día a día, a construir, a crear en medio de las limitaciones.
«Es admirable ver cómo el bloqueo no logra bloquear la alegría ni la voluntad. A pesar de que sabemos que es asfixiante y genocida, seguimos luchando.
«Si nos detenemos un momento a mirar el efecto de las guerras en el mundo, nos daremos cuenta de cómo quedan devastadas las familias, cuántos niños quedan mutilados e incluso pierden la vida. Solo pido que piensen si esa es la Cuba que desean tener, y si esa es la ayuda humanitaria que alguien espera recibir».













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