
Fallecida en el 2014 a los 89 años de edad, Lauren Bacall se caracterizó por ser tan bella y buena actriz como por la firmeza de carácter.
Sus frases célebres suelen ser repetidas en el ámbito del cine porque la mayor parte de ellas encierran una verdad incontestable. Frases tan punzantes como: “En Hollywood, un acuerdo de divorcio justo significa que cada parte consigue el 50 % de publicidad”.
Y tan verídicas como: “Creo que toda tu vida se refleja en tu cara, y eso debería ser un orgullo”.
Necesitó solo una primera película, a los 19 años de edad, para echarse a los espectadores en el bolsillo, Tener o no tener (Howard Hawks, 1944), al lado del que fuera su primer esposo, Humphrey Bogart.
Sale a relucir la Bacall a meses de su muerte porque en Nueva York acaba de celebrarse una subasta internacional con las pertenencias que acumulara en su apartamento del edificio Dakota, en Nueva York, y todo fue vendido.
El “todo fue vendido” lleva implícito que el mito sigue vivo y ello hace que la noticia se expanda por el mundo, porque en realidad no todos los mitos venden y tales subastas vienen a ser algo así como un registro de trascendencias verdaderas, no importa que el medidor sea el dinero.
Cierto es que participar en una de esas subastas resulta privilegio de unos pocos frente a una gran mayoría de admiradores, que se limitará a leer cómo el apartamento del Dakota fue quedando vacío para también ser vendido dentro de unas semanas.
Interesados de 34 países que pugnaron por llevarse lo mismo una silla de estilo, que un cuadro sin mucho valor en el mercado, o un cacharro de cocina. Cualquier objeto que haya estado en manos de “la flaca” (como la llamaba Bogart), o fuera contemplado por ella, adquirió un precio considerable y el dinero irá a parar a mano de sus tres hijos.
Se sabe del hechizo que para muchos significa la contemplación de un objeto histórico, o de valor añadido por haber pertenecido a una figura ilustre, y para ellos existen también, en buena medida, los museos.
Pero hay coleccionistas que quieren más y, teniendo más, buscan llevarse a casa objetos que los vinculen de una manera más directa con las personalidades de sus encantos.
Nada para criticar, aunque si un largo paréntesis para el análisis de esas motivaciones.
El interés por adquirir las pertenencias de la Bacall reafirma que el mito sigue en la pelea pero, a decir verdad, no resulta decisivo para saber que sus películas, La senda tenebrosa, El sueño eterno, Cayo Largo, y otras más —en definitiva lo más importante de esta pequeña historia de subastas— no están en venta y, por calidad propia, se seguirán viendo.











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Sabe quien fue Dorothy Provine? dijo:
1
10 de abril de 2015
11:29:45
Dany Daniel dijo:
2
10 de abril de 2015
16:31:19
Brígida dijo:
3
11 de abril de 2015
09:40:53
Fernando dijo:
4
15 de abril de 2015
00:15:13
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