Carlos
Saborit Verdecia recuerda con nostalgia los primeros años de la
Revolución, su mochila siempre lista, la capacidad de su ba-tallón
de combate, en Bayamo, de reunirse en media hora ante una
emergencia, y las dos veces en las que estuvo tan cerca de Fidel que
casi pudo hablarle.
Inconforme, no le basta con haberse incorporado a la Asociación
de Jóvenes Rebeldes desde poco después del triunfo de la Revolución,
pertenecer al grupo de los Cinco Picos, fundar las Milicias
Nacionales Revolucionarias (MNR), atrincherarse durante la Crisis de
Octubre, enrolarse en las recogidas de café, las zafras del pueblo¼
La década de los ochenta resultó particularmente peligrosa para
la Revolución, sobre todo con el ascenso de Ronald Reagan a la Casa
Blanca, precisamente el 20 de enero de 1981. Ante cada escalada
enemiga, se imponía la acción defensiva y previsora de Cuba.
Por eso, ese mismo día, y en el simbólico escenario de la Batalla
de Guisa, nacían las primeras unidades de las Milicias de Tropas
Territoriales (MTT).
Saborit, entonces subteniente de la Reserva, resultó el escogido
para leer el juramento.
"Sabíamos que eso tenía que quedar bien, pero no era fácil,
porque el acto estaría presidido por el jefe del Ejército Oriental y
otros dirigentes, y yo no tenía experiencia en algo así", cuenta a
Granma, 30 años después de los hechos.
—¿Hasta cuándo permaneció en las MTT?
Fui político del regimiento, luego pasé a laborar en el Estado
Mayor Provincial de Granma, hasta que mi angina de pecho, me obligó
a reposar.
"No obstante, me incorporé a una Brigada de Producción y Defensa,
pero hace ya unos años el médico me dijo que debía seguir
indicaciones rigurosas, no realizar esfuerzos físicos¼
y no pude continuar, pero no olvido a las Milicias, ni a las MNR, ni
a las MTT. Me enorgullezco de ser miliciano."