Urge a Santiago de Cuba un ordenamiento forestal
urbano más efectivo

Ricardo Rodríguez Cabrera

Santiago de Cuba.— Además de los incalculables daños ocasionados por el huracán Sandy a la infraestructura social y económica de esta provincia, el meteoro dejó también una elevada pérdida ecológica al territorio, incluida la ciudad capital.

La arboleda del parque Céspedes quedó totalmente destruida.

La biomasa verde, que hasta hace poco cubría a la urbe santiaguera, desapareció casi por completo y con ella su variada fauna. Decenas de miles de arbustos y árboles fueron derribados, entre ellos gigantescos ejemplares de roble, flamboyán, majagua y algarrobo. Muchos de los que quedaron en pie están siendo talados, por tener estropeada su vitalidad y para aprovechar su madera en la elaboración de carbón y como combustible directo.

De todas formas, el triste episodio puso al descubierto las insuficiencias del ordenamiento forestal dispuesto en la localidad, sobre todo el pobre discernimiento técnico acerca de las especies adecuadas para cada espacio y el entorno, y la escasa atención sanitaria prestada a las arboledas.

Ante la realidad de ver destruidas tantas hectáreas de árboles, el asesor del Ministro de la Agricultura, Francisco Gonzáles López (Comandante Pancho), un experto en el tema, llamó a las autoridades del gobierno y directivos de organismos estatales del territorio, a estructurar un mejor modelo de repoblación forestal urbana.

Es obvio que por razones ambientales, económicas y ecológicas, a Santiago de Cuba le urge reponer toda la superficie arbórea que perdió, pero debe hacerlo de una manera sostenible y con un enfoque verdaderamente científico.

Aconsejó el asesor silvícola que en áreas públicas corresponde sembrar árboles intermedios, con especies ornamentales que proporcionen sombra, purifiquen el aire y embellezcan el paisaje; en el contorno de la ciudad, lejos de tendidos eléctricos y telefónicos, de viviendas y otras instalaciones, conviene plantar aquellos cuyo porte mucho tuvieron que ver con la destrucción de medios y cables durante el paso del huracán, con las consiguientes afectaciones a servicios básicos de la población.

Es precisamente en la periferia de las urbes —explicó Francisco González— donde mejor actúan como elementos descontaminadores, o "pulmones de la ciudad".

Enfatizó, además, que para garantizar el buen desarrollo y efectividad de este proyecto, resultará imprescindible involucrar a toda la población, y promover y consolidar una sólida cultura ambiental desde las escuelas, la familia, el barrio y las instituciones, que impulse el respeto, la protección y la atención sistemática del patrimonio forestal. (Tomado del Sierra Maestra)

 

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