ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Cubaminrex

Nueva York, 26 de mayo de 2026.- El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, intervino en el debate abierto del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la defensa de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, donde llamó a fortalecer el multilateralismo, el Derecho Internacional y el papel central de la Organización en la preservación de la paz y la seguridad internacionales.

En su intervención, reconoció el liderazgo de China en la convocatoria del debate y vinculó la defensa del orden internacional con la necesidad de enfrentar conflictos y amenazas que afectan la estabilidad global. 

En su discurso, el Canciller denunció la política de Estados Unidos hacia Cuba, a la que calificó como una violación del Derecho Internacional y una amenaza para la paz regional. Rodríguez Parrilla rechazó la instrucción de cargos contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, considerándola una decisión políticamente motivada, y alertó sobre su posible utilización como pretexto para justificar una agresión militar contra la Isla. Asimismo, señaló que el cerco energético y el endurecimiento del bloqueo tienen graves consecuencias humanitarias para la población cubana.

El titular de la diplomacia cubana reiteró que Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos y reafirmó la disposición del país al diálogo bilateral sobre temas de interés común, siempre sobre la base del respeto a la soberanía y la no injerencia. Finalmente, llamó a la comunidad internacional, a América Latina y el Caribe, al Sur Global, al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General de la ONU a actuar para impedir una catástrofe humanitaria o una agresión militar contra Cuba.

Intervención del ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla en el debate abierto del Consejo de Seguridad sobre «La defensa de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y el fortalecimiento del sistema internacional centrado en la ONU», Nueva York, 26 de mayo de 2026.

Señor presidente, distinguidos representantes permanentes:

Valoramos altamente el liderazgo de la República Popular China en la defensa de la paz y la seguridad internacionales, la observancia del Derecho Internacional; la preservación, fortalecimiento y reforma apropiada de la Organización de las Naciones Unidas, en particular la democratización, transparencia y eficacia del Consejo de Seguridad y el empoderamiento de la Asamblea General; así como en la construcción de un orden internacional multilateral, basado en la igualdad soberana, justo y democrático.

Prueba de ello son las iniciativas globales promovidas por el presidente Xi Jinping, que apoyamos, para enfrentar los desafíos actuales mediante una genuina cooperación multilateral. La convocatoria de este debate abierto también lo evidencia.

El 26 de septiembre de 1960 en la Asamblea General de la ONU el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz señaló: "¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!" Lo recordamos vivamente en el año de su centenario.

Señor presidente:

¿Cómo referirse a la defensa del papel central de las Naciones Unidas, a la promoción de la paz y el desarrollo, a la salvaguardia del orden internacional sustentado en el Derecho Internacional y las normas básicas en las relaciones internacionales, a fin de evitar nuevos conflictos, donde los fuertes se imponen sobre los débiles; sin mencionar el genocidio contra Palestina o la agresión imperialista contra la República Islámica de Irán y la guerra en el Medio Oriente?

El gobierno de los Estados Unidos, en los hechos, está en una posición de quebrantamiento de la paz y la seguridad internacionales y de violación del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario respecto a la República de Cuba.

La instrucción de cargos penales contra el líder de la Revolución cubana, General de Ejército Raúl Castro Ruz es un acto moralmente infame, y legalmente arbitrario por abuso de la jurisdicción de las Cortes estadounidenses, por la manipulación del lugar del derribo de los aviones ocurrido en el espacio aéreo y marítimo del territorio cubano; por las misiones terroristas e ilegales que cumplieron estos frecuentemente, en violación de leyes estadounidenses, por la impunidad y complicidad de autoridades de ese país y por desconocer el derecho a la legítima defensa de los Estados.

Es una decisión políticamente motivada, fraudulenta y dirigida a engañar a los ciudadanos estadounidenses y extranjeros, 30 años después de los acontecimientos, con el vil propósito de que apoyen una aventura militar contra Cuba para conseguir un «cambio de régimen» o una «construcción de nación», como le llaman eufemísticamente ahora.

El cerco petrolero o energético que Estados Unidos aplica a Cuba, equivale por sus efectos a un bloqueo naval, que es un acto de guerra y de genocidio que somete a la población cubana a condiciones que amenazan su integridad y existencia y constituye un cruel e indiscriminado «castigo colectivo» que hoy provoca muertes, como refleja la duplicación de la tasa de mortalidad infantil, de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos o la reducción de la expectativa de viva de niños enfermos de cáncer de un 85 a un 65%.

Una agresión militar provocaría un baño de sangre. Morirían miles de cubanos defendiendo la Patria y valores y razones sagradas, y perecerían también jóvenes estadounidenses, sin causa ni ideal que defender, arrastrados a la violencia por una política imperialista, neofascista; de dominación, saqueo y conquista.

