ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Banner
¿Cómo lograr un buen posicionamiento aun sin las mejores herramientas a la mano? Ese es el reto que debemos plantearnos hoy día. Foto: Juvenal Balán

En varias entregas de esta columna nos hemos acercado al universo del disco, la industria, la promoción, y los modos de consumo que, en última instancia, son los que van moldeando los derroteros de la música.

Hace varios años los modos de seducción comercial sobre el llamado entertainment business (anglicismo aceptado en la jerga musical para referirse al negocio del entretenimiento) son quienes dictan leyes no escritas y siempre cambiantes al respecto, muchas veces teniendo en cuenta criterios y gustos de las audiencias; pero, en otros casos, intentando legitimar productos que pagan por su posicionamiento en determinados mercados.

Así, por ejemplo, encontramos plataformas como Spotify, la cual cuenta con millones de usuarios en el planeta, y cuyo algoritmo está diseñado para satisfacer casi todos los gustos, aunque esas arquitecturas de programación estén muy vinculadas a la inducción de preferencias y estéticas en las llamadas sugerencias de esa empresa.

Ahí radica uno de los principales agujeros por donde se introducen artistas afines a las audiencias -y otros no tanto-; pues, gracias a la incesante curiosidad humana, quienes están detrás de todo ese andamiaje tecnológico y de ocio saben cómo activar los resortes necesarios para que caigamos en esas no tan sutiles trampas de consumo.

El atiborramiento visual y sonoro, de esa y de otras formas de gestión musical y comercial, es tanto, que nos despeñamos por ese barranco de manera compulsiva: aunque no nos alcance la vida para escuchar toda la música que nos proponen, igual damos click y entramos en su juego.

Obviamente, no todo el panorama es desolador, pero la pregunta sería: ¿hasta qué punto somos verdaderamente libres para elegir qué escuchar?

En el pasado Cubadisco y durante la realización del evento Primera Línea, auspiciado por la firma EnDirecto, varios invitados internacionales expusieron sus vivencias en torno a este tema, forjadas al calor de años de experiencia en grandes discográficas o como agentes de representación de diferentes artistas.

El empresario español-alemán Antonio Martínez, quien promueve y gestiona la música cubana desde hace más de 25 años en Europa principalmente. además de trabajar directamente con artistas de varias nacionalidades, ha propiciado varios debates en torno a las nuevas tecnologías y los cambios en los modos de consumo de la música a nivel global; al igual que el productor alemán Stefan Gross, director del sello independiente Q-Rious Music, actualmente manager de varios artistas, entre los que se encuentra el compositor y guitarrista Dominic Miller.

Para ambos, la banalización musical y una importante dosis de segmentación sonora han llevado a la saturación de espacios tradicionales, los cuales han ido desapareciendo: o, en algunos casos, han posibilitado la migración hacia sellos discográficos más modestos, catalogados como independientes y, en consecuencia, ajenos a la rigidez de determinadas camisas de fuerza en cuanto a la voracidad del mercado actual.

Ello es un termómetro que se debe tener en cuenta para nuestro ecosistema fonográfico y empresarial, debido a las dificultades que tenemos para colocar nuestra música y artistas en vitrinas internacionales de pago o consumo a demanda. ¿Cómo lograr un buen posicionamiento aun sin las mejores herramientas a la mano? Ese es el reto que debemos plantearnos hoy día.

La verdadera democratización del espacio musical internacional no se encuentra actualmente en los mercados virtuales que monopolizan el entertainment business, sino en quienes se resisten a acatar las anacrónicas normativas impuestas por aquellos, y que avasallan, de la misma forma y sin piedad, a audiencias y a creadores.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.