La biomasa verde, que hasta hace poco cubría a la urbe
santiaguera, desapareció casi por completo y con ella su variada
fauna. Decenas de miles de arbustos y árboles fueron derribados,
entre ellos gigantescos ejemplares de roble, flamboyán, majagua y
algarrobo. Muchos de los que quedaron en pie están siendo talados,
por tener estropeada su vitalidad y para aprovechar su madera en la
elaboración de carbón y como combustible directo.
De todas formas, el triste episodio puso al descubierto las
insuficiencias del ordenamiento forestal dispuesto en la localidad,
sobre todo el pobre discernimiento técnico acerca de las especies
adecuadas para cada espacio y el entorno, y la escasa atención
sanitaria prestada a las arboledas.
Ante la realidad de ver destruidas tantas hectáreas de árboles,
el asesor del Ministro de la Agricultura, Francisco Gonzáles López
(Comandante Pancho), un experto en el tema, llamó a las autoridades
del gobierno y directivos de organismos estatales del territorio, a
estructurar un mejor modelo de repoblación forestal urbana.
Es obvio que por razones ambientales, económicas y ecológicas, a
Santiago de Cuba le urge reponer toda la superficie arbórea que
perdió, pero debe hacerlo de una manera sostenible y con un enfoque
verdaderamente científico.
Aconsejó el asesor silvícola que en áreas públicas corresponde
sembrar árboles intermedios, con especies ornamentales que
proporcionen sombra, purifiquen el aire y embellezcan el paisaje; en
el contorno de la ciudad, lejos de tendidos eléctricos y
telefónicos, de viviendas y otras instalaciones, conviene plantar
aquellos cuyo porte mucho tuvieron que ver con la destrucción de
medios y cables durante el paso del huracán, con las consiguientes
afectaciones a servicios básicos de la población.
Es precisamente en la periferia de las urbes —explicó Francisco
González— donde mejor actúan como elementos descontaminadores, o
"pulmones de la ciudad".
Enfatizó, además, que para garantizar el buen desarrollo y
efectividad de este proyecto, resultará imprescindible involucrar a
toda la población, y promover y consolidar una sólida cultura
ambiental desde las escuelas, la familia, el barrio y las
instituciones, que impulse el respeto, la protección y la atención
sistemática del patrimonio forestal. (Tomado del Sierra Maestra)