La más reciente producción del Teatro Lírico Nacional mereció mejor suerte. La mandrágola liberata (La mandrágora liberada), del compositor serbio Iván Jevtic, subió a la escena de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, como una bocanada de aire fresco no muy bien respirada por los aficionados al género, demasiado apegados a rutinas y convenciones.
Y eso que se trataba de una ópera bufa, de trama divertida, basada en el argumento de La mandrágora (1518), comedia del florentino Nicolás Maquiavelo (1469–1527) en la cual un hombre de regreso a la ciudad y obsesionado por lo que le han dicho de la belleza de Isabella, casada con un anciano, se propone conquistarla mediante un ardid y la complicidad de su amigo Ligurio, un fraile y la madre de la muchacha. Como quiera que Maquiavelo se destacó como consejero y diplomático en una época convulsa, y escribió en 1513 el tratado de teoría política El Príncipe, donde todo apunta a que el fin justifica los medios, se ha querido ver en La mandrágora una metáfora sobre la intriga, la manipulación, la persuasión y la conquista de una meta.
Fuerte resultó la apuesta de la compañía cubana, al implicar en el proyecto a un director escénico sumamente experimentado y capaz, Juan R. Amán; al laureado diseñador Carlos Repilado, y a la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de su titular, Enrique Pérez Mesa.
Amán enfatizó los rasgos satíricos de los personajes, exigió convicción y entrega al elenco y racionalizó con tino el espacio de representación; la escenografía, mínima, dio una adecuada nota ambiental sugerida, y la orquesta registró una ejecución balanceada en fluidez y densidad sonora de una partitura demandante.
Pero el material de Jevtic no es de fácil asimilación para ciertos espíritus. En lugar de arias propiamente dichas, la ópera transcurre sustentada en recurrencias temáticas, que de modo inteligente y sutil reciclan los estilos al uso en la época renacentista en su tránsito hacia la escuela barroca italiana. Al final se hace explícita esta sintonía, cuando se escuchan a la manera que hoy llamaríamos remix, pasajes de Las estaciones, de Vivaldi, en una sucesión escénica desde el punto de vista dramatúrgico gratuita y forzada. La obra debió terminar con la consumación del engaño del marido y la preñez de la dama.
Lo más llamativo por parte de los cantantes provino de la participación del barítono holguinero Alfredo Mas López y el bajo Marcos Lima, quienes articularon la línea vocal y el despliegue histriónico con mayor fortuna que el resto del elenco.
Jevtic estrenó la primera versión de la obra en Belgrado en el 2009. Existen otros valiosos antecedentes operáticos de la apropiación del argumento de Maquiavelo; tales los casos del polaco-alemán Ignatz Waghalter en 1914 y el italiano Mario Castelnuovo-Tedesco en 1923.











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