La actuación —unilateral, inconsulta y apresurada— soviética en
la solución negociada de la crisis fue decepcionante para Cuba. Los
argumentos de Jruschov de que ante la gravedad de los
acontecimientos no había tiempo de consultar, no convenció a la
dirección cubana. El problema creado fue más profundo que un mal
procedimiento empleado, porque era inaceptable que en el mensaje de
respuesta de Jruschov a Kennedy, no se tuviera en cuenta la
participación de Cuba en las negociaciones y era muestra de la
desconfianza hacia la capacidad de la dirección cubana. "La
simple solución —expresó Fidel— de que se retiraran
los proyectiles, porque los Estados Unidos dan su palabra de que no
van a agredir es incongruente con todos los pasos que se han dado y
es incongruente con una situación en nuestro país que debía de ser
superada. Porque bastaba que Nikita hubiera dicho, estamos de
acuerdo en retirar los proyectiles si se dan garantías
satisfactorias para Cuba".(1) Las cartas cursadas entre Fidel
Castro y Nikita Jruschov, entre el 28 y 31 de octubre de 1962, son
muestras de las notables discrepancias surgidas entre ambos
países.(2)
En noviembre de 1962, viajó a La Habana el vicepremier soviético
Anastas I. Mikoyan con el objetivo de discutir el diferendo surgido,
para tratar de justificar y convencer a los dirigentes cubanos de
que aceptaran los términos del entendimiento Kennedy-Jruschov,
permitiendo la verificación in situ de la retirada de los
cohetes. Las discusiones se caracterizaron por un absoluto y total
desacuerdo. No fue fácil para Mikoyan poder argumentar la
atropellada decisión soviética de sacar los cohetes, más aún dar
garantías de control de su salida del territorio cubano. El estado
de ánimo que embargó a la dirección cubana ante ese compromiso y
sobre todo hacia la inspección in situ, lo describió Fidel
cuando expresó: "[... ] le dijimos tajante y terminantemente que
jamás. Eso no lo aceptaríamos jamás. Le expusimos todo lo que
opinábamos de esa facultad impolítica, insolente, arbitraria,
contraria a todos los principios de pretender tomar un acto de
decisión sobre cuestiones que atañían a nuestra jurisdicción".(3)
Las explicaciones de Mikoyan fueron cada vez más difíciles de
sostener, más aun, cuando surgió con fuerza la exigencia de retirar
de Cuba los aviones IL-28 que la administración estadounidense
consideraba como ofensivos. El dirigente soviético le había
asegurado a la parte cubana que esos medios no saldrían del país,
pero días más tarde, tuvo que enfrentarse a la desagradable
circunstancia de decir que esos equipos también tenían que salir del
país. Los IL-28 fueron retirados. Para los cubanos la política de
concesiones de los soviéticos ante las crecientes exigencias
estadounidenses era inconcebible. "[... ] estábamos sumamente
indignados —explicó Fidel—, veíamos aquello como una
cosa errónea [... ]".(4)
Más tarde, apareció la cuestión de la salida de todas las demás
tropas soviéticas desplegadas en Cuba. "Hay que decir —comentó
Fidel— que la retirada de las brigadas motomecanizadas
constituyó una concesión gratuita por añadidura a la concesión de la
retirada de los proyectiles estratégicos".(5) La posición
inicial de Cuba al respecto fue oponerse, aunque más tarde fue
flexibilizada. Relató el líder cubano que "[... ] en un momento
dado luchábamos porque se quedaran los aviones y luchábamos porque
se quedaran las tropas incluso, porque era una exigencia de todos
los días de Kennedy, después decidimos de que en una situación como
aquella, ante un aliado en plena retirada, en plena fuga, había que
por lo menos tratar de salvar algunas cosas. Comprendimos la
realidad de lo solo que estaríamos nosotros en caso de una guerra;
comprendimos además la estupidez de retirar aquellas tropas frente
al enemigo que lo exigía, y que eso no iba sino a agravar la
situación de peligro. Y ya en aquellas circunstancias desistimos de
los objetivos de que se quedaran las tropas y prácticamente a
conformarnos en que por lo menos no se llevaran las armas".(6)
Se llegó al acuerdo de que el armamento se quedara en Cuba y las
tropas soviéticas permanecieran en el país en calidad de
instructores, hasta tanto los cubanos estuvieran en capacidad de
asimilar esa técnica. A pesar de ello, la dirección cubana persistió
en la conveniencia de que en Cuba debía permanecer uno de los cuatro
regimientos de infantería motomecanizado, pues esto constituía una
muestra del principio y el derecho soberano de tener en el
territorio nacional las armas y el personal amigo que Cuba estimara
conveniente, más aún, cuando en el país permanecía, contra la
voluntad del pueblo, una base aeronaval de Estados Unidos. Asimismo,
la dirección cubana argumentó con fuerza que el convenio militar
soviético-cubano (7) existente había sido violado, que el país
quedaba sin garantías de ninguna clase, y que era necesario idear
otro medio que resultase una eficaz advertencia o un cierto modo de
garantía sustitutiva al convenio de los cohetes frente a las
intenciones agresivas de Estados Unidos. La permanencia en Cuba de
esa unidad soviética podría ser una de las variantes sustitutivas.
