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Octubre de 1962: la mayor crisis de la era
nuclear (XXIV) ¿Por qué, después
de todo, no atacamos a Cuba mañana lunes?
RUBÉN G. JIMÉNEZ GÓMEZ (*)
La dirección cubana, y después todo el pueblo, recibió con enorme
entusiasmo la noticia de que había sido derribado uno de los aviones
que violaban descaradamente el espacio aéreo del país. Por primera
vez en un largo periodo de tiempo, la aviación norteamericana, que
se "paseaba" impunemente por el cielo de Cuba, había recibido una
respuesta digna y una lección.
Fuerzas
norteamericanas interceptan para la inspección a un buque soviético.
A las 4 de la tarde de aquel sábado 27 de octubre de 1962, se
efectuó en Washington una nueva reunión del Comité Ejecutivo del
Consejo Nacional de Seguridad. Aunque hacía más de cinco horas que
los restos del U-2 yacían en tierra cubana, todavía en la capital de
los Estados Unidos no sabían nada. Cualquiera diría que tenían
algunas deficiencias en el flujo de la información.
Al inicio de la reunión se comunicó que uno de los aviones U-2,
con base en Alaska, había sobrevolado una pequeña parte del
territorio soviético de la región del Pacífico accidentalmente, por
un error de navegación, cuando tomaba muestras del aire para juzgar
sobre las pruebas nucleares realizadas por los rusos; los cazas
soviéticos habían despegado, pero el U-2 se retiró rápidamente. Se
analizó que los soviéticos armarían un escándalo, pero no podrían
interpretar aquello como la preparación para un ataque de los
norteamericanos. Estuvieron debatiendo qué hacer con la proposición
soviética sobre los cohetes de Turquía y si resultaba conveniente
convocar a una reunión del Consejo de la OTAN. Cuando estaban en
medio de la reunión, cayó la bomba de que un U-2 había sido
derribado en Cuba con cohetes antiaéreos y el piloto estaba muerto.
Los integrantes de la Junta de Jefes de Estados Mayores, que se
encontraban presentes, argumentaron ardientemente a favor de que el
lunes 29, dos días más tarde, fuera asestado el golpe aéreo masivo
sorpresivo contra Cuba y que se iniciara la invasión siete días
después, otros planteaban que debían ejecutar la respuesta que
habían previsto para este caso, es decir, el ataque al grupo
coheteril que hubiera derribado la nave. McNamara dijo que en esa
situación debían estar listos para asestar el golpe aéreo y que la
invasión se había hecho casi inevitable. Que si los soviéticos
atacaban Turquía, la respuesta debía ser en el área de la OTAN, y lo
mínimo sería atacar por mar y aire a la Flota soviética del Mar
Negro.
El Presidente preguntó: "¿Cómo podemos enviar mañana los U-2 a
esa zona, si no eliminamos previamente todas las bases de cohetes
antiaéreos?" Y agregó: "Ahora estamos en un juego de pelota
completamente nuevo".
Al principio hubo casi unanimidad en la opinión de que debían
atacar por la mañana y destruir las bases de los cohetes antiaéreos.
El Presidente estaba informado de que esas armas en Cuba eran
operadas y controladas por soviéticos y consideraba el ataque al U-2
como una escalada por su parte, pero, en definitiva, tuvo la
serenidad y sangre fría necesarias para postergar la represalia
inmediata, y planteó: "No es el primer paso el que me preocupa, sino
que ambos bandos escalemos el cuarto y el quinto peldaños..., y no
digo el sexto, porque probablemente no quedará nadie vivo para
hacerlo. Debemos tener presente que estamos emprendiendo un camino
muy peligroso".(1)
Finalmente, decidieron enviar a Jruschov una carta respondiendo a
la recibida el día 26, obviando la transmitida por Radio Moscú
aquella mañana con la proposición relacionada con los cohetes de
Turquía. Actuar como si ese mensaje no hubiera existido y esperar la
respuesta del líder soviético, antes de emprender algo drástico e
irreparable. Robert Kennedy y Theodore Sorensen confeccionaron la
carta y la sometieron a todo el grupo, después el Presidente la
estudió, la retocó, la hizo pasar a máquina y la firmó. Fue
transmitida al atardecer.
