
Que al crítico y director de programas Guillermo Vilar, Guille (como le dicen sus conocidos), le concedieran el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, fue para muchos una grata noticia; pero que la entrega del reconocimiento se efectuara entre amigos y colegas que a bien estiman su labor periodística, fue un agregado que enardeció al propio galardonado.
En una ceremonia celebrada en el Delirio Habanero, del Teatro Nacional, y en la víspera del Día de la Prensa Cubana, Julián González, ministro de Cultura, otorgó el lauro acreditativo al Guille, en presencia de Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y Ministros, Antonio Guerrero, Héroe de la República de Cuba y de otras personalidades de la cultura cubana.
La periodista Magda Resik, presidente del Jurado, al destacar los motivos que, “de manera unánime”, condujeron a la selección, subrayó la trayectoria del galardonado y destacó el compromiso y dedicación al ejercicio periodístico del también promotor y creador.
“Su modo de ejercer el criterio ha sentado pautas (…) el Guille cree en las vanguardias y es de esos periodistas que andan buscando lo que nadie ve”, aseguró.
Por su parte, en sus palabras de agradecimiento y con “una humildad comprometida”, Vilar dedicó el premio a familiares y amigos y manifestó que prefería compartirlo “con los músicos de los que he escrito y los que me faltan, por ser la inspiración de mi obra”. Igualmente se dirigió a los jóvenes de la profesión a quienes exhortó a “ser apasionados”, especialmente “porque tenemos la obligación de colocar al corazón en nuestras manos, de colocar al corazón en nuestras palabras, de colocar al corazón en nuestra voz. Y para emprender semejante empresa, asuman a Cuba como un infinito discurrir, donde todos somos uno”.
El Guille se despidió con la conocida estrofa de Silvio Rodríguez: ¡Soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día, los muertos de mi felicidad…!











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