ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las entradas de IED favorecen a industrias tecnológicas. Foto: tomada de © Shutterstock/Make more Aerials

El creciente interés por la inteligencia artificial, los semiconductores, los minerales críticos, las tecnologías y los servicios para la transición energética, está cambiando de manera acelerada los flujos de inversiones extranjeras directas (IED) en el mundo.

Sectores tecnológicos de vanguardia y un grupo reducido de países reciben los mayores beneficios en correspondencia con las transformaciones en la producción global y su futuro previsible, signado por el auge de las rivalidades económicas y geopolíticas.

Datos provenientes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por su sigla en inglés) indican que las ramas estratégicas representaron en 2025 el 44 % de la inversión internacional en nuevos proyectos frente al 16 % en 2020.

Durante el lustro, el valor de las iniciativas anunciadas subió de unos 109 000 millones a 576 000 millones de dólares, al considerar cinco áreas prioritarias: infraestructura y adelantos relacionados con la inteligencia artificial (IA); tecnologías avanzadas y sensibles; minerales esenciales; tecnologías y servicios para la transición energética y semiconductores, precisó el ente.

El hecho resulta relevante «porque es probable que estas industrias determinen dónde se ubicará el crecimiento, la tecnología y la capacidad industrial en el futuro», aunque la expansión para nada se distribuya de manera uniforme.

Según las estimaciones de la Unctad, las tres principales economías inversoras representaron el año pasado el 72 % del valor de los proyectos en sectores estratégicos, mientras que los tres primeros países receptores captaron el 56 %.

El Informe sobre las Inversiones en el Mundo 2026 precisó que la infraestructura de ia y las actividades relacionadas constituyen el segmento más grande, impulsado por inversiones en centros de datos y capacidades en la nube, fundamentalmente.

En el caso de los semiconductores, la expansión promedio anual fue de un 54 % entre 2020 y 2025. Ello, razonó la fuente, «refleja la importancia estratégica de los chips, la demanda de minerales esenciales y el respaldo de políticas para tecnologías consideradas esenciales para la competitividad futura».

Desde el punto de vista geográfico, Estados Unidos dominó la inversión externa en IA y tecnologías avanzadas, mientras Europa pasó a ser el principal destino receptor. Por su parte, China ejerció un doble liderazgo en la esfera de los minerales críticos, como inversionista y en toda la cadena de suministro posterior.

A juicio de la Unctad, tales patrones muestran cómo la IED está cada vez más determinada por la tecnología, el tamaño del mercado, la política industrial y el acceso a insumos primordiales.

Los mejor posicionados para atraer la próxima ola de IED son los países que ya cuentan con grandes mercados, abundante capital, competencias avanzadas, energía fiable, proveedores especializados y un fuerte apoyo público, consideró la institución.

Además, la escalera tradicional de la manufactura continúa debilitándose: el valor de la IED internacional en nuevos proyectos manufactureros fuera de los sectores estratégicos fue un 17 % menor en 2021–2025 que en 2015–2019.

Esa caída resultó más pronunciada en las economías en desarrollo y «especialmente marcada» en los países menos adelantados, alertó el organismo de las Naciones Unidas.

Si bien las transacciones crecieron un 6 % en 2025 hasta 1,6 billones de dólares, el comportamiento fue muy desigual: las 20 principales economías receptoras concentraron más del 80 % de la IED mundial, ilustró el documento.

Los países menos adelantados vieron aumentar sus entradas un 21 %; sin embargo, representaron solo el 2,7 % de la IED mundial, con flujos concentrados en un pequeño número de territorios debido, en esencia, al interés que despiertan sus vastos recursos naturales.

Aunque hay oportunidades de progreso, muchas naciones «corren el riesgo de quedarse atrás a medida que la inversión se vuelve más intensiva en capital y tecnología y depende cada vez más de apoyos de políticas públicas que muchas economías en desarrollo no pueden igualar fácilmente», reconoció la entidad.

La cuestión, redondeó, «no es solo cuánto capital se mueve, sino adónde va, qué ayuda a construir y si amplía la capacidad productiva, creando empleo, fortaleciendo las capacidades y apoyando la transferencia de tecnología».

Es de esperar un aumento de la competencia tecnológica, así como de los impactos desiguales de las IED en un mundo en el que los compromisos de inclusión y desarrollo sostenible abundan en los foros políticos y escasean en la cotidianidad de la vida real.

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