El contenido fundamental del mensaje era: "Si he leído bien su
carta, los elementos básicos de sus proposiciones —que en general me
parecen aceptables—son los siguientes:
"1. Se avendrán ustedes a retirar estos sistemas de armamento de
Cuba, bajo la adecuada observación e inspección por la ONU, y se
comprometerán, con las debidas garantías, a no introducir, en lo
sucesivo, armamento de esta clase en Cuba.
"2. Por nuestra parte nos comprometemos(...): a) a levantar
rápidamente el bloqueo actualmente establecido; b) a dar garantías
de que Cuba no será invadida. Confío en que las otras naciones del
Hemisferio Occidental estarán dispuestas a hacer lo mismo.
"Si da Usted instrucciones parecidas a su representante, no veo
ninguna razón que nos impida completar este arreglo y anunciarlo al
mundo dentro de un par de días".(2)
Al anochecer, el Presidente encargó a su hermano Robert que se
encontrara con el Embajador de la URSS, Dobrinin, y le entregara una
copia del último mensaje enviado al Gobierno soviético; además,
debía comunicarle un ultimátum verbal para su transmisión inmediata
a Jruschov. La esencia del ultimátum consistía en que si los cohetes
no eran retirados inmediatamente de Cuba, los Estados Unidos se
verían obligados a iniciar las acciones combativas no más tarde de
los primeros días de la semana siguiente, es decir, el 29 o 30 de
octubre próximo. En pocas palabras, si los rusos no liquidaban sus
bases coheteriles en Cuba, entonces los propios norteamericanos lo
harían. Robert Kennedy pidió que transmitieran que el Presidente
estaba sometido a una presión cada vez más fuerte por los militares.
El presidente hacía todo lo posible por evitar la guerra, pero con
cada hora aumentaba el peligro de una catástrofe militar. Era muy
necesaria una respuesta positiva, lo más rápido posible, a la
proposición presentada.
Durante la conversación, el Embajador insistió reiteradamente en
la retirada de los cohetes estadounidenses de Turquía si los
equivalentes soviéticos eran sacados de Cuba. Sus argumentos estaban
basados en el principio de igual seguridad y eran convincentes.
Después de consultar por teléfono con la Casa Blanca, Robert Kennedy
declaró que el Presidente lo aceptaba con las condiciones
siguientes: en primer lugar, los Júpiter se desmantelarían de tres a
cinco meses después de la retirada de los cohetes soviéticos de
Cuba; en segundo lugar, ese acuerdo se mantendría en estricto
secreto y no se incluiría en el texto oficial sobre el cese de la
Crisis. (3)
A las 9:00 p.m. se efectuó la tercera reunión del Comité
Ejecutivo en el día. Durante su realización, McNamara planteó la
movilización de 24 escuadrillas de aviones de transporte de la
reserva, lo que incluía 14 000 efectivos y 300 aviones adicionales
para el transporte de tropas; eso era necesario para la invasión.
Dijo también que la movilización de 100 barcos de transporte debía
comenzar al día siguiente, con el objetivo de tener suficientes
buques disponibles para la invasión. El Presidente aprobó las
propuestas y dijo que si los aviones de reconocimiento eran atacados
mañana, los emplazamientos de cohetes antiaéreos existentes en Cuba
serían eliminados mediante un golpe aéreo. Todavía había esperanza,
pero dependía de que Jruschov cambiara su línea de acción en pocas
horas. Lo más probable era un próximo choque militar.
UNA "SOLUCIÓN" NO SATISFACTORIA
Domingo 28 de octubre.
Como se ha sabido posteriormente, en la noche del 27 al 28 de
octubre de 1962, en Moscú no durmieron muchos de los integrantes del
Presidium del Comité Central, ni de los dirigentes principales de
los Ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores. En la casa de
campo gubernamental, en Ogariovo, era examinada la proposición del
Presidente de los Estados Unidos sobre la retirada de los cohetes
soviéticos de Cuba a cambio de la garantía de no invadir el país;
también se tenían en cuenta las informaciones transmitidas desde
Cuba por Fidel Castro y por los militares soviéticos acerca de la
inminencia del ataque norteamericano.
