
El arte y la literatura desbordan las máscaras de sus autores.
Máscaras que convierten a los personajes en álter ego, o se sirven de ellos para expresar lo que de una manera directa, y públicamente asumida, no resulta recomendable.
Después vendrán los críticos, y los públicos, con sus escalpelos correspondientes, a desentrañar dónde comienza la ficción, o termina la realidad de lo visto o leído.
Caso reciente, y sonado, ha sido el filme Carol (Todd Haynes) con actuaciones excepcionales de Cate Blanchett y Rooney Mara, una historia de amor lésbico transcurriendo en el Nueva York de los años 50, filme intimista, centrado en los detalles y con una delicadeza expositiva en estado de gracia.
Muchos lo daban como favorito a ganar varios Oscar, pero otra vez la Academia le pasó la cuenta a un tema homosexual, tal como lo hizo cuando premió a la mediocre Crash, en lugar de Brokeback Mountain.
El argumento de Carol es la historia de una máscara.
A principios de los años 50, la autora de temas policíacos de corte psicológico, la talentosa Patricia Highsmith, escribió una novela titulada El precio de la sal, cuyo inicio se inspiraba en un hecho que le había ocurrido a ella misma cuando trabajaba en una tienda de Nueva York y una distinguida señora se acercó a su mostrador interesada en comprar un juguete. Un episodio que, según dijo a sus editores en aquel momento, le hizo imaginar una historia de amor marcada por la obsesión y que ponía de manifiesto las diferencias de clases sociales a las que respondían ambas mujeres.

Por supuesto que en los años que corrían el libro fue rechazado por sus editores —interesados en encasillarla como autora policiaca—, así que terminó publicándose en otra editorial bajo el seudónimo de Claire Morgan. La novela vendió casi un millón de ejemplares y ha pasado a la posteridad por ser la primera en abordar el amor homosexual sin un desenlace trágico, ya que otras novelas y cuentos de la época, y todavía mucho tiempo después, debían tener cierres “moralmente correctos”, en que los supuestos transgresores pagaban “su atrevimiento” con las muertes más terribles, o cualquier otra desgracia aleccionadora.
Eran los años 50 en Nueva York, con el senador McCarthy asegurando que comunistas y homosexuales preparaban una conspiración contra el gobierno, y con las relaciones lésbicas consideradas una inmoralidad y una enfermedad, tabúes de los que no escapaba la novelista, ya que ella misma, preocupada, confundida, sin saber qué hacer con su identidad sexual, había estado acudiendo a un psicoanalista.
Casi 40 años después, en 1989, a los 68 años de edad, cuando pocos se acordaban del libro, Patricia Highsmith volvió a publicarlo, firmado, ahora sí, con su nombre y bajo el título de Carol, el mismo de la película, Y le redactó un prólogo en primera persona en el que explicaba que Carol, más que un argumento de ficción, había sido una máscara detrás de la cual latía un drama verdadero vivido por ella misma.











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Amado dijo:
1
8 de abril de 2016
09:02:01
Habanera dijo:
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8 de abril de 2016
09:08:22
Lee dijo:
3
8 de abril de 2016
11:03:40
rolando pérez betancourt dijo:
4
8 de abril de 2016
16:18:13
Almir M. dijo:
5
29 de abril de 2016
15:10:39
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