Como resultado de esas discusiones se analizó la posibilidad de
que el regimiento ubicado al centro sur de La Habana, entre Managua
y Santiago de las Vegas, en Naroca, se mantuviera en el país, como
un símbolo de amistad y apoyo de la Unión Soviética. La decisión
sobre este particular se tomaría en mayo de 1963, durante la visita
de Fidel a la URSS. Esta unidad se convertiría en una brigada, con
aproximadamente 3 000 efectivos, al ser reforzada con técnica de
combate y personal del regimiento desplegado en Artemisa, con la
denominación pública de Centro de Estudio Nº 12.(8)
Otro de los aspectos en que la dirección cubana discrepaba con la
soviética fue el referido a la propuesta contenida en la carta
pública de Jruschov a Kennedy del 27 de octubre de 1962 respecto al
cambio de los cohetes soviéticos en Cuba por los estadounidenses en
Turquía,(9) con el compromiso de la URSS de no amenazar la
integridad territorial de Turquía y por parte de Estados Unidos, la
de Cuba.(10) La referencia a este tipo de trueque realizado por el
líder soviético molestó de manera profunda a la dirección
revolucionaria cubana, pues como dijo Fidel "nos veíamos
convertidos en una especie de objeto de cambio".(11)
En los círculos políticos y militares estadounidenses, este
asunto también había tenido cierta repercusión. En medios noticiosos
circulaban especulaciones acerca del particular. "En el ambiente
había rumores de un negocio con los turcos. El gobierno de Turquía
estaba ejerciendo presión sobre Estados Unidos para que negara
cualquier tipo de conexión entre la retirada de los cohetes
soviéticos y los futuros despliegues y redespliegues de la
OTAN".(12) Robert McNamara, conociendo la sensibilidad del Estado
Mayor Conjunto, le aseguró al Pentágono que "no existía ningún
acuerdo sobre los cohetes cubanos y los turcos".(13) Evidentemente,
la Casa Blanca quería evitar cualquier tipo de curiosidad acerca de
los cohetes Júpiter.
En las conversaciones desarrolladas con Mikoyan este tema no fue
objeto de debate, aunque estuvo presente en el estado anímico de los
dirigentes cubanos que trataron de indagar sobre el asunto. Parece
ser que Mikoyan no tenía instrucciones de hablar del mismo, ya que
el Kremlin también quería evitar cualquier referencia al tema y lo
mantuvo en secreto. Sin embargo, el tema no pudo escapar de los
comentarios y artículos que veían la luz en los medios de prensa de
Estados Unidos, acerca de lo que comenzó a llamarse "la Crisis
Cubana de los Misiles", como el aparecido en el Saturday Evening
Post, el 8 de diciembre de 1962, de los periodistas Stewart
Alsop y Charles Bartlett, que sugería la existencia de este aspecto
en las negociaciones secretas entre Kennedy y Jruschov, obtenido a
través de una filtración de información.(14) El 11 de diciembre,
Jruschov se comunicó con Kennedy para expresar su oposición a la
difusión de esas noticias. "A juzgar por los contenidos de estos
artículos está claro que sus autores están bien informados y tenemos
la impresión de que esto no es el resultado de una filtración
accidental de la información confidencial". —señaló indignado
Jruschov.(15)
Eran días de notables diferencias políticas entre La Habana y
Moscú. "Y por tanto —explicó Fidel— se inició una
fase en que nosotros practicamos la política de grandes esfuerzos
para evitar un deterioro mayor de las relaciones con la URSS en
consideración con nuestra situación estratégica en concreto y ...
