¿Y qué tal la película?, se me ocurrió preguntarle hace años a una buena amiga y, como si hubiera estado esperando la oportunidad de su vida, comenzó a contar con tal profusión de detalles que 20 minutos más tarde todavía no estaba claro de “que iba” la historia en pantalla.
Puede que exagere, porque el paso del tiempo borra los matices, pero pudiera asegurar que la narración de ella fue más extensa que el metraje mismo.
Desde entonces, cuando alguien me pregunta si vi esta o aquella película, no hay alegría mayor que responderle “sí, la vi, y la tengo muy fresca en la memoria”.
A los críticos de cine siempre se les ha reprochado que “cuentan” la película. Y si bien es cierto que hay casos, se olvida que es imposible hablar de un tema, de un hecho, de un filme, sin antes hacer explícito un interés informativo que propicie el análisis.
El quid radicaría entonces en saber qué se dice y qué se calla, algo así como transitar el filo de una navaja evitando palabras de más que pudieran significar el descalabro ante la audiencia.
Indiscreción de la que no escapan los mismísimos espectadores, como una vez —tiempos lejanos en que todavía entraba al cine con la película andando— en que al sentarme en una butaca del Payret, dispuesto a disfrutar de los entresijos y ocultamientos de un buen policiaco, un espectador de la fila delantera le comentó a su acompañante que el asesino —en ese momento en pantalla— tenía la misma cara que un pariente suyo.
Revelación que me hizo murmurarle por detrás de la oreja que en realidad la película tenía dos asesinos, él uno de ellos, por contarla.
Pero hablamos de la crítica de cine profesional, la que sin haber visto el espectador la película debe referirse a la trama, al género, a las implicaciones sociales, humanas y hasta políticas presentes en la historia, las recurrencias artísticas, acierto y desacierto de los enfoques, actuaciones y otros muchos aspectos más.
¿Cómo hacerlo una vez, cien veces, mil veces tratando de no contar la película, o de contar de ella solo lo que imponen las reglas?
Por supuesto que hay mañas.
Como también las hay para cruzar el Niágara en bicicleta con las aguas corriendo por debajo.











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Juanito dijo:
1
8 de julio de 2016
09:57:57
Almir León dijo:
2
1 de agosto de 2016
15:36:25
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