La COVID exige la biopolítica
Para ser feliz basta una vida digna con la garantía de los cuatro derechos humanos fundamentales: alimentación, salud, educación y cultura
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Para ser feliz basta una vida digna con la garantía de los cuatro derechos humanos fundamentales: alimentación, salud, educación y cultura
No resulta fácil abandonar los paradigmas arraigados. Transitamos, confusos, por el método empírico-inductivo de Bacon, la filosofía analítico-deductiva de Descartes, la física mecanicista de Newton, perplejos ante el espectáculo «posmoderno» en el que «todo lo sólido se desvanece en el aire
No advierto en la COVID-19 ese poder revolucionario capaz de derribar el neoliberalismo, erosionar los paradigmas del libre mercado y reforzar el papel del Estado en la protección de la población más vulnerable
El destino del mundo está hoy, mayoritariamente, en manos de personas irresponsables, que no tienen el menor pudor de admitir que su principal compromiso es con el sistema financiero, aunque eso se traduzca en hambre, muertes y devastación ambiental
El Plan SAN apunta que es necesaria una revolución cultural y ética que sustituya la lógica del «libre mercado» por la del compartir y de la paridad de derechos, que es la realizada por Cuba
Brasil arde por la negligencia del gobierno, mientras el presidente no hace el menor caso al desastre ambiental y económico, igual que al genocidio sanitario que ya terminó con la vida de más de 145 000 víctimas de la COVID-19
La cuestión ética fundamental que plantea la pandemia tiene que ver con el valor de la vida humana. Para el capitalismo, su valor es cero, a menos que esté revestida de aderezos con valor de mercado y robustecida por bienes patrimoniales y financieros
La ONU prevé que la COVID-19 puede incrementar entre 83 y 132 millones el número total de individuos subnutridos solo en este año, a consecuencia de los impactos sociales y económicos del nuevo coronavirus
Nuestra mayor amenaza no es la pandemia, sino el «pandemonio». Entre las acepciones que aparecen en el Grande Dicionário Houaiss de portugués está la siguiente: pandemonio es una «asociación de personas para practicar el mal o promover desórdenes y confusión»
¡Tengo que respirar! No dejar que sofoquen a la sociedad civil, los medios de comunicación, la libertad de expresión, el arte, los derechos civiles, el futuro de la generación condenada a vivir este presente nefasto
La Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) prevé un retroceso del 5,3 % del PIB regional para 2020. Índice históricamente mayor, superando incluso al del año 1930, cuando la gran depresión económica de 1929 hizo que cayera un 5 %
¿Cómo será «el día después» de esta pandemia? ¿Qué cambiará en nuestros países y en nuestras vidas? Aún es temprano para hacer predicciones, pero algunas señales ya indican que, al contrario de lo que dice la canción, no viviremos como nuestros padres
De los más de siete mil millones de habitantes del planeta, más de 600 millones viven en América Latina. Según la Oxfam, la pandemia debe aumentar el número de pobres en nuestro continente, pasando de 162 millones a 216 millones, o sea, existirán otros 54 millones más de personas con una renta diaria inferior a 5.5 dólares
El coronavirus nos obliga a asumir una espiritualidad y una actitud nuevas ante la realidad. La espiritualidad es la capacidad de abrirse amorosamente al otro, a la naturaleza y a Dios
El ministro del Gabinete de Seguridad Institucional (GSI), Augusto Heleno, sugirió el 19 de febrero que el pueblo debería salir a la calle a protestar «contra el chantaje del Congreso». Bastó ese guiño autoritario para que los aliados del Presidente convocaran a una manifestación para el domingo 15 de marzo
Encerrados en nuestras burbujas virtuales, se nos impregnan los sentimientos (¿pensar? ¡Ni pensarlo!) de que las guerras son inevitables, la desigualdad social es una mera entropía del progreso, y la miseria es la amarga recompensa de quien no ha sabido aprovechar las múltiples oportunidades que ofrece la vida
Todo tiene un comienzo, un medio y un final. Todos habremos de morir. Y sin embargo alimentamos preconcepto, discriminación, resentimiento
Hay una profunda herida en el alma triste del Brasil