estando el enemigo principal ... delante de nosotros teníamos que
disimular, contener, frenar nuestra indignación, nuestro disgusto, y
evitar que el continuo deterioro de aquellas relaciones fuese a
afectar nuestro problema fundamental que era la lucha contra el
imperialismo".(16)
Por su parte, la dirección soviética también trató de realizar
esfuerzos por atenuar las diferencias, de mejorar y de buscar un
mayor nivel de comprensión con los cubanos. Nikita Jruschov, que al
decir de Fidel "no era un político digamos incapaz; era un
individuo inteligente, listo; hay que decir que en ocasiones
habilidoso",(17) el 31 de enero de 1963, en camino a Moscú desde
Berlín, donde había asistido al Congreso del Partido Unificado de
Alemania, le escribió una extensa y "sumamente amable" carta a
Fidel, en la cual trataba de explicar todos aquellos planteamientos
formulados por Cuba que habían quedado sin respuesta y le expresaba
su deseo "[... ] de conversar, de hablar con el corazón en la mano.
Tenemos de qué hablar. Quisiéramos que esa conversación no se
aplazara por largo tiempo. Quisiéramos que el encuentro tuviera
lugar lo antes posible".(18)
Más adelante en su carta, el dirigente soviético se pregunta:
"¿Por qué necesitaríamos vernos y conversar francamente?" A lo que
él mismo se responde:
"La gravedad de la crisis creada por el imperialismo
norteamericano en la zona del Caribe ha sido liquidada. Pero me
parece que dicha crisis ha dejado cierta huella, aunque poco
perceptible, en las relaciones entre nuestros estados —Cuba y la
Unión Soviética— y en nuestras relaciones personales. Hablando en
rigor, no son del todo las que eran antes de la crisis. No oculto
que eso nos apena y nos inquieta. Y me parece que de nuestro
encuentro ha de depender en gran medida el desarrollo de nuestras
relaciones. En el presente, un medio de comunicación como la
correspondencia resulta ya insuficiente. Nada puede sustituir a una
conversación personal. Precisamente en ella se puede superar con
mayor facilidad y rapidez cualquier incomprensión de las posiciones
de uno y de otro y entenderse".
"Durante la crisis del Caribe nuestros puntos de vistas no
siempre coincidieron —siguió exponiendo Jruschov en su carta—, no
apreciábamos del mismo modo las distintas etapas de la crisis. Se
puso de manifiesto que enfocábamos también de un modo distinto los
métodos para liquidarla. Después de nuestra conocida declaración,
usted incluso públicamente dijo que durante el desarrollo de la
crisis habían surgido divergencias entre el gobierno soviético y el
gobierno cubano. Ya puede comprender que eso no fue para nosotros
motivo de alegría. Y ahora que la tensión ha menguado y hemos
entrado en otra fase de las relaciones entre Cuba y la Unión
Soviética, de una parte, y de Estados Unidos de Norteamérica, de la
otra, han quedado en nuestras relaciones con Cuba ciertos surcos
cuya profundidad es difícil de precisar [... ]".(19)
De acuerdo con la línea política de buscar un mejoramiento de las
relaciones con la URSS, con el fin de evitar que el deterioro de
estas pudiera constituir un peligro para la seguridad del país
frente a la creciente hostilidad de Estados Unidos y discutir
directamente el diferendo surgido, la dirección cubana aceptó la
invitación. Jruschov también vio en esa visita una oportunidad de
trabajar con el líder cubano para tratar de limar las diferencias,
sin afectar las bases del entendimiento logrado con Kennedy.
Conocedor Jruschov de los aspectos principales de fricción y los
puntos de vista de Fidel sobre la necesidad de la firma de un
tratado de seguridad y ayuda mutua entre ambos estados, dio
instrucciones a los ministros de Relaciones Exteriores y Defensa,
Andrei Gromyko y mariscal Rodion Malinovsky, así como al jefe del
Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Soviéticas, mariscal Serguei S.
