ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

 

La muerte del cisne convirtió a Anna Pavlova en mito de la danza universal. Foto: Cortesía Museo de la Danza

Nadie puede llegar a la cima armado solo de talento. Dios da el talento, el trabajo transforma el talento en genio.

                                                                                                                                                       (Anna Pavlova)

 La historia de la danza en Cuba posee el privilegio de contar en sus páginas con la presencia de la legendaria ballerina rusa Anna Pavlova (San Petersburgo, 1882 - La Haya, 1931) quien llegó por primera vez a la isla el 12 de marzo 1915.

Su debut, en el teatro Payret de La Habana, fue el 13 de marzo, con un repertorio que incluyó los ballets Amarilla (música Chaikovski); La noche de Walpurgis (bailable de la ópera Fausto, de Gounod) y, entre las propuestas como “diversiones”, La muerte del cisne (coreografía de Mijail Fokine, música de El Cisne del Carnaval de los animales, del compositor francés, Camille Saint-Saëns).

Al cumplirse cien años de ese acontecimiento, el Museo de la Danza, en su sede de la calle G y Línea, en El Vedado, inauguró una exposición dedicada a la insigne artista rusa.

Su director, Pedro Simón, tuvo la gentileza de recorrer la muestra y explicar sus piezas más relevantes así como ofrecer valiosos comentarios acerca de la legendaria ballerina para esta publicación.

Recordó ante todo que Pavlova estuvo tres veces en Cuba: la primera la ya mencionada en 1915, junto a su partenaire Alexander Volinine; una nueva temporada en La Habana en febrero de 1917, presentándose en esta ocasión en el Teatro Nacional, en Giselle, Coppelia, y algunas piezas breves, y volvió a la isla en diciembre de 1918, siendo su última presentación el 11 de enero de 1919, en que de nuevo interpretó los bailables de la ópera Fausto de Gounod, (el vals del segundo acto y La noche de Walpurgis).

   La primera visita es la que estamos celebrando, en la que por cierto, Pavlova también bailó en el teatro Sauto, de Matanzas y el Terry, de Cienfuegos, era una andarina tremenda, precisó Simón.

   “Aquí en el Museo para suerte nuestra tenemos muchas piezas referidas a Pavlova y una cantidad importante de originales”.

   El recorrido comenzó por una curiosidad, y es una fotocopia. “Pavlova viajaba con una costurera muy allegada a ella, era la que la vestía, y esta señorita concibió un amor desbordante por un electricista del teatro hasta tal punto que se quedó aquí y se casó con él. Pavlova sostuvo una correspondencia con ella durante mucho tiempo. Esta señora murió aquí en un asilo de ancianos. Los rusos dieron con la viejita antes que nosotros y le compraron todas las cartas y se la llevaron a Moscú. Esta es una fotocopia de una foto que Pavlova le mandó y salió en un reportaje en la revista Cuba”.

   Esta escultura —informó Simón— es de Malvina Hoffman (Nueva York, 1887 –1966) quien las hacía de tamaño natural y le encargaron para los Jardines de Luxemburgode Paris una de Pavolova en movimiento. De la maqueta ella hizo seis o siete copias y esta es una de ella. Es Pavlova con Mordkin en Bacanal, mira que bien captó el movimiento.

   De acuerdo al investigador Francisco Rey, “la Pavlova, hospedada en el hotel Telégrafo…empleaba el tiempo libre en hacer vida social… De ello dan fe las fotos que les dedicó a varias personalidades…”

   El Museo de la Danza —apuntó Simón— tiene tres fotos de Pavlova autografiadas en Cuba, y las estamos exhibiendo, una a madame Cosme de la Torriente, a Conchita Valdivia, y al luego importante periodista Luis Gómez Wanguemert, quien ya viejecito se la mandó a (la prima ballerina) Alicia (Alonso).

La exposición incluye copias de fotos personales y en algunos de los personajes de la gran artista rusa y dos óleos, uno donado por el Museo Nacional de Bellas Artes.

También pueden apreciarse tarjetas, programas de presentaciones de Pavlova en América Latina, y en Cuba, y sellos de correo. “Hay uno en homenaje a Fokin, como Pavlova bailaba La muerte del cisne, se hizo con su imagen. En la cancelación estaban (Galina) Ulanova y Alicia y tiene el autógrafo de ambas, y este año se añadió otro por el centenario de Pavlova en Cuba.

   Te muestro una curiosidad histórica: Pavlova y Lecuona se conocieron, y quedaron fascinados, ella por su musica y él por ella. Lecuona le compuso el Vals de la mariposa y según testimonió, y yo tengo la entrevista original, en una fiesta que dieron en su honor y a la que Pavlova asistió, él tocó el Vals y ella lo bailó de improviso. Cuando después Lecuona hizo la primera edición impresa de la pieza expuso en la portada esta foto que Pavlova le dedicara. Esta es una reproducción. Alicia en su coreografía Retrato de un vals, utilizó esa obra de Lecuona, que era un poco desconocida”.

   ¿Cómo sitúa a Pavlova en el panorama de la danza mundial? “Es uno de los grandes mitos de la historia de la danza, y los mitos son necesarios. Cada cierto tiempo hace falta un mito para revitalizarla. (José) Lezama (Lima) le daba mucha importancia a los mitos, porque decía son fuerzas que ayudan al avance y se disgustaba cuando alguien decía querer romper un mito. Afirmaba Lezama que los mitos no se rompen, se alimentan”.

   Ella es importante además —precisó Simón— porque inspiró a toda una generación y extendió su amor hacia el ballet por todo el mundo. Lo mismo pasa hoy con Alicia, su figura es esencial para muchas bailarinas. Pavlova fue una bailarina que debe haber tenido algo muy especial, que a veces no descubrimos viendo una peliculita mal filmada. Es un fenómeno que se producía cuando ella estaba en el escenario. Un fenómeno de relación con el público”.

   Para la historia de la danza en Cuba su presencia es relevante…

“Nosotros tenemos dos símbolos de la historia de la danza antes del Ballet Nacional de Cuba, que fueron la austríaca Fanny Essler, una de las grandes bailarinas del romanticismo, y en el siglo 20, Anna Pavlova. Las dos estuvieron en Cuba. Luego vendría el mito Alicia alonso, quien da origen a una escuela de ballet y una compañía”.

   ¿La muerte del cisne? “Es su gran leyenda. La idea original es de Pavlova. Descubrió un poema que habla de un cisne moribundo, y empieza a concebirlo y habla con Fokin, y él lo trabaja para ella. Es su número más famoso, la llevaría a la gloria”.

   “¿Otros Cisnes? “Para Fokin más que un cisne era un alma que quería morir. Ulanova lo bailó, lo hizo más esencial, de Plisestkaia fue famoso el movimiento de los brazos. Alicia bailó poco La muerte del cisne, en el espíritu de Fokin. Se mantiene en el repertorio de la compañía. En el pasado lo bailó mucho Josefina (Méndez) y ahora Viengsay (Valdés) y ya Sadaise (Arencibia) lo tiene montado”.

   Pavlova es un nombre que deriva en adjetivo, “es una pavlova”. Así lo utilizó el poeta estadounidense Ezra Pound: “El alba penetra de puntillas como una pávlova aureolada”.

La gran ballerina creo además su propia compañía que mantuvo durante 15 años, durante los cuales ofreció más de 4.000 representaciones por todos los continentes. Ella fue siempre fiel a su filosofía: tenía un talento natural, el cual, con su trabajo constante, la transformó en una de las más excelsas figuras de la danza universal.

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