Una y otra vez fueron escuchados los mariscales y generales
invitados, así como los colaboradores del Ministerio de Relaciones
Exteriores... Hasta que se tomó la decisión. Teniendo en cuenta la
urgencia del momento se decidió no esperar por la lentitud del
cifrado y los métodos normales para enviar los mensajes, sino
transmitir la carta de Jruschov a Kennedy en texto claro por Radio
Moscú. El Secretario del Comité Central del Partido, Ilichov,
cumplió las funciones de "mensajero"; en cuanto llegó a las
instalaciones de la radio moscovita, el locutor interrumpió la
transmisión normal y comenzó la lectura de la carta.
De nuevo el Gobierno soviético cometía un error durante la
Crisis, el texto ya se estaba haciendo público y no había sido
concertado con el Gobierno cubano, cuyos integrantes lo conocieron
mediante aquella transmisión radial.
El contenido fundamental de la carta era que: "Veo con respeto y
confianza la declaración, expuesta en su mensaje del 27 de octubre
de 1962, de que no se cometerá un ataque contra Cuba, de que no
habrá invasión (...) Entonces los motivos que nos impulsaron a
prestar ayuda de ese carácter a Cuba desaparecen. Por eso hemos dado
instrucciones a nuestros oficiales (...) de adoptar las medidas
correspondientes para que cese la construcción de los mencionados
objetivos, para su desmontaje y devolución a la Unión Soviética".
(4)
Esta noticia fue recibida con júbilo en Washington, especialmente
después de la tensión experimentada durante las últimas horas y
días. Mas no todos compartían aquellos sentimientos. Algunos de los
integrantes de la Junta de Jefes de Estado Mayor continuaron
insistiendo en la necesidad de la acción militar, afirmando que no
se podía creer en los rusos ni en Castro y había que llevar el
asunto hasta el final, liquidando el incómodo régimen de la Isla.
Opinaban que, en cierto modo, habían sido traicionados, perdiendo la
oportunidad que ya veían al alcance de la mano. Cuando se supo la
noticia, durante la reunión del Comité Ejecutivo el almirante George
Anderson, jefe de operaciones navales, exclamó en voz alta que
ellos, los norteamericanos, "habían perdido la partida", y con
visible indignación preguntó a los presentes: "¿Por qué, después de
todo, no atacamos a Cuba mañana lunes?"(5),
opinión que fue secundada por el general Curtis LeMay, jefe de la
Fuerza Aérea.
Mientras tanto, cuando la dirección cubana supo del acuerdo
manifestó su inconformidad, pues la garantía de la palabra del
Presidente norteamericano tenía muy poco valor para ellos, como
había demostrado la historia de los últimos años. Por eso, en la
tarde de aquel domingo el comandante Fidel Castro planteó sus
conocidos "Cinco Puntos", manifestando que: "No existirían las
garantías de que hablaba Kennedy, si, además de la eliminación del
bloqueo naval que prometía, no se adoptaban las medidas siguientes:
"1. Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión
comercial y económicas que ejercen los Estados Unidos en todas las
partes del mundo contra Cuba.
"2. Cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y
desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de
invasiones mercenarias, infiltración de espías y sabotajes, acciones
todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos
y de algunos países cómplices.
"3. Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases
existentes en Estados Unidos y en Puerto Rico.
"4. Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por
aviones y navíos de guerra norteamericanos.
"5. Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del
territorio cubano ocupado por Estados Unidos".(6)
¿Qué solicitaba el dirigente cubano con esos planteamientos?