Biryuzov, para que prepararan las explicaciones que podrían emplear
para hacer desistir al líder cubano de la firma de dicho tratado o
de incorporar a Cuba al Pacto de Varsovia. Los argumentos elaborados
estuvieron basados en el supuesto de que Estados Unidos utilizaría
la firma de cualquier acuerdo de esta naturaleza como una excusa
para intensificar el aislamiento internacional de Cuba y para
incrementar la oposición a la Revolución dentro del propio país
caribeño.(20)
Otro asunto vinculado al anterior y que el dirigente soviético
quería discutir con Fidel era la retirada gradual de las tropas
soviéticas en Cuba, pues en las más recientes entrevistas con
importantes funcionarios de Estados Unidos, que habían visitado la
URSS, Jruschov le había dado garantías de la salida de estas fuerzas
militares de la isla.
Un tercer aspecto que Jruschov quería tratar —según los
historiadores Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali— tenía que ver
con el apoyo y participación de Cuba en los movimientos
revolucionarios regionales. Señalan que la inteligencia soviética
estaba muy consciente de las actividades de Cuba en apoyo a los
movimientos de liberación nacional. "Aunque Moscú no controlaba los
esfuerzos de Cuba en este aspecto, simpatizaba a todas luces". Sin
embargo, Jruschov estaba preocupado por esto. "Durante la
preparación de la visita de Castro, la KGB le entregó a la dirección
[soviética] un estudio sobre las relaciones entre el régimen
de Castro y los movimientos revolucionarios latinoamericanos".(21)
El traslado hacia la URSS de Fidel y la delegación que lo
acompañaba fue preparado con sumo cuidado. El 26 de abril partió la
delegación cubana en un vuelo secreto y directo de La Habana al
puerto ártico de Murmansk, solo cuando aterrizó el avión fue que se
dio la noticia al mundo de este viaje. "Su itinerario fue secreto de
Estado e incluso no se dio a conocer el tiempo que planeó permanecer
en la URSS", señaló el informe de la embajada de Estados Unidos en
Moscú.(22)
La estancia de Fidel en la Unión Soviética se extendería hasta el
31 de mayo, visitando poblaciones y ciudades desde Siberia hasta
Samarcanda. Fue un "largo y fatigoso viaje" en el que el máximo
dirigente cubano y la delegación que lo acompañó tuvo "la
oportunidad de medir hasta qué grado el sentimiento de solidaridad
[con Cuba] se había desarrollado en el pueblo soviético", lo
cual causó impacto en los cubanos.(23) En el curso de la visita se
produjeron varias reuniones prolongadas entre Fidel y Jruschov,
tenían que hacerse muchas preguntas y había que aclarar muchas
cosas, era una oportunidad para conocerse mutuamente. Con el
propósito de conversar con más comodidad y garantizar la privacidad
requerida, la mayor parte de las entrevistas se realizaron en las
dachas —residencias de descanso— de Jruschov en Zavidovo, cerca de
Moscú, y en Pitsunda, en el Mar Negro.
La primera entrevista tuvo lugar el fin de semana después de los
actos por el Primero de Mayo en la Plaza Roja. Fidel dio pruebas de
su capacidad de ser impredecible; cuando los líderes se reunieron,
el primer aspecto ventilado fue el referido a la Revolución
argelina. (24) El dirigente cubano le comentó que tenía pensado, a
su regreso a La Habana, realizar una escala de trabajo en Argel,
para aquel momento una brigada médica cubana habría llegado a
Argelia.(25) Fidel explicó la difícil y compleja situación económica
y social de ese país(26) y quería que la Unión Soviética hiciera
algo por ayudar al pueblo argelino, aunque no lo manifestó de manera
directa. Jruschov tomó esta idea con entusiasmo y estuvo de acuerdo
con la valoración hecha de la situación argelina. Fidel le comentó a
Jruschov que sentía la necesidad de visitar a los argelinos para
mostrarles su apoyo al gobierno del primer ministro Ahmed Ben Bella.
Jruschov, por razones de seguridad, le aconsejó que no hiciera el
viaje.(27)
Otro elemento importante que manejó Fidel para brindarle ayuda al
gobierno de Ben Bella fue el apoyo que le estaba dando a ese país
los movimientos de liberación nacional africanos.(28) Jruschov le
reiteró a Fidel que no era conveniente para su seguridad que fuera a
Argelia, pero añadió que la URSS estudiaría la posibilidad de
suministrar armas y de brindar ayuda económica al gobierno argelino.
