¡Mujeres!

ALFONSO NACIANCENO

Foto: IBAFAlejados de los tufos machistas, el irrefutable éxito de la mujer en el mundo en que vivimos nos hace admirarlas, respeto que incorpora al acervo cultural vocablos antes solo empleados en sus acepciones masculinas.

Las féminas han acuñado —a partir de su inusitada obra— palabras que desde el primer instante suenan bien al oído, porque las utilizamos para referirnos a ellas, semilla y árbol de la vida.

Ejemplo: Ahora, a la sazón del Campeonato Mundial Femenino de Béisbol en Venezuela, y aunque a algún diletante del idioma pudiera parecerle un tanto inusual, comentamos sobre: bateadoras, lanzadoras, receptoras, torpederas, etc. Adiciones al léxico que lo enriquecen y ponderan a sus protagonistas.

Muy lejos en el pasado quedaron los tiempos de la seudorrepública cuando las jovencitas apenas practicaban el baloncesto y el voleibol en las escuelas. En nuestro país, el triunfo revolucionario de 1959 dio pie al deporte para todos, conjugado con la aplicación de la ciencia y la técnica, sendero recorrido por mujeres y hombres que muestran sus insospechadas capacidades para superarse a sí mismos.

Si el béisbol, boxeo, atletismo, judo, lucha, voleibol y otras especialidades han sido fuente de victorias en escenarios olímpicos, mundiales y regionales, hoy las cubanas —en cifra creciente en nuestras delegaciones—, amplían su diapasón competitivo al propio béisbol, el softbol, el balonmano, levantamiento de pesas, lucha libre, fútbol, triatlón, taekwondo, kárate, entre otras disciplinas.

¿Acaso no causa admiración ver a una Gran Maestra de ajedrez, tablero por medio, frente a un homólogo en un importante torneo? No solo participan en el mundo de los trebejos frente a los hombres como expresión de confrontación sui géneris, sino que lo hacen con éxito para ser una fuerza apreciada en el contexto internacional de las 64 casillas.

Superadas incomprensiones, predisposiciones y conceptos que cercenaban la participación de la mujer en el deporte, desde edades bien tempranas reclaman su lugar en el ámbito nacional y más allá de las fronteras. Sin pretender aludir a una cronología de los miles de eventos en los que las atletas han prestigiado a Cuba, en estos mismos momentos, un grupo entre 14 y 18 años nos representa en los I Juegos Olímpicos de la Juventud, en Singapur. El mes pasado, Venezuela acogió el XII Campeonato Mundial Femenino de Softbol, donde rivalizaron 16 selecciones; el torneo Capablanca in Memoriam con su distintiva nómina femenina también da fe de su estirpe, mientras los Villa de La Habana de esgrima reciben cada año a la flor y nata del planeta para constituir un evento sin igual en el país.

No es preciso abundar en detalles, significativos han sido los aportes de la mujer en Juegos Olímpicos, Panamericanos, Centroamericanos y Campeonatos Mundiales, como significativo es su actual contribución al desarrollo del deporte y a la salud en otras naciones hermanas.

Ya no solo se les ve compitiendo en una lid. Igualmente imparten justicia como árbitros o jueces en deportes de apreciación, de combate y en juegos con pelota a la manera de la última Liga Mundial de Voli, con sus fines de semana en la Ciudad Deportiva.

No existe frontera que la mujer no rebase. Es ama de casa y trabajadora; hija, madre y nieta al mismo tiempo; estudiante y profesional; campesina y obrera calificada; hermana, amiga, compañera en el hogar, es la suma de inmarcesibles empeños desbordados en el haz de la sociedad.

Necesariamente habrá que seguir ampliando el vocabulario, pues su indeleble huella inunda de vida nuestro entorno. Y al igual que hoy decimos médica de la familia; hablamos de peloteras y taekwondocas. Aunque al diletante del idioma le parezca inusual.

 

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