ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Alfredo López.

Cuentan que Alfredo López era duro y se­co. Julio Antonio Mella lo justificaba: “Así era necesario que fuese. Para dirigir las multitudes que él dirigió, para encauzarlas por la senda revolucionaria”. Pequeño de estatura, su valor alcanzaba alturas inimaginables. En el sepelio de un amigo,  a quien había visto morir, dicen, acompañó el cortejo al cementerio, revólver en mano, encabezando una muchedumbre enardecida, acechados por una doble columna de policías.

Nació el 2 de agosto de 1894. Desde niño padeció la discriminación de una sociedad que lo despreciaba por ser hijo natural y po­bre. Ante la falta de recursos en su hogar, marchó en busca de un empleo, a la edad en que otros solo piensan en los estudios y en el béisbol. Dando tumbos llegó a La Habana. Se hizo linotipista a fuerza de dedicación y talento. Pudo haber disfrutado de buenos salarios, pero decidió ser sindicalista y compartir la suerte de los pobres de la tierra.

Organizó gremios y huelgas. Cuando triunfó la Revolución Rusa de Lenin, se solidarizó con ella. En el Congreso Obrero de 1920 abogó por que el evento saludara a los bolcheviques. Su moción fue aceptada. Partidario de la creación de una central sindical nacional y única, participó activamente en la fundación de la Federación Obrera de La Habana (FOH) en 1921 (la cual luego lideró), importante e imprescindible primer paso hacia la unidad del proletariado por el indiscutible peso específico que tenía la provincia capital dentro del movimiento obrero.

“Tenía un gran talento práctico”, solía decir Mella. Cuando el fundador de la FEU ideó la Universidad Popular José Martí para elevar el nivel cultural de los obreros y sus hijos, tuvo en Alfredo un entusiasta colaborador que prestó los locales del Centro Obrero e incluso las sedes de algunos sindicatos para que sirvieran como aulas.

En una ocasión, narra Julio Antonio, un camarada español  exclamó: “Que vengan los americanos y acaben con la república. Es­ta­remos igual. Somos obreros y nada más”. Al­fre­do mostró su desacuerdo. “No, chico, no seas tonto. Nuestra república es de choteo. Nuestra burguesía es como todas. Pero así estamos mejor. Si viene el yanqui, ya verás lo que nos pasa. Se acaba todo”. Y con todo, el líder sindical abarcaba la lucha social, la nacionalidad cubana.

A finales de 1925 a Alfredo y a Mella los detuvo la policía machadista. Esa noche el sindicalista durmió en las mazmorras de un cuartel de la policía, al dirigente estudiantil lo sacaron de la celda “para llevarlo a la cárcel”. En realidad tenían intenciones de asesinarlo pero al final no se atrevieron. En cambio, al líder de la FOH y a los que se quedaron en las mazmorras, sus carceleros les aseguraron que Mella había muerto tratando de fugarse.

Al otro día, cuando el joven estudiante fue devuelto a su celda, Alfredo no ocultaba su satisfacción; “Muchacho, que noche nos has hecho pasar. Te creíamos muerto. Los perros lo dijeron”. Y en aquel rostro endurecido por la discriminación de una sociedad injusta y la lucha contra los anales de la neocolonia, Mella descubrió “una expresión paternal y en los ojos, una candidez y alegría de niño”.

Al fundador de la FEU, en aquella ocasión, le acusaban sin pruebas de un delito que, a todas luces, no había podido cometer. Para conmocionar al país, Mella inició una huelga de hambre, incomprendida por muchos. Alfredo, aunque desaprobaba ese método, continuó a su lado como su mentor y camarada.

Cuando a Mella, ya en estado grave, lo trasladaban a un centro hospitalario, el líder de la FOH apresaba su mano y ya junto al vehículo, aunque respetaba la decisión de su más joven amigo, le dijo: “No seas bobo, no te dejes morir, tenemos mucho que hacer y aún mucho que limpiar para triunfar. Come, chico”. Y en su cara vio Mella otra vez la expresión paternal.

Machado tuvo que replegarse ante el clamor popular y suspender la arbitraria causa judicial contra Mella, pero este se vio obligado a marchar al extranjero en enero de 1926. Alfredo permaneció en Cuba y el 20 de julio de ese año, mientras se dirigía al Centro Obrero, fue interceptado por una jauría policiaca ar­mada de bastonazos. Esta vez los puños del recio sindicalista sucumbieron ante la superioridad numérica. Sus restos se hallaron tras el derrocamiento de la tiranía machadista en las faldas del castillo de Atarés.

Presintiendo el fin trágico de su amigo, en agosto de 1926, Mella escribió sobre Alfredo López: “Guerrero, no tengo palabras para ti. El autor de estas líneas se siente hoy huérfano. Bisoño en la lucha, fue con tu ejemplo, con tu acción, que él adquirió experiencia […] Nadie conoce tu paradero, ¿acaso nos es dado a los revolucionarios escoger la forma de nuestra muerte? Caemos como soldados, donde la bala enemiga nos encuentre”.

“Maestro, hermano y compañero: las obras que tú hiciste son mudos monumentos a tu memoria. Cuando nos llegue a la clase oprimida la hora de nuestro triunfo, la obtendremos en gran parte por lo que tú iniciaste. No tendrás avenidas de ciudades burguesas ni estatuas en los parques públicos.

Pero cada proletario sabrá que las organizaciones que tú fundaste son los mejores monumentos a tu memoria”.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

rtq dijo:

1

20 de julio de 2016

08:33:28


Precisamente este proximo 2 de agosto lo homenajeamos con el dia del trabajador grafico,homenaje que celebramos con todas las tareas cumplidas,embuido en la produccion de libros y libretas para los niños por lo cual lucho,y para que no padezcan lo que el tuvo que padecer en su infancia." Gloria eterna a Alfredo Lopez" tu lucha no fue en vano, Cuba te recuerda siempre en cada cubano, en cada trabajador grafico.