Jruschov dijo de forma jocosa: "ese va a ser el precio para que
usted no vaya a Argelia".(29) El entusiasmo del líder cubano por la
revolución en África contrastaba con las pocas esperanzas de
Jruschov de que "[... ] África resurgiera pronto políticamente
independiente. Consideraba que África, primero tenía que transitar
un largo proceso evolutivo debido al legado del colonialismo. Sin
embargo, deseaba expresar solidaridad con los cubanos". (30)
Dos días más tarde, tuvo lugar un segundo y maratónico encuentro
entre ambos dirigentes. Antes de abordar aspectos de las relaciones
bilaterales cubano-soviéticas, Fidel quiso que Jruschov le explicara
las causas de las divergencias en el campo socialista, en especial
las bases de la tensión chino-soviética. Jruschov, conocedor de la
posición cubana a favor de la unidad dentro del campo socialista
como factor estratégico frente al imperialismo, trató de explicarlo
más claramente, pero sin mucho éxito. Comentó las diferencias de los
líderes chinos con respecto la política soviética de la coexistencia
pacífica.
También el líder cubano se interesó por el conflicto con Albania.
"Siempre quisimos hacer de Albania la vitrina del mundo musulmán
—explicó Jruschov—, sin embargo Stalin había espantado a los
albaneses al prometerle su país al mariscal Tito, de Yugoslavia,
como parte de cierta futura federación balcánica". Aseguró que "Stalin
fue capaz de decir cualquier estupidez en los últimos años de su
vida, cuando ya estaba mentalmente enfermo".(31)
El tema de las relaciones entre la Unión Soviética y Cuba, volvía
a ocupar la atención de la entrevista. El dirigente soviético se
esmeró para tratar de justificar el proceder de la URSS durante la
Crisis de Octubre. "Jruschov habló con mucha franqueza, o por lo
menos con un tono muy amistoso, tratando de explicar", (32)
—relata Fidel. Le mostró, además, toda una serie de
mensajes intercambiados con el mandatario estadounidense. Entre esos
materiales había una nota "escrita en tono muy enérgico", en la cual
se daba respuesta a una insinuación de Kennedy de que iba "a pasar
algo", a lo que él respondió duramente, al contestarle: "Sí, va a
pasar algo, pero algo increíble". También Jruschov le comenta a
Fidel que al parecer esa misiva tuvo algún efecto en Estados Unidos,
pues "el hermano de Kennedy dijo que esa carta era muy dura y que él
por respeto a su hermano no se la iba a enseñar [... ]"(33)
Jruschov siguió leyendo aquella correspondencia, mientras un
traductor las iba traduciendo, explica Fidel, y en una de esas
misivas le dicen: Nosotros por nuestra parte hemos cumplido todos
los acuerdos y nosotros hemos retirado los proyectiles balísticos de
Turquía y de Italia. "Digo yo: ¿cómo? Repítame eso". Nikita
se percata que ha leído un párrafo que no debía leer, "[... ]
entonces se ríe así como se ríe él, enseña los dientes, y yo ya no
insistí, me parecía que había leído bastante. (34) Esta
revelación fue como "mencionar la soga en casa del ahorcado"
(35) —comentó Fidel—, pues me di cuenta de que
secretamente "[... ] medió un acuerdo que seguramente sirvió para
satisfacción de él allí como una compensación, y que consistió en
que los norteamericanos se comprometieran a retirar los proyectiles
balísticos de Turquía y de Italia, cosa que ocurrió casi
inmediatamente después de la Crisis de Octubre, con la argumentación
de que eran armas que ya no tenían mucha importancia dada la
existencia de los proyectiles balísticos intercontinentales, los
aviones, los cohetes Polaris, etc. Y de hecho renunciaron a armas
que estaban situadas en determinadas posiciones, y que fue una
concesión que hizo en secreto Estados Unidos, de la cual nunca se
supo; unos para quedar bien con la opinión americana, otros para
quedar bien internamente, se hicieron esa mutua concesión. Se hizo
ese cambio y [... ] ese cambio que tuvo lugar llegó a nuestros oídos
de esa manera absolutamente fortuita y accidental [... ], pero que
nosotros hubimos de tomar muy en cuenta, ¡muy en cuenta!".(36)
El futuro de las relaciones cubano-soviéticas fue otro de los
