ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El 9 de abril de 1812 los habaneros de la época vieron en los confines de la calzada habanera San Luis de Gonzaga la cabeza cortada de un hombre de piel negra, ahorcado al amanecer de ese día en la explanada de La Punta. El capitán general del régimen colonial Marqués de Someruelos, con aquella atroz demostración, pretendía escarmentar a todo aquel que osara subvertir el orden establecido, es decir, quebrar la dependencia de la Isla de la metrópoli y emancipar a los esclavos africanos.

José Antonio Aponte era la víctima, un nombre que se había convertido en la pesadilla de las autoridades de Madrid con asiento en La Habana. Había liderado una conspiración y, a consecuencia de una delación, hecho prisionero y, sin que mediara proceso judicial, condenado a muerte.

Bien miradas las cosas se trataba de mucho más que una conspiración. Con propiedad su proyecto insurreccional constituyó un movimiento popular, el primero de nuestra historia, en proponerse simultánea y articuladamente la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud.

Las ramificaciones del movimiento se extendieron desde 1811 a varios puntos del país. El historiador Elías Entralgo describió una trama que «comenzaba en su casa del extramureño barrio habanero de Guadalupe, de ahí iba a San Antonio de los Baños, Alquízar y Güira de Melena, volvía a la residencia del hilador y pasaba del barrio de La Salud al de Jesús del María, a la plazuela de Santo Cristo, a La Punta, a la Plaza de Armas y al muelle de Luz; atravesaba la bahía y continuaba su trayectoria con más vigor para Casa Blanca, Guanabacoa y sus barrios rurales –Bacuranao, Guanabo…–. Por Jaruco, Río Blanco del Norte y Aguacate; se prolongaba por algunas fincas del Departamento Central (Camagüey); se dilataba a Puerto Príncipe; se alzaba con intensidad en Holguín, Bayamo, Santiago de Cuba y llegaba hasta Baracoa».

Hubo tentativas de alzamientos en haciendas cercanas a Puerto Príncipe y en la ciudad de Bayamo, así como un muy serio estallido en Peñas Altas, cerca del litoral norte habanero, el 15 de marzo. El historiador Ernesto Limia rescató del Archivo Nacional el texto de la proclama que Aponte hizo circular en la capital, en la cual se lee: «os encargo que al sonido de una caja y trompeta os encuentre listos y sin temor para acabar este imperio de esta tiranía y así podremos vencer la soberbia de estos enemigos, y así os encargo no tener temor que yo os ofrezco que con vuestra ayuda podré lograr la felicidad».

Aponte se inspiró en la Revolución haitiana y en los ideales democrático liberales de la emancipación de las Trece Colonias en Norteamérica. Hacia 1810 en Cuba había 600 000 esclavos y 108 000 negros y mulatos libres, por 274 000 blancos, cifras que denotaban, de una parte, un potencial de posibles aliados para la causa independentista y abolicionista, y de otra, el temor de los esclavistas a que se repitiera la experiencia de Haití. Aponte no encabezó un movimiento de corte racial, sino luchó por implicar a todos, en la gestación de una nación soberana.

De ahí la saña contra el líder y sus más cercanos colaboradores. De ahí que en el imaginario colonial y racista predominante se extendiera como un mantra la frase estigmatizante: «Más malo que Aponte».

Por más que se ha hecho por vindicar la figura de Aponte y visualizar la dimensión real de su empeño revolucionario, aún estamos en deuda con él, con situarlo no solo como una señal en las agendas conmemorativas o una cita en los textos pedagógicos, sino en la memoria agradecida de los cubanos y cubanas de esta época y en adelante, como el primer independentista de nuestra historia.

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Francisco Rivero dijo:

1

9 de abril de 2019

12:12:39


Es de agradecer el recuerdo de esta fecha y de la figura de Aponte, como de todas la cubanas y cubanos que le acompañaron en su justa lucha. Saludos fraternos.