Entre los grandes privilegios que puede disfrutar un ser humano está el de poder estudiar, estudiar lo que le apasiona, y salir al ruedo del mundo a brillar con luz propia en la senda elegida. A veces, un llamado mayor que entraña riesgos, pero que no puede desoírse, llega con tal nitidez, que desvía el rumbo feliz y traza otros definitivos.
Era bella, culta y talentosa la actriz Violeta Casal (Matanzas, 26 de marzo de 1916-La Habana, 28 de octubre de 1992). Se había doctorado en Filosofía y Letras y en Pedagogía en la Universidad de La Habana. Más tarde, también había terminado sus estudios en la Academia de Arte Dramático.
Además de actriz de la Radio y del Teatro Universitario, impartía clases de Ciencias Sociales, en la Escuela Normal para maestros de La Habana. En palabras del reconocido director de teatro y televisión Antonio Vázquez Gallo, «a principios de la década del 50 del pasado siglo, Violeta Casal se consideraba, junto a Marisabel Sáenz y a Rosa Felipe, como una de las tres mejores artistas del teatro cubano». Más de 60 obras llegó a protagonizar Violeta.
Pero Cuba necesitaba de sus hijos para derrotar a la tiranía, y Violeta, sin pensarlo dos veces, integra una célula del Movimiento 26 de Julio. Por esa postura es asediada, y después de participar en la huelga del 9 de abril, y haber sido detenida, sube a la Sierra Maestra, donde creyó, podría desempeñarse como maestra.
La intuición le falló a Violeta. Fidel había pensado en ella para otra tarea: –¡Te estoy esperando desde hace diez días!, le dijo. –Tú vas para Radio Rebelde.
Fue así como la actriz, de hermosa voz y hondas convicciones revolucionarias, se convirtió en la primera voz femenina de la naciente emisora, fundada por el Comandante Ernesto Che Guevara.
Junto a Ricardo Martínez, Orestes Valera, Guillermo Pérez y Jorge Enrique Mendoza, Violeta integró el equipo de trabajo que informaba al pueblo desde la emisora, sobre los combates y acciones revolucionarias, y desde la que se daban orientaciones al pueblo. Con su «¡Aquí Radio Rebelde, desde el territorio libre de Cuba!», la frecuencia se convirtió en esperanza para una inmensa parte de los cubanos, que tomando precauciones, por tratarse de una emisora insurrecta, la escuchaban, y alimentaban sus sueños de independencia.
Al triunfar la Revolución, Violeta no se apartó de Radio Rebelde. Por varios años fue su directora y se desempeñó en otros espacios, tales como el Sindicato de Artistas y en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
Quienes la conocieron, insisten en que cumplió cabalmente todas las tareas que demandaron sus esfuerzos, entre ellas, su participación junto a Vilma Espín en la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas.
El 28 de octubre de 1992 falleció en La Habana y fue sepultada en el Panteón de las FAR, en la necrópolis de Colón. La despedida del duelo estuvo a cargo de su compañero de lucha Jorge Enrique Mendoza, quien, además de destacar sus virtudes como actriz, se refirió a su heroísmo y valentía para defender a Cuba.
El Premio Nacional de Locución Violeta Casal, que cada año otorga la Uneac para distinguir a aquellas personalidades con una obra fecunda en este apartado, honra su nombre, inscrito hace mucho en la de los mejores hijos de su Patria.











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