
La batalla por Sebastopol (Serguei Mokritskiy, 2015) deja inaugurada la Semana de cine ruso en La Habana, y el espectador tiene la oportunidad de apreciar el último filme bélico concebido por la cinematografía rusa (en coproducción con la ucraniana) como celebración del aniversario 70 de la victoria sobre el fascismo.
Un propósito, el del cine ruso —y otras naciones que integraron la Unión Soviética— de rendir homenaje a unos hechos históricos y a sus héroes, y de recordarles a las nuevas generaciones que el más soleado de los días puede teñirse de horror y muerte con solo creerse unos hombres superiores a otros, en este caso representados ellos por aquellos nazis que una vez pensaron podían dominar a la raza humana, viejo sueño de conquistas absolutas que desde que el mundo es mundo no ha dejado de ser una tentación con finales siempre sangrientos.
De esos filmes ya han sido vistos en el país algunos buenos títulos, e igualmente dos espectaculares producciones, La fortaleza de Brest (Alexander Kott, 2010), y Stalingrado (Fedor Bondarchuk, 2014).
También La batalla por Sebastopol se inscribe en el acápite de las fastuosas reconstrucciones de época y la hábil utilización de los efectos especiales, y al respecto bastaría señalar la batalla naval y aérea que durante varios minutos se recrea en el filme con emoción y una técnica visual impresionante.
Pero si en La fortaleza de Brest y en Stalingrado los hechos reales eran representados de manera coral por varios protagonistas concebidos desde la ficción, La batalla por Sebastopol se centra en la figura de Lyudmila Pavlichenko, una joven francotiradora varias veces condecorada y Heroína de la Unión Soviética por haber dado muerte a 309 soldados nazis, de ellos 257 en la defensa de Sebastopol, entre 1941 y 1942. (Cifras debidamente autentificadas y en las que aparecen 36 francotiradores enemigos, incluyendo una “estrella” del nazismo, a quien se le encontró en una libreta de apuntes la relación de cerca de 200 soldados soviéticos eliminados).
El filme abarca desde la juventud de la muchacha (estudiante de Historia) y su incorporación al Ejército Rojo, hasta el reencuentro en Moscú, en 1957, con Eleanor Roosevelt, a quien había conocido como primera dama de los Estados Unidos, en 1942, cuando luego de ser herida por un mortero, la Pavlichenko viajó a Washington como parte de una delegación estudiantil.
La francotiradora se convirtió entonces en el primer ciudadano soviético recibido en la Casa Blanca por el presidente Roosevelt y su esposa, y el realizador aprovecha la empatía surgida entre ambas mujeres para dividir la historia, fundamentalmente, en dos tiempos, y ahondar en la personalidad de un carácter femenino endurecido en los horrores de la guerra y matizado por las relaciones con los hombres a los que amó.
La batalla por Sebastopol resalta el heroísmo de aquellos hombres y mujeres que cerraron filas frente a la agresión hitleriana, pero no pierde la ocasión para deslizar pespuntes críticos acerca de ciertos comportamientos discutibles de la época, algunos de los cuales —y tal es el propósito del director— provocan sonrisas al cabo del tiempo.
Lyudmila Pavlichenko estuvo entre las 500 sobrevivientes de un batallón de 2 000 mujeres francotiradoras soviéticas y falleció en Moscú, en 1974, a la edad de 58 años.











COMENTAR
rudisnel nuñez mora dijo:
1
21 de septiembre de 2015
11:36:48
fernando baez moabal dijo:
2
21 de septiembre de 2015
14:13:32
JOSÉ M.GOMEZ DUARTE dijo:
3
21 de septiembre de 2015
14:52:11
Karel dijo:
4
27 de septiembre de 2015
11:56:17
Responder comentario