ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El comandante Ernesto Guevara fue invitado hace 55 años, el 27 de noviembre de 1961, por los estudiantes universitarios, a pronunciar el discurso conmemorativo del aniversario 90 del asesinato de los jóvenes que cursaban la carrera de Medicina a manos del poder colonial español.

Por entonces, el estratega de la Batalla de Santa Clara se hallaba inmerso en las tareas asignadas en el proceso inicial de transformaciones revolucionarias. Dos años antes asumió la presidencia del Banco Nacional de Cuba y el último febrero había sido nombrado Ministro de Industrias. Todo eso junto con las responsabilidades derivadas de su pertenencia al núcleo de la dirección política de un Estado acosado por el imperialismo y la contrarrevolución, victorioso apenas unos meses antes frente a la invasión mercenaria de Girón y sumido en la recta final de la Campaña de Alfabetización.

Desde que se sumó en México a la gesta libertaria encabezada por Fidel, el Che se interesó por penetrar en la historia y la cultura de Cuba en las características del tejido social de la nación, no solo como parte de su insaciable curiosidad intelectual, sino para actuar en consecuencia y con pleno conocimiento de causa.

De modo que, al hablar a los universitarios reunidos en la escalinata, transmitió sus apreciaciones sobre el crimen cometido el 27 de noviembre de 1871, a partir de una lectura política del significado del fusilamiento de estudiantes a quienes se les condenó mediante una farsa judicial, en el contexto del auge de la lucha independentista iniciada el 10 de octubre de 1868.

«Este fue el resultado final del juicio en que se pedía sangre de cubanos —apuntó el Che—, y esa es la significación que tenían estos ocho compañeros estudiantes, ser sangre de cubanos inmolados para demostrar el poderío español…»

El Che hizo suyas las valoraciones y la indignación de José Martí sobre los sucesos y complementó ese conocimiento con otras fuentes. Es probable que haya encontrado una referencia registrada por Emilio Roig de Leuchsenring. El historiador remitió una carta el 18 de enero de 1943 al Ministro de Obras Públicas de la época, en cumplimiento de un acuerdo de la Sociedad de Estudios Históricos e Inter­na­cionales, que solicitaba la construcción de un monumento, como homenaje permanente, «a los que pagaron con sus vidas la defensa de aquellos inocentes»: cinco negros que habían intentado rescatar a los jóvenes du­rante el trayecto de la prisión al sitio de la ejecución.

Sea por una u otra vía, el Che supo de esta acción y en su discurso, de hondo calado justiciero, dijo: «…no solamente se cobró en esos días la sangre de los estudiantes fusilados. Como noticia intrascendente que aún durante nuestros días queda bastante relegada, porque no tenía importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cadáveres de negros muertos a bayonetazos y tiros. Pero de que había fuerza ya en el pueblo, de que ya no se podía matar impunemente, da testimonio el que también hubiera algunos heridos por parte de la canalla española de esa época».

Ambos acontecimientos, el crimen contra los estudiantes y la saña contra los negros que intentaron liberarlos, han de verse como uno solo desde una perspectiva de hondo simbolismo histórico y, a la vez, de permanente actualidad. En el martirologio patriótico unos y otros comparten el mismo espacio y si no fue así por largo tiempo se debió a prejuicios racistas heredados de la etapa colonial y la república neocolonial —los negros masacrados pertenecían a la fraternidad abakuá que, por cierto, cumplió 180 años de su existencia, efeméride que abordaremos en un próximo artículo—y a pruritos de una historiografía que desdeña la memoria popular.

En su histórico discurso de 1961, el Che compulsó al auditorio a dar sentido a aquella sangre derramada cuando expresó: «…que no deseamos paz a sus restos, que deseamos también que puedan vivir a nuestro lado el presente y que puedan fundirse con esta nueva Cuba, que avanza hacia el porvenir sin miedo a nadie ni a nada, dispuesta a trabajar cada día con más ahínco…».

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