
Premio del jurado y de los espectadores en el Festival de Sundance, y premio del público en Berlín, La segunda madre (Anna Muylaert, Brasil, 2015) tiene la facultad de seducir por igual a tirios y troyanos con una historia que, en un primer momento, hace pensar en un conflicto varias veces contado por las peores telenovelas del continente: sirvienta de casa rica, con más de diez años sin ver a su hija, se la lleva a vivir con ella bajo el consentimiento de los señores de la casa.
Asunto de ricos y pobres que un cine fácil y costumbrista llenó de fórmulas llorosas, y que la directora reaviva mediante un talento innegable para pegarnos en las butacas y disfrutar de cada escena, al tiempo que se acrecienta el interés por lo que vendrá, una imantación de aliento creativo buscada por muchos y lograda por pocos.
Se trata del cliché en apariencia asumido y traspuesto en frescura expositiva.
Cine entretenido y a la vez de altos quilates en sus planteos narrativos y artísticos en general, con la extraordinaria Regina Casé dando vida a la criada entregada por entero a sus señores y a la crianza del hijo de ellos y, de buenas a primera, sorprendida por la personalidad de la hija recién llegada, inteligente y rebelde, y que muy pronto le preguntará a la madre si con tanta sumisión no se siente como una ciudadana de segunda clase.
Tragedia y elementos de la comedia en un solo tiro de dados en el que sobresalen las bien pensadas escenas de tensión, sostenidas por unos diálogos pletóricos de simbolismo.
Choque de dos generaciones en medio de una desigualdad social que se mantiene intacta al paso de los siglos.
Disfrute y lección social llena de matices y sin revuelcos efectistas para ganarse el favor de lo que suele denominarse “el gran público”.
No sería extraño, entonces, que la brasileña La segunda madre, aun con lo mucho bueno en competencia, se alzara con un premio.
Otra buena de Brasil, Para mi amada muerta (Aly Muritiba, 2015) y una más que en su despegue argumental recuerda recursos dramáticos ya vistos, pero pronto superados en este drama íntimo con no poco de suspenso: un hombre pierde a su bella esposa y se queda solo con un hijo pequeño.
Abrumado por los recuerdos, husmea entre los objetos de ella. Así aparecen casetes VHS que mira y vuelve a mirar, hasta que uno de ellos le revela a su mujer desnuda y en el lecho con otro hombre, mientras le reitera al amante que él es lo mejor que le ha pasado.
Derrumbe total para el protagonista y un objetivo supremo: salir a buscar a ese hombre.
Buen tejido dramático y un clima de expectativas que obliga a preguntarse cuál será el objetivo del agraviado al tratar de amigarse con el otro.
Quizá le sobre algo de metraje, pero sin duda es una buena ópera prima.











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