Tengo
muchos años, compañeros. Demasiados. Y suele ocurrir que uno vaya
desestimando expectativas. La realidad nos golpea duro. A diario. Y
cuando nuestros modestos y esperanzados esfuerzos de "dar una mano"
parecen haberse ido al tacho... ¡surge lo inesperado!
Aquello que de tan comentado, pasó desapercibido. Aquello que
nadie me dijo. Porque si había algo que yo creía conocer de pe a pa,
era la revolución cubana.
No puedo cuantificar cuántos miles de horas habré destinado a
escuchar, leer e informarme sobre este suceso, que cada día parece
ir, empecinadamente, a contramano de lo lógico, lo comprensible, lo
"natural".
Porque todo fue y sigue siendo una "locura hermosa". ¿Revolución
a 90 millas del imperio más grande de la historia? ¡una locura!
¿Asalto al Moncada, con 135 hombres mal armados? ¡una locura!
¿Desembarco del Granma con 82 hombres para disputar el primer
combate con los 12 sobrevivientes, ¡y ganarlo!?... ¡locura
imposible! ¿Resistir un bloqueo 50 años? ¡locura total!
Porque en Cuba, las cosas son. No existe otra posibilidad.
No tienen ni idea de lo que significa la palabra imposible. Se
prueba, se cambia, se insiste. Y si las cosas no salen, se prueba
otra vez.
Al final... ¡las cosas se rinden!
Y las cosas salen. ¡Qué remedio les queda!
Ahora bien: todo esto yo lo conocía. Solo fui a verlo, a
disfrutarlo, como buen "cholulo" criollo que soy, a hacer "turismo
revolucionario" que le dicen.
Pero mis proyectos salieron mal. Desde el primer día "me entraron
a dar". Sin lástima. Claro que algún "sagaz" lector, quizás se esté
formando la idea que el enfoque de esta crónica, es una "trampita"
para captar la atención sobre algo "ya muy trillado". Los que creen
que "sabían todo sobre Cuba" (como yo), quizás coincidan conmigo en
una cosa: ¿Cómo es posible que cuba siga en pie?
Porque cuando uno mira el panorama internacional y ve caer como
castillos de naipes países enteros ante la imponente maquinaria
imperial, cada día más sofisticada y destructiva, haciendo pedazos
aldeas y ciudades, con portaaviones, tanques, misiles y cuanta cosa
pueda ser imaginada para destruir, aplastar, atemorizar al género
humano... ¡uno tiembla por Cuba! Porque cada vez que este reino del
terror inicia una nueva incursión, uno tiembla por Cuba. Es
inevitable.
Entonces, ¿cuál es la causa que eso no ocurra? Cuando ya me
resignaba a morirme sin descubrirlo, estos personajes increíbles, me
dicen con un gracejo sonriente: ¡Aquí los yankis ya probaron
candela, caballero! ¡Y pude descubrir que no bromeaban!
Porque por primera vez pude ver, realmente, todos los
ingredientes que conforman una realidad, cuyo nombre todos usamos
hasta el hartazgo, pero no sabemos muy bien lo que significa. Esa
realidad se llama REVOLUCIÓN.
Y la vi en cada cosa, en cada casa, en cada persona. Porque
tienen muy claro que las revoluciones empiezan en cada uno. Y que
deben ser el reflejo de nuestros valores y principios.
Tengo 25 horas de filmación, porque al contar lo que vi, corría
el riesgo que alguno por ahí me dijera: ¡Andáaaaaa!
Porque si digo que cuando le pregunté a un taxista (colega) si
habían ocurrido asaltos, me miró asombrado y me contestó:
¿Y a quién se le va a ocurrir asaltar un taxi, caballero? Cuando
le dije que en mi país teníamos una mampara blindada en las taxis,
porque nos mataban dos o tres compañeros por año, pensó que le
mentía. Y me dijo, pero entonces en tu país son mafiosos, chico.
¡deben andar todos armados! Todo esto lo tengo filmado. Está a la
orden para quien no crea.
Pero en esta pequeña entrega, solo me referiré a una cosa.
El primer día que llegamos, nos dijeron que había una actividad
en un teatro de niños en la ciudad vieja. Era opcional. Yo estuve
tentado de no ir, ya que me interesaba hablar con personas, ver
gente,... en fin. Cosas de turista. Pero me pareció una descortesía
no ir. Allá fuimos.
El teatro se llamaba La Colmenita, y era la nueva versión de uno
anterior que se quemó, no sé en qué circunstancia y que se llamaba
La Colmena. Ahora funciona una compañía de niños. Muchos niños.
El teatro estaba lleno. Pero me llamó la atención la cantidad de
extranjeros. Muchos yankis, alemanes, holandeses, en fin, éramos un
montón.
Mientras nos sentábamos, una "orquesta" (de niños por supuesto)
tocaba, (y muy bien) canciones cubanas que todos conocíamos. La
percusión ocupaba un lugar importante, pero todos se daban espacio.
Luego vino la obra. Abracadabra se llamaba. Y la trama nos
fue llevando, muy lentamente, en el drama de una maestra joven, que
se niega a que le impongan conceptos antiguos. Se ve la discusión
con el Director, y cómo los niños muy sabiamente la empiezan a
apoyar. A ellos les gustan las cosas nuevas. En este caso la maestra
les puso una tarea:
Y buscar ejemplos, por supuesto. No se las voy a contar, pero
después de múltiples situaciones de gran ternura, en que todos
observábamos asombrados, con un primer actor que no tenía más de
cuatro años, "caen" en cuenta que algo esencial para la patria es
rescatar a los cinco prisioneros cubanos. El "cómo", es algo que hay
que verlo, no se puede describir.
Cuando bajó el telón, todos llorábamos, y para nuestra sorpresa,
aparecieron desde atrás los niños que momentos antes estaban en el
escenario, y se metían por las filas del público, besando a todo el
mundo y agradeciendo haber venido. Nos fuimos muy impresionados, y
más cuando nos enteramos que (estos cubanos, ¡siempre desprolijos!)
ya habían exportado La Colmenita a varios países. Pueden verlo en
Internet.
Pero eso no queda ahí. En ese país del NUNCA JAMÁS que no
necesita publicidad, había por todos lados grandes carteles con
fotos de los compañeros presos y leyendas que pegaban fuerte: los
queremos de vuelta, en traerlos nos va la vida, ellos confían
en nosotros. Y muchísimos más. Por toda Cuba. Porque uno de los
principios de la Revolución es la lealtad con los compañeros. Ahí,
los compañeros importan, todos los compañeros.