
Es dicho muy repetido a través del tiempo ese de que «la juventud está perdida», pero, ¿hay o hubo realmente una generación perdida? La historia literaria dice que sí, y de ella formaron parte dos de los más grandes escritores estadounidenses del siglo xx: Ernest Hemingway y John Dos Passos.
La Enciclopedia Britannica describe a la Generación perdida como el grupo de escritores estadounidenses que alcanzaron la mayoría de edad durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y establecieron su reputación literaria en la década de 1920. Con este calificativo los bautizó la escritora Gertrude Stein, con quien algunos de ellos compartieron.
Nadie puede negar la huella que dejaron sus nombres en el arte de la escritura: F. Scott Fitzgerald, E.E. Cummings, Archibald MacLeish, Hart Crane, los dos autores mencionados al inicio y otros más.
En el caso particular de Dos Passos, su juventud inmersa en la Gran Guerra puede explicar en gran medida la temática de gran parte de sus obras, así como sus preocupaciones literarias y políticas.
Nació el 14 de enero de 1896 en Chicago, estudió en la Universidad de Harvard, de la que se graduó en 1916; y decidió unirse a un cuerpo de voluntarios en Europa como conductor de ambulancias durante la Gran Guerra.
A través de toda su obra, tuvo una relación ambigua, contradictoria y amarga con los Estados Unidos. Sus novelas son al mismo tiempo diatribas, análisis, explicaciones y lamentos sobre y hacia la sociedad industrial, ha expresado el sociólogo mexicano Gabriel Careaga.
Iniciación de un hombre: 1917 (1920) es el título de su primera novela, pero fue la antibélica Tres soldados (1921), la que lo condujo al éxito dentro del gremio y con el público. Tras un viaje a España en 1922 publicó Rocinante vuelve al camino, con crónicas y reportajes periodísticos sobre este país y, sobre todo, su gente, mezclados con un aire de ficción.
Le siguió otra grande de la literatura norteamericana: Manhattan Transfer (1925), que se aleja hacia un perfil citadino vivo; una película textual de la compleja sociedad capitalista de los años 20 del siglo pasado, vista desde una perspectiva múltiple.
En 1938 publicaría la primera de su gran trilogía u.s.a., compilada en 1938: Paralelo 42, que completó con 1919 y El gran dinero. Con ella el autor reafirma su sello estilístico, al entrelazar diferentes recursos narrativos en un mismo volumen: biografías, textos sociológicos, imágenes sueltas, breves historias, poemas. Parece confuso, y de alguna manera, él le da sentido.
Sobre esta aparentemente extraña manera de escribir, el crítico cultural Julio Hubard comentaría en Dos Passos, míope y visionario: puede detener o acelerar la narración sin que se note la técnica ni se sienta la latosa presencia del autor sobre el hombro del lector.
En 1938, el filósofo y novelista francés Jean Paul Sartre lo calificaría como «el más grande escritor de nuestro tiempo», añadiendo que su mundo literario era imposible porque era contradictorio, pero bello.
Además de escritor, Dos Passos era un alma viajera. Para 1929, cuando se casó con Katherine Smith, ya había conocido París, México, Portugal, Bélgica, Reino Unido, España (donde fue testigo de la Guerra Civil en 1937), la Unión Soviética y Daguestán. Posteriormente, visitaría Argentina en 1948, donde compartió con el presidente Perón y su esposa Evita.
No dejaría de escribir a lo largo de su adultez. Es autor de 42 novelas, entre ellas la trilogía Distrito de Columbia, conformada por Hombre joven a la aventura, El número uno y El gran proyecto; dos obras de teatro: Garbage man y Airway Inc. y su autobiografía Años inolvidables.
Falleció el 28 de septiembre de 1970, en Baltimore, Estados Unidos, y tras su muerte se publicaron La crónica decimotercera, Isla de Pascua y La crónica decimocuarta.
John Dos Passos supo captar con éxito el pulso de la vida moderna, dándole voz coral a la realidad con apoyo del montaje narrativo. Volcó en sus textos el producto de sus propias vivencias posbélicas, marcadas por el cambio ideológico, la decepción política y la visión de sus viajes, que lo sitúan a la altura literaria de sus contemporáneos Hemingway, Fitzgerald y Cummings, todos integrantes de la apodada, correctamente o no, Generación perdida.











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