El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana es uno de los eventos de mayor impacto en el público de la capital e incluso de algunas provincias. Es historia conocida las largas filas ante las salas para ver las películas en concurso, tanto las latinoamericanas como las cubanas.
Recuerdo en ya añejos Festivales, cuando el conocido y muy admirado realizador argentino Eliseo Subiela presentaba su Hombre mirando al sudeste y luego El lado oscuro del corazón y confesaba a este semanario que mostrar sus películas en La Habana era un verdadero termómetro sobre si funcionaban o no.
Siendo este un momento singular de la vida cinematográfica del país, con las producciones del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y del llamado cine independiente, ha resultado que la cinematografía cubana está representada con fuerza en el Festival, nada menos que con nueve largometrajes, género donde se toma verdaderamente el pulso a un encuentro de esta categoría.

Roberto Smith, presidente del Icaic, afirmó en encuentro previo al evento de diciembre (3 al 13), que distingue al cine cubano como “un todo mayor y nosotros somos parte de él”, por eso “es una satisfacción, una alegría para nosotros tener tantas películas seleccionadas para el concurso por los premios Coral”.
Resultó una deferencia de Smith que al referirse a la relación de cintas comenzara precisamente por las independientes que tienen “una producción de peso” y a partir de aquí les adelantamos algunas de sus características.
Quizás la más sonada entre las independientes sea El acompañante, dado que se trata de la tercera cinta del director Pavel Giroud (La edad de la peseta y Tres veces dos, estas realizadas con el Icaic).
Según algunas entrevistas dadas por Giroud ha dicho que contó con financiamientos de Francia, Panamá, Venezuela y Cuba, y el papel protagónico lo interpreta el conocido cantante Yotuel Romero, del grupo Orisha.
La síntesis indica que “el argumento se ubica en los primeros tiempos de la enfermedad del SIDA en Cuba, cuando los seropositivos fueron ingresados en el sanatorio especial de Los Cocos, y estos tenían una oportunidad de salir una vez a la semana para ver a sus familiares, parejas o amigos bajo la vigilancia de un "acompañante". Esta labor la realizaban trabajadores de la salud, estudiantes vinculados a las ciencias médicas o gente que iba en busca de ese trabajo por su más que interesante salario”.

Repite con un segundo largometraje el realizador Carlos M. Quintela (ópera prima La Piscina, 2011), con La obra del siglo, estrenada en la 14 Muestra Joven del Icaic.
Al decir de Quintela, su cinta “aborda una confrontación de criterios entre tres generaciones distintas de una familia que habitan en un mismo apartamento. Ambientada en la Ciudad Nuclear en la provincia Cienfuegos. Lugar en que quedó inconclusa la que iba a ser la primera central de energía nuclear del Caribe debido a la desaparición de la URSS”.
Con la actuación de Mario Balmaseda, Mario Guerra, Manuel Porto, Jorge Molina, Leonardo Gascón y Damarys Gutiérrez, el filme ha tenido un amplio recorrido internacional, y ha sido laureado en los festivales de Toulouse, en Francia y Rotterdam, Holanda. Sobre la financiación ha asegurado Quintela: “La Obra del Siglo es cubana, argentina, alemana, suiza y tiene apoyo holandés y noruego”.
Tres jóvenes presentan su ópera prima en largo de ficción: Jessica Rodríguez con Espejuelos oscuros: Fabián Suárez, con Caballos, y Rigoberto Jiménez con Café amargo, que entre otras virtudes cuenta con música del maestro Juan Piñera. Para filmarla el realizador dijo haber contado con “el apoyo de TV Serrana, la EICTV, el Centro Martín Luther King, Fundación Ludwig y muchos otros, pero sin la ayuda del ICAIC, no hubiera sido posible llegar al final, fue el ICAIC el último impulso y le estamos muy agradecidos”.
Al dar a conocer las cintas producidas por el Icaic que entran en el concurso oficial del 37 Festival de Cine de La Habana, Roberto Smith puso especial énfasis en las que aun no ha sido estrenadas, Bailando con Margot, primer largometraje de ficción dirigido por Arturo Santana, y La cosa humana, del ya reconocido realizador Gerardo Chijona.
Bailando con Margot, una coproducción con Venezuela, está interpretada por la conocida actriz Mirta Ibarra a quien acompañan Yenisse Soria, Edwin Fernández, Niusbel Ventura y Jorge Caballero, y su trama comienza “El 31 de diciembre de 1958 cuando un detective investiga el robo de un cuadro en la casa de una adinerada viuda habanera. La relación entre ambos, entre pesquisas y danzones, descubre la historia de la casa y la familia. La entrada de los barbudos a La Habana cambia el sentido de las cosas”.