¿Acaso pedía un pedazo de la luna o algo inconcebible, imposible de
otorgar a nadie? ¡No! Eran cuestiones sencillas y sobre bases
decorosas, que podían constituir las justas aspiraciones de
cualquiera de los ciento y tantos países del mundo, incluidos los
propios Estados Unidos, eran derechos elementales. ¡Qué mal estaban
la justicia y la equidad en el mundo, cuando alguien tenía que hacer
aquellas demandas! Los gobernantes norteamericanos no quisieron ni
oír hablar de los Cinco Puntos, considerándolos como un programa
inalcanzable en aquel momento. Y cabría preguntarse: ¿por qué?, ¿por
qué el pueblo cubano no podía aspirar por el momento al cese del
bloqueo económico, a que terminaran las actividades subversivas, el
sabotaje y los ataques piratas, entre otras cosas? ¿Es que acaso
eran privilegios de los que no gozaba ningún otro pueblo del mundo?
Pero es más, ¿por qué se mantienen esas condiciones anormales para
Cuba todavía, 50 años después? El bloqueo sigue en pie y
considerablemente robustecido, Guantánamo sigue ocupado por los
yankis, continúan las actividades subversivas, etc.
Sin embargo, en la opinión de Jruschov, expresada en sus
Memorias: "La importancia principal de la Crisis del Caribe radica
en que esta prácticamente bendijo la existencia de la Cuba
socialista. Aseguramos la existencia de Cuba socialista durante dos
años más, mientras Kennedy estuviera en la Casa Blanca, y teníamos
la impresión de que sería elegido para un segundo mandato. O sea,
cuatro años más. Seis años en total (...)" "Instalamos los cohetes
para prevenir la amenaza de invadir a Cuba y luego los retiramos,
después de obtener la promesa de no invasión por el Presidente de
los Estados Unidos (...) Retiramos los cohetes únicamente después de
haber logrado ese acuerdo, y considero que la decisión fue muy
buena, el precio que pagamos fue bajo. Los gobernantes de los países
capitalistas todo lo valoran en dólares, y si analizamos el asunto
sobre esas bases, resulta que la operación fue provechosa. Nuestros
gastos fueron solamente por concepto de transportación de los medios
técnicos militares y de varios miles de soldados. Eso fue lo que
costó garantizar la independencia de Cuba (...) Estoy orgulloso de
ello. Fue una decisión correcta".(7)
Años después, el Comandante en Jefe Fidel Castro planteó en una
entrevista: "En la forma en que la Crisis se solucionó nos dejaron
aquí todo: nos dejaron el bloqueo, nos dejaron la guerra sucia, nos
dejaron la Base de Guantánamo, nos dejaron los ataques piratas (...)
Nosotros fuimos los que menos ganamos con el tipo de solución que se
dio a la Crisis.
"La fórmula correcta hubiera sido: estamos dispuestos a retirar
los proyectiles si Estados Unidos da garantías satisfactorias a
Cuba.
"Nadie hubiera estado dispuesto a ir a una guerra nuclear por
cosas intrascendentes para Estados Unidos y para el mundo, y que, en
cambio, sí tenían mucha importancia para Cuba". (8)
En definitiva, se había evitado la guerra, pero no se había
obtenido la paz..., por lo menos en lo que a Cuba y su pueblo
respecta.
Terminaba así la etapa más candente de la Crisis.
EPÍLOGO
La fase abierta de la Crisis tenía en aquellos momentos siete
días de vida. La "cuarentena" estaba implantada desde hacía cinco
días... Cualquiera podía pensar que la partida estaba en punto de
mate. Mas si lo pensaba se equivocaba de medio a medio: la Crisis,
es verdad que con menores intensidad y peligro, subsistió aún
durante 23 días. Aunque casi no se pueda creer.
El propio 28 de octubre, a las tres de la tarde, el jefe de la
Agrupación de Tropas Soviéticas en Cuba, general de ejército Pliev,
comunicó al jefe de la división coheteril estratégica, mayor general
Statsenko, la Directiva No. 7665 del Ministro de Defensa de la URSS,
en la que se exigía desmontar las posiciones de lanzamiento y
trasladar la división a la URSS con sus medios y efectivos.