aspectos más debatido entre ambos líderes. La máxima dirección
cubana consideraba necesario mantener un enlace más estrecho en
política exterior, especialmente en asuntos militares. Fidel comentó
que, en un inicio, la opinión que la dirección cubana manejó
"[... ] era mantener las tropas [en la isla], incluso
reforzarlas [... ], partiendo de la idea que la presencia de
unidades soviéticas revelaban por lo menos un indicio de un cierto
grado de decisión soviética de combatir en caso de invasión; o un
acuerdo militar colectivo, es decir, algo similar a nuestra
participación en el Pacto de Varsovia [... ]".(37) Para Cuba la
necesidad de buscar un sustitutivo, al acuerdo militar violado
unilateralmente por el gobierno soviético era una cuestión
"inexcusable" y le propuso estas variantes a escoger.(38)
Los historiadores Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali han
afirmado que Jruschov se había preparado para dar una respuesta
negativa. El dirigente soviético —asesorado por los argumentos que
una semana antes le habían sugerido Malinovky, Biryzov y Gromyko
para oponerse a un tratado militar bilateral o la inclusión de Cuba
en el Pacto de Varsovia—, como si pensara en voz alta, preguntó:
¿Sería útil o no un acuerdo militar? ¿Acaso esto podría debilitar
significativamente la posición de Cuba en su relación con el
Hemisferio Occidental? Lo más probable sería que la propaganda
norteamericana trataría de convencer a todo el mundo de que Cuba era
un satélite soviético. Antes de llegar a la conclusión de que el
análisis final lo tendrían que hacer los propios cubanos, Jruschov
explicó que el acuerdo le haría más daño que bien a Cuba.(39)
Esta reflexión podría tener algún sentido si no hubiera mediado
el antecedente de que, exactamente un año antes, le había propuesto
a la dirección cubana el despliegue de cohetes como el modo más
eficaz para disuadir a Estados Unidos de sus propósitos agresivos
hacia Cuba, lo que sirvió de pretexto al presidente Kennedy para
decretar el bloqueo naval y el estallido de la crisis más grave y
peligrosa de la guerra fría. El proceder de Jruschov estuvo
mediatizado por el compromiso que había establecido con Kennedy,
pues la proclamación de un acuerdo de seguridad mutua con Cuba,
podría implicar —según la apreciación soviética— una justificación
para que Kennedy incumpliera su palabra.
Luego que rechazara un acuerdo de defensa mutua —continúan
explicando Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali—, Jruschov llevó la
conversación hacia el asunto de las tropas soviéticas que todavía se
hallaban en Cuba. El dirigente cubano no era partidario de la salida
de esas fuerzas: "[... ] la presencia del personal militar
soviético en Cuba representa la única buena razón contra cualquier
tipo de aventura militar —enfatizaba Fidel—, somos de
la opinión que el personal militar soviético dislocado en Cuba son
como los famosos cohetes. Mientras estén allí, los círculos
militares norteamericanos estarán convencidos de que un ataque
contra Cuba, inevitablemente conducirá a una guerra con la URSS, lo
que es algo que no quieren y temen". Jruschov estuvo de acuerdo,
sin embargo le restó importancia a la amenaza estadounidense, al
señalar que "las tropas soviéticas no podrían permanecer para
siempre, ya que existía la evidencia de una fuerte garantía, que
Kennedy había dado de manera confidencial, de que no invadiría".(40)
Inmediatamente, Jruschov volvió a su plan en juego, el de
convencer a Fidel de que una dependencia demasiado abierta a Moscú
iría en su contra. Señaló que "muchos periodistas y políticos
burgueses especulan que las fuerzas soviéticas en Cuba sostienen el
régimen de Castro [... ] [y] que la retirada de estas fuerzas
socavaría al régimen en Cuba". Jruschov puso énfasis en el tema de
su consejo: "es necesario mostrar que no es así".(41) No obstante,
se ratificó la decisión de la permanencia de uno de los cuatro regi-mientos
de infantería motomecanizados que ya en noviembre pasado se había
concertado con Mikoyan.
