ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Que alguien se haya propuesto mantener en alto el estandarte de la orquesta Riverside, no implica an­clarse en el pasado. El concierto ofrecido por la renacida agrupación el pasado fin de semana en el teatro Miramar distó tanto de ser una operación de arqueología musical como la reedición de la llamada onda retro con que suelen promoverse los espacios que enaltecen la no sé por qué denominada “década prodigiosa” o las gustadas “discotembas”.

El argumento del actual director de la Riverside, el maestro Raúl Na­cian­ceno, es bien diferente: “No so­mos la mejor orquesta del mundo, pero recibimos el legado de intérpretes que por años interpretaron la mejor música cubana, una música que no se ciñe a una época ni a una moda, una música que habla de lo que somos y de lo que tendremos que ser”.

De los fundadores de 1938 —siempre en el recuerdo su primer líder, el maestro Enrique González Mántici, quien hizo carrera como director sinfónico y compuso páginas apreciables en la música de concierto— no quedan. Esta de ahora viene a ser como la séptima generación de la Riverside. Nacianceno viene de atrás, de los tempranos 70 y en el perfil con que diseña el sonido de la banda se observa la impronta de los arreglos de Nelson Arocha, de quien se reconoce discípulo. Arocha, a su vez, bebió en las aguas de Pedro Jústiz (Peruchín), figura clave en la definición del estilo.

En el repertorio recorre, de mo­mento, algunos de los principales hitos de un colectivo que se mantuvo en la primera línea de las or­questas de su tipo hacia la medianía del siglo pasado, cuando había que jugársela, entre otras, con las formaciones de Bebo Valdés, del Benny y Casino de la Playa.

Como lo hizo siempre, la cubanía de la Riverside se extiende hacia la caribeñidad, al incluir obras del puertorriqueño Rafael Hernández y los mexicanos María Luisa Landín y, no faltaba más, Gonzalo Curiel, autor del himno de la orquesta, Vereda tropical. Por cierto, nadie pretenda tener ante el micrófono un clon del inolvidable e irrepetible Tito Gómez.

Rafael de Jesús, más cercano a la voz de los soneros de septetos que a la línea de las jazz bands, cumple con discreción su cometido. El otro vocalista, Os­val­do López, se anotó un tanto con su versión de Me recordarás, de Frank Domínguez.

Bien promovida y atendida, esta Riverside, mientras se proponga un equilibrio entre el rescate y la renovación, puede llegar lejos. Le falta todavía cuerpo y estampa. El liderazgo de Nacianceno, asistido por las ejecuciones del pianista David Car­mona y el trompetista Pedro Arre­chea, es un poderoso elemento a te­ner en cuenta.

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Modesto Reyes Canto dijo:

1

12 de abril de 2015

09:07:23


En general, la música cubana es un acorde imprescindible dentro del pentagráma mundial musical. Y esta Riverside, como dice el Maestro Raúl Nacianceno, no será la mejor del mundo, pero con ese repertorio que aquí se menciona, estoy seguro que mala no va ser. y que habrá Riverside para rato y disfrute de bailadores. Saludos: Modesto Reyes Canto.