A la pelota hay que quererla, solo ella nos regala esas descargas de adrenalina, ese raro nerviosismo que se mezcla con la convicción de darlo todo en el terreno, y que termina con los aficionados eufóricos o decaídos. Pero lo mágico es que a unos y a otros los deja junto a ella todo el día, esperando el amanecer, porque ningún juego se parece a otro.
Así nos pasó con el primer duelo entre Mayabeque e Industriales, serie play off que advertimos como la más reñida de las cuatro de cuartos de final. Eximio pitcheo de los abridores Raymond Figueredo, por los Azules, y Yadián Martínez, por los Huracanes, para recordarnos que lo que se hace sobre la lomita es arte, como el que nos entregó Rafael Perdomo, con un cierre de lujo. Bordaron un bonito desafío cerrado, definido a falta de un out, por el doble de Yosvani Peñalver.
En San José de las Lajas la afición, pese al clima, llenó las gradas del Nelson Fernández, presidida por un padre orgulloso que le iba a Industriales, pero con su hijo vestido de héroe marrón. Le dijo al colega Guillermo Rodríguez que «la sangre pesa más que el agua». Herón Vega, el actor de un sublime linaje artístico, vio cómo su hijo Xian, al cambiar la música y la batería por el bate, impulsó las dos carreras de Mayabeque, con jonrón y jit.
Ese choque rozó la perfección, pues de los árbitros no se habló, señal de buen trabajo y de excelente beisbol. Pero dejémosle un renglón a la seguridad y certeza de Ariel Díaz detrás de home.
¿Qué podemos decir del otro partido de la jornada, a base de Holguín y Artemisa? Muy sencillo: la defensa y el pitcheo son fundamentos esenciales de la pelota, como siempre nos recuera el profesor José Manuel Cortina; cuando uno de los dos flaquea se pierde la esencia. Falló la holguinera en el sexto, con dos errores, y le empataron el juego; en el séptimo, a Artemisa le pasó lo mismo y le costó las tres decisivas.







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