Fidel explicó cómo las acciones de la contrarrevolución, apoyada
y financiada desde Estados Unidos, durante los primeros meses de
1963 habían crecido y que esas actividades terroristas iban
dirigidas a tratar de entorpecer la economía del país y crear
condiciones para la subversión interna. Jruschov, por su parte,
habló sobre las experiencias de su país para enfrentar los
movimientos antisoviéti-cos que habían tenido lugar en diferentes
regiones del inmenso territorio multinacional de la URSS. Enfatizó
en la necesidad de combatirla con fuerza y le aconsejó que "uno
siempre tiene que tener en mente que desde el primer momento en que
ocurra cualquier tipo de actividad antigubernamental, uno tiene que
aplastarla con rapidez, de forma decisiva, y sin detenerse, aún en
el caso en que sea necesario disparar... Cualquier titubeo [... ]
puede conducir a consecuencias muy desastrosas".(42) El líder cubano
planteó que la Revolución Cubana, en los momentos que ha sido
necesario, "no se ha amilanado ante medidas decisivas y serias",
que el país "contaba con la fuerza suficiente como para
garantizar el control en cualquier situación".(43) Habló de la
necesidad de reforzar la defensa del país con unidades blindadas, en
especial los accesos a la capital del país, ante cualquier intento
de agresión militar del imperialismo, aunque Jruschov descartó esa
posibilidad por el momento.
El tercer encuentro de ambos líderes se realizó tres semanas más
tarde. Fidel había completado su recorrido por diferentes repúblicas
y ciudades de la URSS, allí el dirigente cubano y la delegación que
lo acompañó pudo apreciar las muestras de simpatías y solidaridad
del pueblo soviético con la Revolución Cubana. Sobre esas
impresiones y su impacto, Fidel comentó: "[... ] lo más
interesante para nosotros fue poder haber tenido la oportunidad de
medir hasta qué grado el sentimiento de solidaridad se había
desarrollado en el pueblo soviético [... ]. Y ese es uno de los
factores que nosotros siempre hemos medido mucho cada vez que se ha
tratado de cualquier posible tipo de polémica pública con el partido
soviético, a fin de no dar lugar a que pueda ser utilizado como arma
para mellar ese profundo sentimiento de simpatía y solidaridad del
pueblo soviético hacia la Revolución Cubana [... ]".(44)
Esta nueva reunión tuvo lugar en la estancia de recreo, en
Pitsunda, ubicada en las orillas del Mar Negro, en presencia de los
jefes del estado mayor de las fuerzas armadas de la URSS y de Cuba,
mariscal Serguei S. Biryusov y comandante Sergio del Valle Jiménez,
respectivamente. La visita de la delegación cubana estaba por
finalizar y con ello vino la necesidad de decidir qué tipo de ayuda
militar y qué garantías de seguridad obtendrían los cubanos. Fidel
le dio a conocer a Jruschov las necesidades militares cubanas, tal y
como le había dicho a principios de mayo. Necesitaba 120 de los
tanques más modernos de la URSS para formar dos brigadas de
blindados, que le darían a las unidades dimensiones de una división
para proteger a La Habana y a la base aérea de San Antonio de los
Baños. Además de estos medios, el dirigente cubano pidió armamento
antiaéreo adicional. Jruschov no accedió a todos los pedidos, a
pesar de su deseo de atenuar las diferencias con los cubanos. Él
todavía padecía por estas discrepancias.(45)
A pesar de negarle a Fidel Castro su lista de deseos, Jruschov
desarrolló un punto táctico al alentarlo a que no pensara en los
tanques como su salvación. Vaticinó que "la defensa de Cuba no
solamente llegaría gracias a una acumulación del poder militar
cubano, sino por la efectiva actividad de inteligencia en el
exterior".(46) El dirigente cubano respondió con diplomacia a esta
sugerencia. Explicó cómo la seguridad cubana, a pesar de no tener
esa experiencia, había penetrado a las organizaciones y bandas
armadas contrarrevolucionarias que actuaban en el interior del país.
Pero el problema no radicaba en este enfrentamiento, sino en la
necesidad de crear un dispositivo de seguridad nacional que
disuadiera a Estados Unidos de agredir a Cuba por el costo militar y
político que este causaría. El líder cubano invitó a su homólogo
soviético a visitar La Habana a finales de año para continuar la
conversación sobre estos temas. Jruschov le pidió a Fidel que "le
dejaran a los generales los detalles de la ayuda militar", convino
en una reunión dos días más tarde entre el comandante Sergio del
Valle y el mariscal Biryusov para que definieran los aspectos de
abastecimiento militar que recibirían los cubanos(47) y le entregó
al líder cubano la primera redacción del Comunicado Conjunto
soviético-cubano, el cual contenía una iniciativa del gobierno
soviético dirigida a contribuir al forta-lecimiento de la economía
cubana, consistente en ajustar el precio del azúcar crudo,
establecidos en los acuerdos vigentes, que compraría la URSS a Cuba
en 1963, a los niveles alcanzados por este producto en el mercado
mundial.(48)
Sin embargo, en la primera redacción del comunicado no se había
escrito nada acerca de la garantía nuclear a Cuba y cuando los
cubanos vieron esto protestaron, refiere Alexander Alexeev,
embajador soviético en Cuba, que acompañaba a la delegación cubana.