Me dirijo, en especial, a los ciudadanos estadounidenses, especialmente a sus jóvenes, y apelo a sus valores humanos, sus sentimientos pacifistas y nobles y les pido que busquen la verdad y no permitan se les engañe ni manipule por una camarilla elitista, corrompida y poderosa de Miami, no representativa del pueblo estadounidense ni de los cubanos residentes en este país, quienes se oponen mayoritariamente a la barbarie de la guerra y del bloqueo energético.

El Presidente que diera esa orden de ataque militar, el Secretario de Estado y de Guerra que lo instigan a hacerlo, pasarían a la historia como criminales de guerra, autores directos de crímenes de lesa humanidad. No puede esgrimirse justificación alguna para una agresión ni actos inhumanos coercitivos y semejantes a aquella por su impacto humanitario. ¡Dejen a Cuba vivir en paz!

Durante más de seis décadas, el gobierno estadounidense ha fabricado pretextos para intentar justificar su conducta criminal.

Ha utilizado el absurdo argumento de presentar a la pequeña pero simbólica isla como una supuesta amenaza a la seguridad nacional de la superpotencia nuclear, idea que desafía la lógica y el sentido común, además de descansar en afirmaciones e insinuaciones totalmente mendaces.

Como ha reiterado el presidente Miguel Díaz-Canel, Cuba no es ni puede ser una amenaza. No es un enemigo de Estados Unidos ni quiere serlo, pese a significativas diferencias con su gobierno. Cuba tiene profundos y fraternos vínculos con el pueblo y la cultura estadounidenses. Continuaremos recibiendo con calidez y hospitalidad a los viajeros estadounidenses, aunque su gobierno restrinja sus libertades; y a sus empresarios y compañías con proyectos competitivos para que participen, sin discriminación alguna, en nuestro desarrollo económico, aunque el bloqueo lo obstaculice.

Sin embargo, ahora una plutocracia corrupta e inmoral esgrime la leyenda de la incompetencia y supuesta corrupción de nuestro gobierno y el supuesto peligro de «crisis humanitaria» como justificación de una intervención extranjera. Lo dice, cínicamente, el propio verdugo que de manera fría, malvada y deliberada provoca con sus acciones efectos devastadores, como los que ocasionarían en cualquier país del mundo, con independencia de su potencial económico, su nivel de desarrollo o la naturaleza de su sistema político.

Pese a la falta de progresos y de buena voluntad,  a la falta de seriedad y coherencia de la parte estadounidense, seguimos dispuestos a continuar conversaciones; tratar los problemas bilaterales, sin injerencia en nuestros asuntos internos, ni en nuestro sistema político, ni en nuestras elecciones; y buscar formas de comportamiento civilizado y cooperación multifacética, en particular en materia de terrorismo, narcotráfico, crimen trasnacional organizado, migración regular y segura, trata de personas, compensaciones económicas mutuas y otras.

Se trata de una agresión unilateral sin precedentes y sin justificación alguna.  Mediante la intimidación y las sanciones «secundarias», aplicables a terceros, el gobierno de Estados Unidos pretende obligar a todos los Estados a participar, en contra de su voluntad, en sus políticas atroces contra Cuba, lo que no ocurrirá.

Pido a la comunidad internacional que se movilice para impedir una catástrofe humanitaria que pueda imponerse, ya por la vía de las armas o por la vía del cerco energético y el endurecimiento extremo del bloqueo que también matan y provocan sufrimiento.

Pido a la América Latina y el Caribe que actúe para preservar su condición de Zona de Paz y evite consecuencias adversas que desestabilizarían la región.

Es hora de que una amplia articulación internacional, por encima de diferencias políticas, enfoques ideológicos, diferendos históricos, ponga límite e impida los desmanes que amenazan y dañan los intereses nacionales, los pueblos y las prerrogativas soberanas de todos los Estados.

El Sur Global debería luchar por ello y protegerse colectivamente de cualquier represalia, en la voz y la acción colectivas y en la cooperación mutua. Pido  humildemente: ha llegado la hora de la solidaridad con Cuba que siempre lo ha sido con todos, sin nunca haberse detenido en riesgos, a veces mortales; ni en intereses ni escasez material.

No encuentro la manera de referirme a la defensa del papel central de las Naciones Unidas y a la promoción de la Paz y el Desarrollo y a la responsabilidad primordial del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la Paz y la Seguridad Internacionales y su contribución al diálogo y la promoción de soluciones políticas; sin pedir a este Consejo de Seguridad que, con realismo, al menos intente cumplir su primario y supremo mandato respecto a la amenaza militar y el bloqueo energético contra Cuba; ni puedo abstenerme de alentar a la Asamblea General de Naciones Unidas a que, en cualquier caso, use con determinación sus amplios y decisivos poderes, su autoridad moral, legal y democrática que le confirieron los pueblos, en la situación de Cuba.

Nadie dude, que llegados a un momento que esperamos nunca ocurra, el pueblo de Cuba combatirá hasta las últimas consecuencias.

Patria o muerte, ¡venceremos!

Muchas gracias.

(Cubaminrex)

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