ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

José Martí dio la pista. Testigo excepcional de un periodo de la historia de Estados Uni­dos en que se perfiló el carácter imperial de su sistema político y sus ínfulas de superioridad universal, luego de haber vivido casi tres lustros en el seno de esa sociedad publicó un artículo revelador en el periódico Patria el 23 de marzo de 1894, en el que desmontó un mito dominante: «Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos, y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión, o una superchería».

Cinco años antes, en carta dirigida al di­rector del periódico The Evening Post, texto que se conoce como Vindicación de Cu­ba en el que refuta el ataque anticubano aparecido una semana antes en The Manu­facturer, Mar­­tí, en una frase muy citada pero que conviene estudiar en profundidad, dice: «Ama­mos a la patria de Lincoln tanto como tememos a la patria de Cutting». Esa imagen, al situar de un lado el talante ético del hombre que declaró «si la esclavitud no es error, nada es un error» y de otro a un aventurero que exacerbó pasiones para arrebatar a México parte de su territorio, develó a nivel simbólico una realidad: la existencia de dos Estados Unidos.

La retransmisión por estos días en el canal Multivisión de la serie La historia no contada de Estados Unidos, de Oliver Stone, acotada por comentarios y entrevistas realizadas por Rei­nal­do Taladrid, constituye una ventana al conocimiento de un costado de la historia de esa na­ción en el siglo XX que se desmarca de la me­ga­lomanía y el excepcionalismo norteamericanos.

Al margen de limitaciones conceptuales y aristas controversiales, el relato de Stone, asistido por la exhaustiva investigación documental de Peter Kurnick, pone al descubierto los in­tersticios de una irrefrenable vocación imperial que se empeña en maquillarse no solo a los ojos del mundo sino de los propios ciudadanos norteamericanos.

Es una mirada aguda sobre la patria de Cutting en la que se revelan el innecesario y criminal ataque nuclear contra la población japonesa, los reales propósitos de la Guerra Fría, la injerencia y el intervencionismo en América Latina, los motivos espurios de la agresión a Vietnam, la manipulación de la opinión pública para justificar las guerras en el Medio Oriente y las razones de la histeria anticomunista.

Complemento imprescindible para la apre­ciación de esa producción audiovisual, recomiendo la lectura de La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn (1922-2010). Existe una edición cubana del 2004, a cargo de Ciencias Sociales, cuya reedición, acompañada de una consistente promoción, haría falta. Zinn viajó a La Habana para presentar el libro.

En esa oportunidad pude entrevistar al destacado intelectual. Le pregunté qué lo había llevado a escribir la obra y respondió: «Ante la certeza de que la historia oficial, la de los libros de textos y lo que publican todos los días los grandes medios de prensa, nos inculcaba una dimensión mítica de nuestra nación. Se han ido sumando mentiras y mentiras sobre determinados acontecimientos. Quise contar desde el punto de vista de las víctimas, de los soldados que fueron a las guerras, de los obreros que sufrieron la explotación para que se multiplicara una enorme riqueza. ¿Quiere usted mayor mentira que insistir que a fines del siglo XIX ayudamos a los cubanos a conquistar la independencia de España, cuando sabemos que fue una intervención interesada para posesionarnos de un territorio que aseguraba la dominación del arco de las Antillas y Cen­troa­mé­rica?».

Al dialogar con el historiador surgieron dos nombres y un asesinato judicial de los que no se habla mucho en nuestra época y son botones de muestra sobre el ocultamiento de coordenadas relevantes para la comprensión de lo que ha sido —y no deja de ser—  la Unión norteamericana.

Recordó cómo Eugene Debs (1855-1926) y otros 1 000 compatriotas fueron enviados a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, sin haber co­metido acto alguno que clasificara como tal. «Eran socialistas que hablaban en voz alta contra la guerra. Debs había dicho: “la clase de los pa­trones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”».

En fechas recientes Debs volvió fugazmente a la palestra, a tenor con un dato en la biografía del candidato demócrata Bernie Sanders, derrotado por una Clinton que empleó métodos no muy limpios que digamos en la porfía. Sanders escribió el guion y produjo por su cuenta en 1979 un documental sobre Debs en el que reconocía la influencia de este en sus ideas políticas. En su oficina del Senado, Sanders exhibió siempre una foto de Debs.

Zinn lamentó en aquella conversación el desconocimiento entre los jóvenes de su país en torno a una personalidad legendaria: el escritor y periodista John Reed (1887-1920). Debo decir que no solo en Estados Unidos, sino en buena parte del mundo estamos en deuda con la memoria del autor de las crónicas de México insurgente y Los diez días que estremecieron al mundo. Quizá este de ahora es un buen momento para refrescar en la programación televisiva o de promover intencionadamente en los soportes audiovisuales un filme muy respetuoso, de Warren Beatty, estrenado en 1991, Reds, y de reproducir los capítulos que el mexicano Paco Ignacio Taibo II dedicó a Reed en la serie Los nuestros, transmitida por Telesur.

La memoria fílmica puede colaborar a la recuperación de la memoria histórica. Hace pocas semanas, de manera casi inadvertida, la TV Cubana proyectó Sacco y Vanzetti, película italiana de Giuliano Montaldo, protagonizada por Gian María Volonté y Riccardo Cu­cciolla, que hizo época en los años 70, no precisamente en Estados Unidos. El interés por ese caso incentivó al cineasta Peter Miller a rodar en el 2006 un documental con el mismo título, que contó con el atractivo de utilizar las voces de los populares actores John Turturro y Tony Shal­houb (el detective Monk).