De inmediato, le comunica a Jruschov que el Ministro Interino del
Exterior, V. V. Kuznetzov, se oponía a la garantía nuclear. "¡Qué
comemierda!", respondió Jruschov, diciendo que, "por supuesto,
renovaría la garantía que había hecho en el verano de 1960. Fiel a
su palabra, instruyó a los asesores de Gromyko para que insertaran
el término apropiado en el comunicado revisado".(49) Al respecto,
quedó escrito en el Comunicado, firmado el 23 de mayo, por los
máximos dirigentes de ambos países de la siguiente forma: "Los
organizadores de la agresión tienen que tener conciencia de que la
intervención en Cuba pondrá a la humanidad ante la destructiva
guerra termonuclear y de cohetes".(50)
Una semana más tarde, el 29 de mayo, el comandante Sergio del
Valle Jiménez y el mariscal Serguei S. Biryusov, suscribieron en
Moscú "El acuerdo entre el gobierno de la República de Cuba y el
gobierno de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la
ayuda en la elevación del equipamiento técnico de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias y en el reforzamiento de la capacidad
defensiva de la República de Cuba".(51) El documento estableció la
entrega gratuita de la técnica combativa, el armamento y material de
guerra, así como las reservas de víveres, combustibles y equipos de
refrigeración a disposición del personal militar soviético en el
territorio de Cuba en dos plazos: el primero para las tropas
terrestres, con la fecha tope de enero de 1964; y el segundo, para
los medios de las fuerzas de la defensa antiaérea, aéreas y la
marina de guerra, que debía concluir en junio de ese año. Asimismo,
dicho convenio comprometía a ambas partes a diversas obligaciones; a
la soviética con el adiestramiento de los militares cubanos, y a la
cubana con la designación del personal necesario para recibir la
técnica de combate y armamento. El personal cubano seleccionado para
asimilar el nuevo armamento fue ubicado en las unidades soviéticas
para su adiestramiento. La retirada de las tropas de los regimientos
de infantería mecanizados se produjo de manera escalonada durante
los meses de junio a diciembre de 1963 y el grueso de los efectivos
de las distintas armas y especialidades militares, entre mayo y
agosto de 1964.(52)
Concluida la firma del acuerdo, Jruschov invitó a Fidel y a la
delegación militar que lo acompañaba a visitar una base militar de
cohetes estratégicos y presenciar un ejercicio militar táctico de
las tropas terrestres. De allí se trasladaron hacia Tbilisi, capital
de Georgia, donde recorrieron los lugares más notables de esa
república soviética y otras regiones del Cáucaso. En los primeros
días de junio la delegación cubana regresaba al país. Aunque se
logró cierto mejoramiento de las relaciones entre ambos aliados,
quedaron puntos de vistas diferentes entre La Habana y Moscú.(53)
Había quedado pendiente la firma de un nuevo Convenio Azucarero que
garantizaría el suministro de ese producto al mercado soviético a
precios convenientemente aceptables para ambos países, para lo cual
se concibió que Jruschov visitara a Cuba a finales de 1963. El
magnicidio de Dallas, el 22 de noviembre, impidió este viaje. En
consecuencia, entre el 13 y 22 de enero de 1964, tuvo lugar la
segunda visita de Fidel Castro a la Unión Soviética.
En octubre de 1964, el pleno extraordinario del Comité Central
del PCUS, acordó la destitución de Nikita Jruschov, culpándolo entre
otros errores, de desatinos en la gestión de la política exterior
soviética, en particular, frente a Estados Unidos. Sus detractores
lo acusaron de que la apuesta nuclear de Jruschov no tenía sentido
en un mundo en el que la URSS se hallaba en desventaja estratégica
frente a su principal oponente; asimismo, esgrimieron que el
despliegue de cohetes nucleares en Cuba provocó una grave crisis
internacional. A pesar de las diferencias y errores de Jruschov, la
dirección cubana lo consideró como un amigo que, en momentos
difíciles, supo extender su mano solidaria y de cooperación y,
además, cultivó en el pueblo soviético una profunda amistad con la
Revolución Cubana.