Roberto
Perdomo ha convertido su carrera desde hace mucho en una prueba de
resistencia física. Pero a diferencia de los corredores de largo
aliento que participan en la maratón olímpica, este guitarrista,
compositor y cantante dirigió con notable puntería sus fuerzas a
defender la causa del rock and roll. Un propósito al que se entregó
con convicción de espartano desde hace ya más de una década.
A
partir de su debut en el segundo tramo de los años 90, Perdomo
demostró que tiene los ojos (y oídos) muy abiertos a todo lo que
pueda enriquecer su propuesta artística. Por aquellos tiempos empezó
a armar los cuatro demos de su repertorio que toman prestados
argumentos de la mejor tradición de la canción de autor: Antes de
empezar, Sandra, Partes de mí y Contra la pared.
Pero no se limitó a la producción de su trabajo en solitario.
Como un pelotero que ostenta un average de 350 y sabe que tiene para
más. Movido por inquietudes diversas decidió dar en el 2003 uno de
los pasos más importantes de su vida musical hasta el momento, y
emprendió la aventura de armar su propia formación bajo el nombre
Tesis de Menta. Lo hizo en conjunto con su media naranja artística y
espiritual, Beatrix López. Desde entonces los seguidores de la buena
música han sido testigos del proceso de maduración de este grupo que
se ha consolidado como uno de los buques insignias de la armada
roquera cubana.
Con una sonoridad inscrita dentro de lo que se conoce
internacionalmente como rock de orientación para adultos (AOR por
sus siglas en inglés), la alineación, integrada además por Jesús
Sanabria (guitarra líder), Daril Vaillant (bajo), Jany Cruz (tecladista),
Mireya Torres (voces) y Daniel Zaldìvar (batería), ha tenido la
oportunidad de grabar dos fonogramas, Mi Generación (Egrem) y
Fragmentos (Colibrí), cuyo árbol genealógico se apropia de
diversas fuentes, desde el blues, el jazz, las líneas melódicas del
rock inglés hasta texturas psicodélicas.
Recientemente la banda confirmó la validez de su tesis en el
Maxim Rock. Allí compartieron escenario con el grupo canadiense The
Slates. Esta escudería, oriunda de Edmonton, fue invitada a Cuba por
la Asociación Hermanos Saíz de Sancti Spíritus para llevar adelante
otro capítulo del proyecto de intercambio cultural Solidarity Rock.
En el concierto los "Tesis" dejaron caer un rosario de temas de sus
dos manifiestos fonográficos que apuntan a los dramas existenciales
del ser humano que busca alguien para amar (como dirían los
Jefferson Airplane), a las venturas y desventuras del mundo real, y
a las batallas que lleva sobre sí el hombre de este siglo.
El show sirvió, entre otras cosas, para mostrar que la alineación
vive una época de esplendor debido, en gran medida, al acople y el
desempeño de sus integrantes. En tal sentido hay que mencionar
especialmente a Beatrix, que ha devenido una de las vocalistas de
excelencia dentro del panorama cubano contemporáneo, gracias a su
facilidad para transitar por variados registros y a la fuerza de su
carácter como frontman que le permite comunicar afiladas
emociones con sentimiento y sensibilidad. Del mismo modo resalta la
capacidad múltiple de Perdomo, quien alterna su función en el puesto
de la guitarra rítmica con el trabajo vocal, y establece una
estrecha conexión con su público más fiel. Pero, sin dudas, otra de
las cartas ganadoras de los "Tesis" es su guitarrista líder, Jesús
Sanabria. Graduado de Instructor de Arte, este músico volvió a
ratificar que ha superado su estatus de promesa para convertirse en
uno de los motores musicales del ensamble. Lo anterior lo confirma
el vuelo artístico y la limpieza de su ejecución, atributos que le
permiten afianzar su poder como instrumentista e impactar
favorablemente en el plano sonoro de la banda.
Tras casi una hora los locales dejaron caliente el Maxim a The
Slates, quienes descargaron toda su energía desde el principio con
la interpretación de Blitzkrieg Bop, uno de los himnos de los
padres fundadores del punk, Los Ramones. De ahí en adelante
ofrecieron un set alegre y refrescante que jugó a favor del diseño
de este espectáculo que no solo dio otra lección de que el rock and
roll hecho con el corazón sigue siendo un vehículo perfecto para
hermanar culturas: también permitió ver la atendible progresión de
Tesis de Menta y de su líder Roberto Perdomo que, como hacen los
grandes guerreros del deporte, dejan siempre la piel sobre el
terreno.