El 29 de octubre comenzaron el desmantelamiento de los
emplazamientos y el 31 los trabajos habían finalizado. El día 30
partió de regreso a la URSS la motonave "Alexandrovsk", llevando de
vuelta las cabezas de combate nucleares de los cohetes de alcance
intermedio R-14. Comenzaba entonces un prolongado litigio motivado
por la exigencia de los norteamericanos de que fueran retirados
también los bombarderos ligeros IL-28; vendrían nuevas amenazas y
tensiones que se prolongarían durante otras tres semanas. Durante
este periodo, exigieron también la verificación in situ del
desmantelamiento y salida de los cohetes, con pretensiones de
rebuscar en cuevas y otros lugares para convencerse de que no
quedaban escondidos algunos de los proyectiles. Esas ilusiones se
estrellaron contra la actitud firme y digna de los dirigentes
cubanos, que no permitieron ninguna inspección del territorio
nacional. En definitiva, por otra concesión más de los soviéticos la
salida de los cohetes fue verificada en el mar, fuera de las aguas
jurisdiccionales de Cuba, y Jruschov afirmó varias veces por escrito
que todas las cargas nucleares ya habían sido retiradas: no estaba
bien informado o era una mentira más, pues estas permanecieron en
Cuba hasta el 1º de diciembre de 1962, casi dos semanas después de
ser suspendida la "cuarentena" y liquidada la Crisis, fecha en que
partieron de regreso en la motonave "Arjanguelsk" (9),
después de permanecer durante 59 días en condiciones tropicales.
Los cohetes se retiraron del trópico entre el 5 y el 9 de
noviembre. Durante aquel periodo tuve que pasar dos tragos amargos.
El primero fue cuando conocimos en las trincheras la noticia de que
los soviéticos se llevaban los cohetes. No fui de los que lloraron
en aquellos momentos, aunque algunos lo hicieron. Mas no lloraron
por miedo, sino por el profundo disgusto que todos teníamos por lo
que considerábamos una traición y una cobardía de los soviéticos en
esos difíciles momentos. Los amigos se iban con sus armas y los
enemigos se quedaban, aunque juraran por Dios y todos los santos que
no nos invadirían, es decir, a cambio de la retirada de los cohetes
solo afirmaban que no cometerían un terrible delito internacional,
no violarían la Carta de la ONU ni a las once mil vírgenes.
Después del 28 de octubre el Batallón Universitario fue
trasladado para la costa, a defender un sector entre Quiebra Hacha y
Mariel, donde apuré el segundo trago amargo de aquellos días, cuando
observamos la partida de algunos de los barcos en cuyas cubiertas se
apreciaban a simple vista los cohetes, para que fueran contados por
los estadounidenses desde barcos de guerra, aviones y helicópteros.
El 5 de noviembre fue confeccionado por la CIA un documento
titulado: "Problemas que afrontaremos en Cuba en el futuro", el cual
reflejaba el sentir de una parte de los integrantes de la
Administración norteamericana. Entre otros "problemas" señalaba los
siguientes:
—Castro se mantendrá en el poder (...) Mantendrá su organización
política cohesionada. Será más violento que en el pasado.
—Militarmente será más fuerte. Recientemente ha recibido vastas
cantidades de armamento (...) Por lo tanto, tiene más para su propia
defensa y para entregar a los grupos insurgentes por todo el
Hemisferio.
—Tendrá capacidad naval y aérea contra América Central y la
franja norte de América Latina.
—Al mantener los cohetes antiaéreos, tendrá un escudo contra la
inspección aérea, por lo que podrá acordar con los soviéticos la
reintroducción de los cohetes de alcance medio e intermedio con una
seguridad razonable.
En los primeros días de noviembre, los restos del mayor Rudolf
Anderson fueron devueltos a los Estados Unidos y entregados a sus
familiares. Tengo entendido que el presidente Kennedy escribió
personalmente una carta de condolencia a su viuda; ese fue un gesto
noble y encomiable. No obstante, las esposas, madres e hijos de los
más de 150 cubanos muertos cuando la invasión de Bahía de Cochinos
aún esperaban por un gesto similar. Además, los familiares de las
víctimas que perecieron como consecuencia de sabotajes, diversas
actividades terroristas, ataques piratas o asesinados por las bandas
contrarrevolucionarias organizadas y amamantadas por distintos
gobiernos norteamericanos durante los últimos 53 años, aún esperan
por gestos similares de cualquiera de los presidentes
norteamericanos posteriores a 1959.
