ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Al cabo de varios años de espera, de cuatro sangramientos, una presión arterial descompensada y casi dos meses de ingreso hospitalario, Wendy por fin tendrá a su bebé. Foto: Ronald Suárez Rivas
Foto: Ilustrativa

Pinar del Río.-Wendy García habla sin miedo, como quien está convencida de que lo peor ya pasó. «Estoy tranquila», dice. Cuenta que al día siguiente los médicos discutirán su caso y que seguramente le fijarán el parto para finales de semana.

Atrás, definitivamente, parecen haber quedado los sustos que la llevaron a ingresar hace 51 días, y que se han mantenido desde entonces. Cuenta que primero fue un sangramiento «abundante» y que se preocupó mucho por lo que podía significar para ella y para su bebé.

A sus 34 años, este era, por fin, su primer embarazo y estaba feliz hasta esa noche de mayo en que tuvieron que trasladarla de urgencia al hospital. Allí debutaría con una preeclampsia, y con un nuevo sangramiento, y después con otro, y luego con otro más… Pero los médicos y enfermeras de la sala MI del Hospital General Docente Abel Santamaría Cuadrado no han escatimado esfuerzos para compensarla.

«Todos han sido maravillosos, gracias a ellos he logrado llegar al final de mi embarazo».

La sala de cuidados perinatales, identificada por las letras MI, es una suerte de terapia para las gestantes. Los especialistas le confieren una importancia fundamental dentro de ese inmenso sistema que conforma el Programa Materno Infantil (PAMI) en Pinar del Río.

«Es un servicio cerrado, donde están los casos más preocupantes», explica la doctora Sulemis Carmona.  «Aquí tenemos pacientes hipertensas graves, con amenaza de parto pre-término, con otros padecimientos», por eso, aunque ahora mismo todo está calma, advierte que «en cualquier momento se puede complicar».

Y esa complicación, en estos tiempos, implica desafíos adicionales por los recursos que faltan y que obligan continuamente a buscar alternativas en esa lucha sagrada por la vida.

«De lo poquito que entra al hospital, siempre nos priorizan a nosotros para la atención a la materna grave. «Ahora mismo, lo que más nos afecta es la parte de los antibióticos, pero aunque sea por vía oral, para la materna siempre tenemos algo».

La doctora María Teresa Machín, jefa del PAMI en Pinar del Río, asegura que los resultados en este importante programa se han mantenido en el tiempo. En el 2023, la provincia registró la tasa de mortalidad infantil más baja de Cuba. En el 2025, volvió a lograrlo. En el 2024, ocupó el segundo lugar.

No obstante, reconoce que la política de asfixia a la que ha estado sometido el país, y que impacta de manera implacable en todas las esferas de la vida, también incide en el desempeño del PAMI.

Los efectos van desde la escasez de medicamentos hasta las dificultades para garantizar las interconsultas de los grupos básicos de salud (compuestos por pediatras, clínicos, obstetras…) en los territorios más distantes, debido a las serias limitaciones con el combustible.

«Nos hemos visto afectados, por ejemplo, en el diagnóstico prenatal de los defectos congénitos, ya que ello se basa fundamentalmente, en los estudios ultrasonográficos, los cuales requieren energía eléctrica», detalla María Teresa.

Ante esa compleja realidad señala que se han movido las consultas del Centro Provincial de Genética hacia el centro municipal (que se encuentra en un circuito protegido), y también hacia el hospital Abel Santamaría.

Por otra parte, se ha indicado que en los policlínicos se asegure la vitalidad de los equipos de ultrasonido con los sistemas fotovoltaicos instalados en ellos en los últimos meses.

En tanto, en los hogares maternos, donde normalmente se ingresa a las embarazadas con alto riesgo obstétrico, la jefa del PAMI comenta que se ha decidido «ir más allá», ante las carencias de transporte, e ingresar también los casos vulnerables y las gestantes que viven en zonas de difícil acceso, previendo cualquier emergencia que se pueda presentar.

En medio de un escenario extremadamente complejo, recuerda que en los últimos meses se logró además que los 11 municipios pinareños cuenten con hogares maternos, y que en ellos se instalaran kits fotovoltaicos que garantizan la iluminación, la conservación de los alimentos y otras necesidades básicas.

Del otro lado de la sala MI, Sinaily Betancourt ya cumplió 27 días en el servicio, pero sabe que todavía le faltan muchos más. Tiene 20 años y viene de El Olivo, una comunidad perdida en la geografía del municipio de Mantua, a más de 100 kilómetros de la ciudad de Pinar del Río.

Antes de salir embarazada, ya era hipertensa crónica, pero durante la gestación hizo una preeclampsia sobreañadida que obligó a su ingreso en la sala cuidados perinatales.

La falta de combustible retrasó casi 24 horas su traslado de emergencia hacia la capital provincial. «Los médicos en Mantua me habían reportado desde por la mañana, y llegué aquí como a las cuatro de la madrugada del día siguiente», relata Sinaily.

Desde entonces, su situación no ha sido menos tensa. «En el tiempo que llevo ingresada me he vuelto a descompensar varias veces, pero me han puesto los medicamentos y he mejorado».

Ya cumplió las 31 semanas de gestación, pero lo ideal es que pueda llegar, al menos, a las 37. Aunque sus familiares apenas han podido venir a visitarla, Sinaily y su bebé no están solos.

«Las enfermeras o las doctoras vienen cada cuatro horas y me toman la presión, me oyen el foquito, me preguntan cómo me siento. La atención ha sido muy buena».

Dice que en su vientre trae una niña, que se llamará Camila y sus ojos se iluminan. Sabe que del otro lado de esas paredes que conforman la MI, se viven días duros, que las personas que la asisten probablemente no descansaron bien la noche anterior y que dejaron en casa sus propios problemas, para venir a trabajar. Y es ahí donde las estadísticas frías adquieren rostro humano, y donde las tasas y porcientos, se expresan en su dimensión real.

Y es también donde quedan al desnudo las consecuencias de la política despiadada que el gobierno de los Estados Unidos insiste en promover contra el pueblo cubano.

Pero en la MI, la vida sigue triunfando sobre la muerte, y también en la sala de neonatología, y en el banco de leche materna, y en el pediátrico, y en cada eslabón de un sistema que no se ha detenido, y que en medio de una terrible escasez, ha sido capaz de lograr indicadores al nivel de países como México, Argentina o Brasil.

Con la confianza de quien se sabe en buenas manos, Wendy García interrumpe por unos minutos la entrevista para responder una llamada. «Pronto vamos a conocer a Bryan», le dice a la persona que la escucha del otro lado de la línea, y se sonríe de una manera que uno no encuentra palabras para describir.

Bryan es el hijo que había añorado durante mucho tiempo y que al cabo de varios años de espera, de sesiones en la consulta de infertilidad, de cuatro sangramientos, una presión arterial descompensada y casi dos meses de ingreso hospitalario, por fin llegará a sus brazos, gracias a la voluntad sin límites de la madre y la consagración médicos y enfermeras para garantizarle a cada gestante y a cada niño, como en la célebre novela de Félix B. Caignet, «el derecho de nacer».

En medio de una terrible escasez, el sistema de Salud en Pinar del Río ha sido capaz de lograr indicadores superiores a los de países como México, Argentina o Brasil. Foto: Ronald Suárez Rivas
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