La cosa humana es otra comedia de Gerardo Chijona, quien ha legado una cinta emblemática para el cine cubano, Adorables mentiras. Con tantas disquisiciones y diálogos sobre filmar con el Icaic o independiente, Chijona comentó, en el Centro Fresa y Chocolate, para estas páginas: “Nací y me formé en el Icaic. Es mi segunda casa y tengo un sentido de pertenencia. Cuando te formas en la industria es una familia. Antes de dirigir había que hacer de todo y aprendí mucho, esa fue mi escuela. Aquí nadie pregunta cuanto va a cobrar, están por el proyecto, yo protejo mucho a mi staff y los actores, sin ellos no hay película”.
—¿Y qué distingue a La cosa humana en el corpus de su cinematografía?
—“Esta lo que tiene distinto son todos los guiños a historias conocidas como El padrinoo Los Sopranos y un tributo al modo de hacer de figuras de la cinematografía como los hermanos Coen y Woody Allen. La historia está contada a partir de referentes cinematográficos, desde el primero al último plano y algunos literarios también. Aunque es Cuba en la actualidad es una historia atípica con personajes atípicos. Apuesta a un humor mucho mas refinado, mas sofisticado, mas intelectual. La interrogación ahora es ver si funciona o no”.
Para esta comedia “contenida, irónica” Chijona llamó a actores conocidos: Enrique Molina, Héctor Medina, Vladimir Cruz, Carlos Enrique Almirante y Mario Guerra. La cosa humana es una coproducción SONTRAC.E.I.R.L (PERU), con el apoyo del programa IBERMEDIA.
Las otras dos películas que competirán por Cuba a los premios Coral son Cuba Libre de Jorge Luis Sánchez (producida con el Fondo Cubano de Bienes Culturales) y Vuelos prohibidos de Rigoberto López (en colaboración con el Ministerio de Cultura de Cuba y FUNGLODE de República Dominicana), ambas ya estrenadas y comentadas en su momento en estas mismas páginas culturales.
A pesar de que la documentalística cubana ha tenido etapas de oro y ha sido refugio de muchos realizadores, solamente dos materiales cubanos, ambos del Icaic, fueron aceptados por el Comité de Selección del Festival: Últimos días de una casa y Una luz de inteligencia y amor.
Una luz…del director Regino Oliver es “un documental de largometraje, que narra cronológicamenteaspectos significativos de la actividad profesional del destacado Productor del cine cubano Humberto Hernández Rodríguez , Premio Nacional de cine 2015 “.
La documentalista Lourdes de los Santos clasificó para la competencia con su ya estrenado Últimos días de una casa, un material de 14 minutos, con guión a cuatro manos de la directora y Cary Cruz y para utilizar un término futbolistico, un gol con la fotografía de Ivan Nápoles y la música de la recién fallecida Lucía Huergo.
—¿Qué distingue Últimos días…de tu obra anterior?
—“Siempre trato sobre personajes, musica, danza, pero nunca me había propuesto hacer un documental sobre una casa. Es una casa de mucho misterio y quería develarlos para que se sepa que había en ese lugar. Tenemos que reflexionar sobre la importancia de salvar el patrimonio, obra de todos los que vivimos en la ciudad. Tomar conciencia del entorno en que vivimos. Incluyo mucho material de archivo, por ejemplo una entrevista que hizo Vicente González Castro a Dulce María Loynaz donde ella habla de esa casa. Lo fundamental está en las imágenes y la poesía que se desprende de ese lugar”.
Aunque durante un tiempo los animados no ocupaban lugar relevante en el Festival debido a la poca producción en la región, esa situación ha cambiando en los últimos años. Cuba, por ejemplo, apuntó Esther Hirzel, directora de los Estudios de Animación Icaic ha estrenado 28 materiales hasta el pasado agosto y presentará otros 20 y dos nuevos video-juegos para diciembre.
En el Festival compiten con Xip Zerep contra los vampiros lácteos, argumento, guión y dirección de Juan Padrón; Las aventuras de Juan Quin Quin, dirigida por Alexander Rodríguez y basada en la obra del escritor cubano Samuel Feijoo, y El camarón encantado, dirigido por Adrián López Morín.
La cinematografía cubana está representada con fuerza en el 37 Festival (3 al 13 del cercano diciembre) con nueve películas, producidas por el Icaic o de manera independiente.
La carrera por los Coral nunca es sencilla, siempre existen, encuentros y desencuentros entre jurados, críticos y espectadores, a los que se suma que en América Latina hay producciones de alta calidad y este año vuelven cintas de las grandes cinematografías regionales, como Argentina, Brasil y México que llegan precedidas de numerosos premios en otros festivales.
Lo más relevante, el Festival lleva las películas latinoamericanas, cubanas, a la gran pantalla, y en La Habana encuentran un público decididamente entusiasta y extrovertido. ¿El concurso? Bien para cualquier currículum, pero los cineastas, lo dijo Subiela, encuentran aquí el termómetro verdadero para sus filmes. ¿Funciona, no funciona?











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