En definitiva, la "cuarentena" fue levantada y la situación se
normalizó el 20 de noviembre de 1962, cuando Jruschov comunicó que
los bombarderos ligeros IL-28 serían retirados también. Ese día
regresamos al edificio de becados para continuar nuestros estudios
en la Universidad de La Habana. Mas, aunque parezca increíble, los
norteamericanos no llegaron a formalizar su compromiso de no invadir
a Cuba en ningún documento oficial de la ONU ni de nadie, la cosa
quedó a nivel verbal, de palabra, vaya, de las que se lleva el
viento. La no ejecución de la tantas veces pronosticada invasión, se
ha debido a la unidad de la gran mayoría del pueblo cubano, a su
cohesión en torno a sus líderes, a su preparación combativa y
decisión de luchar hasta las últimas consecuencias, al prestigio
internacional y la popularidad y respeto de que goza la Revolución
Cubana, así como al hecho de que sus dirigentes nunca han facilitado
el pretexto para la realización de una agresión. (Fin de la serie
de este autor) (Granma continuará el próximo sábado con otros
autores).
(*) Teniente coronel (r) y fundador de las Tropas
Coheteriles
1 Kennedy, Robert: Trece días (La crisis de¼
) Ob. Cit, pp. 95-96.
2 Idem, p. 100.
3 Operación Estratégica "Anadir" ¿Cómo fue?... Ob. Cit.
4 Un pueblo invencible... Ob. Cit., p. 61.
5 Schlesinger, Arthur M.: Robert Kennedy and his Times. Ballantine
Books, 1978, p. 565.
6 Diez Acosta, Tomás: Peligros y principios... Ob. Cit., p. 170.
7 Operación Estratégica "Anadir" ¿Cómo fue?... Ob. Cit.
8 Shriver, María: Misiles en el Caribe... Ob. Cit.
9 Al borde del abismo nuclear... Ob. Cit. p.
Entregas
anteriores:
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Octubre de 1962: la mayor crisis de la era
nuclear (XXIII):
Controversia
sobre la orden que derribó al U-2
·
Octubre de 1962:
la mayor crisis de la era nuclear (XXII): Moscú ofrece fórmulas
incoherentes para solucionar la Crisis, sin contar con Cuba
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XXI):El hacha de
piedra estaba al doblar de la esquina
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XX): La
respuesta de la Revolución
Octubre
de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XIX): Crecen las
tensiones; se desata la guerra mediática
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la
era nuclear (XVIII): ¿Había llegado la hora para una invasión
a Cuba?
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la
era nuclear (XVII): La Crisis en pleno apogeo
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la
era nuclear (XVI): Bloqueo, pero después el
golpe aéreo
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la
era nuclear (XV): Atacar o no atacar, he ahí
la cuestión
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XIV): La
histeria se desencadena
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XIII): La clave
que nunca se usó: “Al Director: la cosecha de caña de azúcar marcha
con éxito”
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XII): Nunca
rendiremos cuentas de nuestra soberanía
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (XI): Si Jruschov
hubiera escuchado los planteamientos que le hicimos no ocurre la
crisis
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (X): Si Jruschov
hubiera escuchado los planteamientos que le hicimos no ocurre la
crisis
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (IX): Si Jruschov
hubiera escuchado los planteamientos que le hicimos no ocurre la
crisis
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Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (VIII): Si
estamos haciendo una cosa absolutamente legal, absolutamente justa,
¿por qué ocultarlo?
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Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (VII): Ocupando
posiciones
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Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (VI): La
travesía, ¿en qué condiciones?
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (V): Una reunión
histórica y una decisión de última hora
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (IV): ¡Manos a la
obra!
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (III): Algunos
errores de apreciación
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (II): Nacimiento
y aprobación de la Operación “Anadir”
·
Octubre de 1962: la mayor crisis de la era nuclear (I): Surge una
idea audaz e inesperada |