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Y es que Gismontiana, para cuatro guitarras y cuarteto de
cuerdas, es una de esas partituras encantadas que orientan al
público cuánto se puede hacer por ennoblecer la tradición sonora de
Nuestra América a partir del talento supremo de dos enormes músicos:
Egberto Gismonti, proveedor de los materiales originales, y Leo
Brouwer, recreador de ese maravilloso mundo.
Gismonti (1947), resumió en pocas palabras la importancia del
homenaje: "Los brasileños sentimos respeto y admiración por los
amigos, y Leo lo es, y porque viene de Cuba, país al que también
admiro por su música¼ " El Ministerio de
Cultura, en correspondencia con esa identidad, le confirió al
maestro brasileño la Distinción por la Cultura Nacional.
El programa, que había comenzado a gran altura con Sonata del
caminante para guitarra (2007), de Brouwer, por Víctor
Pellegrini, tuvo más de un momento excepcional, como la
interpretación de Diez bocetos para piano (dedicados a
Gismonti –2006–2007), en los que se lució el joven pianista Harold
López–Nussa, al que el brasileño elogió altamente. Obra para
paladear con fruición por la ingeniosidad de cada pasaje dedicado a
maestros de la pintura cubana, Leo Brouwer volvió aquí a demostrar
su vasta cultura y excepcional magisterio.
Y para que la magia fuera total: Gismonti accedió a tocar. Por
unos minutos construyó imágenes irrepetibles, completadas cuando
invitó a la cellista Amparo del Riego para repasar el tema del
inefablemente gismontiano Pan y vino.