ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Si se le pidiera a una audiencia citar una excelente película sobre la mafia, una buena parte respondería: El padrino.

Más allá de que la película de Cop­pola (1972) se ha convertido en un mito que involucra no pocos factores, su éxito rotundo radica en el tratamiento del tema, porque mu­chas otras hay en el género que, siendo bue­nas, pasaron a la posterioridad sin el cuño acreditativo de la primera.

El amor, la traición, el paso de la juventud, el poder, la sexualidad,  la vejez y así una larga lista de asuntos de interés, encontraron en las pantallas transposiciones realizadas con diferentes destrezas según la mano ejecutora.

Temas mil veces repetidos y, sin embargo, volviendo a tentar el interés (y la capacidad) de los que llegan con sus nuevas visiones.
Algo parecido sucede con los gé­neros.

Machucado hasta el cansancio en sus repetidas fórmulas (tanto que ni siquiera el cine más comercial cree en ellas), el western es una rara avis en los estudios norteamericanos, y quien llegue a una casa productora con un guion ubicado en el lejano oeste, sabe que, al menos en apariencia, debe resultar ¡único! en su género.

Los temas nunca se vacían, pero hay realizadores que tratando de exprimirlos y de decirlo “todo” en una sola película se pueden quedar sin el tema.
Una vieja expresión lo recuerda: “El que mu­cho abarca, poco aprieta”.

Lo cual no quita para que lúcidos talentos renuncien a la realización de una de esas pocas películas totalizadoras que una vez hicieron épo­ca.

Si bien el recién concluido Fes­tival del Nuevo Cine Latino­ame­ricano permitió apreciar en los largometrajes cubanos una variedad de temas asumidos desde diferentes ópticas, estilos narrativos y calidades, no es menos cierto que en tiempos recientes el recurrente “tema cubano” (con sus honrosas ex­cep­cio­nes) acudió a visiones reiterativas que, no por “el decir”, suplieron las insustituibles funciones de la complejidad y el vuelo creativo.

Viendo algunas buenas películas latinoamericanas se comprueba no solo que poseen esos dones, sino que los perfilan, al punto de que, como nunca antes, la presencia de ese cine se ha hecho cotidiana en prestigiosos festivales internacionales, donde no es extraño que se alcen con importantes galardones.
Nuestros temas —como todos los otros acumulados por el cine— siguen estando ahí.

El reto radicaría entonces no en ganar premios (que si bien otorgan rango, pueden ser discutibles) sino en la capacidad de nuestros creadores para trascender artísticamente con esos temas.

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Aquiles Baeza dijo:

1

27 de diciembre de 2015

00:03:58


Amigo, este artículo no dice absolutamente nada. Lo podía haber dejado en el título y la primera oración, fuera de eso es un vacío total... y yo leyendo porque creía que iba a ser algo profundo ¿qué hago con este tiempo que he perdido? trate de devolvérmelo en la próxima entrega, por favor.

Horacio dijo:

2

28 de diciembre de 2015

12:10:39


Pienso todo lo contrario al lector Baeza. Aquí se dicen y se sugieren muchas más cosas de las que él se imagina. Entre ellas que el cine cubano debe comenzar a trascender no por lo que plantea el tema como dice rolando sino por la manera en que lo hace. Más claro ni el agua. El tiempo lo perdí yo leyendo lo que dice el señor Baeza y que conste que no siempre estoy de acuerdo en lo que dice el crítico Horacio