Creo que ningún atleta dirá alguna vez que va a perder. Incluso, no pienso que esa idea pase por su cabeza. Horas de sacrificio y entrenamientos no pueden ser destinadas a un propósito tan simple. La intención siempre es ganar, y para ello, hay muchas maneras más allá del podio.
Pero en el caso de Yander Herrera la historia es distinta. Él siempre se sabe ganador, aun cuando los momentos no sean los mejores. Al menos, esa es la filosofía que exhibió en Asunción, ciudad en la que creció como atleta y nació como campeón. Victoria doble.
«La competencia en Asunción la viví con alegría. Aquí en Cuba dije que lo iba a lograr, aunque no pensé en el récord. Cuando lo hice, supe que el título sería mío», recuerda sobre los II Juegos Panamericanos Junior, de los que fue monarca en 2025 y vigente plusmarquista en 110 metros con vallas.
Sin embargo, venció en aquella final por fracciones de segundos. «En esa carrera me confíe. Me vi con el récord de la semifinal y menosprecié el evento y a los rivales. Estuvo mal de mi parte».
No es la primera vez que le sucede, me cuenta, incómodo consigo mismo, pero con una cualidad propia de los grandes: valor civil.
«En el Mundial Juvenil de Lima-2024 me pasó algo similar. Como me vi triunfador, bajé el ritmo, choqué con una valla y entré cuarto. En ese entonces no supe procesar lo que me pasó, pues era más joven», admite.
Pero esa confianza, que le jugó para mal, es una de las cualidades del joven tunero, quien se define como alguien de carácter fuerte, que nunca piensa en perder.
«En Paraguay, cuando arranqué, mi rival de al lado me tocó la mano, perdí la coordinación y tuve el error en las vallas. Después recuperé el ímpetu, salí a buscarlo y lo derroté», rememora sobre su condición de monarca.
«Confío mucho en mí porque yo soy el que entrena y se sacrifica. Por tanto, en esos momentos no pienso que haya alguien mejor. Esa final en Asunción me enseñó que no puedo ignorar nada y mis oponentes siempre vienen con la misma idea», argumenta.
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ CON NUEVE AÑOS
Antes de cada carrera, es normal ver cómo los competidores tienen un ritual. Algunos gritan, otros pasean, se estiran, o hacen una señal de la cruz mirando al cielo, como Usain Bolt.
Yander, momentos antes del pistoletazo, se acerca a la valla, se inclina sobre ella y con ojos entrecerrados observa la pista. Luego, los cierra y permanece meditando. Tras ello, vuelve a su carril, salta, grita y toma su posición. Una práctica rodeada de misticismo e intención.
«Busco primero concentrarme en lo que voy a hacer y luego grito para impresionar a los rivales y no piensen que tengo menos energía.
«Me gusta acercarme a la valla y hablarle. En la carrera solo somos nosotros dos. En ese momento, busco sentirme bien y creer que puedo», confiesa.
Su historia en el deporte comenzó con nueve años en Las Tunas. Y con quince se decantó por su disciplina, inspirado en Dayron Robles y Anier García, aunque también corre los 200 metros.
«Mi primer objetivo después de Asunción es la medalla en Santo Domingo. Estoy clasificado y me preparo para ello. Actualmente me esfuerzo para entrar en forma y acercarme a mis tiempos», comenta sobre sus objetivos actuales.
El 2026 le ha sido difícil, con varias lesiones que han frenado su progresión. «Nunca me había pasado. He pensado en dejar el atletismo, pero me es imposible dejar lo que me gusta.
«Fue una idea loca que me acechó en medio de la desesperación, pero, como deportista, he debido adquirir la madurez para saber qué hacer. Soy mentalmente fuerte y me ha ayudado.
«Creo que esas lesiones pueden influir en mi resultado en los Juegos Centrocaribes, pero en buena forma puedo alcanzar esa medalla que espero», explica.
En una prueba, en la que Cuba exhibe buenos resultados a nivel mundial, Yander cuenta que su ídolo es Yordan O’Farril. «Desde que llegué a La Habana siempre me ha apoyado. Además, él era bajito, cosa complicada en esta especialidad, y aun así fue campeón mundial».
Más allá de su medalla de oro en Asunción, ostenta la condición de ser el recordista nacional juvenil, superando el registro que exhibía Dayron Robles.
«Yo se lo rompí aquí en La Habana, pero lo rebajé en Rusia. Cuando hice esos 13,37 segundos me quedé sin palabras, es una sensación inefable», recuerda.
«Él, justamente, me dio el mejor consejo. Cuando le quebré la marca, me escribió por Instagram y me dijo: “No te olvides de disfrutar el proceso”.
«Me enseñó que no podía meterme presión, pues soy joven aún. Tengo que ir creciendo y tomando cada paso. Siempre que corro él me escribe, siempre se preocupa, me aconseja y busca lo mejor de mí», expone.
Así, entre ese amasijo de historias, se forma la carrera de Yander Herrera, quien, bajo el sol de mayo, se prepara todos los días en el Estadio Panamericano de La Habana en busca de una victoria grande: contra las lesiones.
Pero Yander no sabe perder. Él sabe que va a ganar.






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