Al zapatero Nicola Sacco y al vendedor de pescado Bartolomeo Vanzetti los acusaron de haber perpetrado el asalto y asesinato a dos empleados de la compañía Slater Morris, en la localidad de South Baintree, Ma­ssa­chu­setts,  el 15 de abril de 1920 y tras un juicio ama­ñado, pese a numerosas protestas, fueron ejecutados en la silla eléctrica el 23 de agosto de 1927.

«La injusticia de clase —acotó Zinn en un artículo— recorre transversalmente todas las décadas, todos los siglos de nuestra historia. En medio del caso de Sacco y Vanzetti, en el poblado de Milton, Massachusetts, un hombre rico le disparó a otro que recogía leña en su propiedad y lo mató. Pasó ocho días en la cárcel, luego se le dejó salir con fianza, y no fue procesado. Una ley para los ricos, una ley para los pobres; esa es una característica persistente de nuestro sistema de justicia». Cualquier parecido con la realidad de hoy no es pura coincidencia.

Vuelvo al Martí de 1894, preciso en sus deslindes, lúcido en sus anticipaciones: «Es de gente menor, y de la envidia incapaz y roedora, el picar puntos a la grandeza patente, y negarla en redondo, por uno u otro lunar, o empinársele de agorero, como quien quita una mota al sol. Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la en­conan; en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se co­rrompe y aminora la de­mocracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria».

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Marina dijo:

1

9 de noviembre de 2016

06:14:56


Es increíble la falta de promoción intencionada que informe a los televidentes interesados en ver la programación más interesante y menos banal (con todo respeto) que ofrece la TV cubana. Los de la cartelera de Cubavisión y de Al Mediodía se limitan a leer hora y nombre de los programas, como si no tuviéramos el 99,9 de alfabetizados, capaces de hacerlo por si mismos. También muy llamativo los pésimos horarios para programas como La Pupila...; el espacio que se ha dedicado a Estela Bravo, La Guerra No Contada con comentarios de Taladrid, por solo mencionar unos pocos. Es impresionante el número de series y temporadas norteamericanas, por al menos tres canales de TV, en detrimento de series interesantísimas de otros países, por no hablar de un programa de "consejos" creo que mexicano que ofreció Multivisión hace poco, la repetición por semanas en Clave de los mismos videos y artistas, algunos clips cubanos totalmente ofensivos contra las mujeres (ojo ahora son generalmente bellas chicas blancas, casi todas rubias, las que aparecen en los clips nacionales del peor gusto) y por cierto ahora también una cierta utilización no justificada de niños. El "Paquete" cultural, ameno, instructivo, con valores propios, al que aspiramos en nuestra TV está en déficit, y también la crítica aguda y constructiva de nuestros medios. Saludos Pedro por tu excelente tu trabajo que me impulsó a escribir sobre una preocupación que compartimos varios amigos.

marcos godoy dijo:

2

9 de noviembre de 2016

07:26:53


Buen artículo..y oportunamente publicado,Veremos que trae Trum en la bola..Suerte Cubita que corazón y timbales te sobran..

mabuya dijo:

3

9 de noviembre de 2016

08:56:21


Excelente material que debiera emplearse en las aulas, ahora que tienen los medios, para clases de Historia

sachiel dijo:

4

9 de noviembre de 2016

09:57:39


Estoy de acuedo con Marina, y agrego ademas que esta serie, ayudaria a muchos de ahora a conocer más quienes son los norteños de siempre. Baste ayer ver cómo derrocaron a Lumumba y a Arbenz, cómo mentian frente al mundo y cómo clavaban la puñalada trapera, sin recatos. Pero, no hay nada más rico y aleccionador que las vivencias, y ojalá no haga falta repetir situaciones como esas para que se coja más conciencia de lo que representa el imperialismo en toda su extensión.

mirtan dijo:

5

9 de noviembre de 2016

10:11:34


En total acuerdo con Marina hay que promover los buenos espacios que se ponen en nuestra televisión. La TV cubana no tiene propaganda comercial, los canales no compiten entre si porque todos responden a la misma institución entonces por qué no se hace promoción dirigida de lo que es mejor? no todos pueden ver Al Mediodía aunque la información es, como ya se dice incompleta, ni decir del programa de Teleavances, la guía que ponen en la TV Digital no informa mucho, lo que mejor está es la cartelera que ponen en el JR digital pero el acceso a esta es bien limitado. Por tanto considero que el Instituto de Radio y Televisión debiera promover intencionadamente aquellos materiales de mayor calidad. Telesur utiliza pausas en sus programas, quizás nosotros pudiéramos usarlo y ahí poner espacios de promoción de los mejores materiales que se pasarán en uno u otro canal. Otra insuficiencia es que terminan y comienzan series y no se anuncian lo suficiente y cuando nos damos cuenta ya andamos por el tercer o cuarto capítulo y no hay manera de empatarse con el contenido. En fin se debe trabajar más en que los televidentes conozcan lo que podemos disfrutar. En cuanto al canal Clave efectivamente empezó con materiales interesantes pero ahora ha caído en la reiteración y además si se ve la programación que ponen en Esta Noche después del noticiero, todos los días dicen exactamente lo mismo.