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¿Qué pasa con la pelota en Matanzas?
VENTURA DE JESÚS
La pregunta se la hacen
los matanceros en todos los rincones de la provincia. La gente
quiere saber qué sucede en la llamada cuna del béisbol.
La pobre actuación de
los matanceros en los años más recientes tocó fondo en la pasada
contienda, al ocupar el último lugar.
Pocos aficionados asisten al Victoria de Girón.
No es que se vaya a
acabar el mundo porque el conjunto de esta región no protagonice un
buen papel, pero como sabemos el béisbol lo llevamos en la sangre y
le quita el sueño y hasta el apetito al más pinto de los cubanos.
Hay quienes se atreven a
decir que el deporte en la provincia se encuentra en crisis, algo
que se desmiente con solo echar una ojeada al desempeño de los
matanceros en la II Olimpiada del Deporte Cubano, donde lograron 51
medallas y se ubicaron en cuarto lugar por provincias.
Matanzas es además la
tercera que más aporta a los centros de alto rendimiento, y ocupa
el mismo peldaño en títulos acumulados en los Juegos Escolares.
Pero volviendo al
asunto. No puede concebirse un estadio más desolado que el Victoria
de Girón. Los pocos aficionados van a ver al equipo contrario, y la
mayoría prefiere atragantarse sus remordimientos en casa.
El conjunto de Matanzas
no aporta siquiera un pelotero a la preselección nacional. Algo
similar ocurre en la categoría juvenil. En ambas, por cierto, se
ubicaron en el último puesto.
En las peñas, centros
de trabajo y esquinas los aficionados se muestran afligidos... Se
habla de falta de disciplina, poca cohesión, ausencia de buenos
lanzadores, inestabilidad en los directores; que no se utiliza la
velocidad en función de la ofensiva...
Los especialistas hablan
de falta de maestría pedagógica y problemas
técnico-metodológicos en los profesores de béisbol, insuficiente
número de entrenadores, deterioro de las instalaciones, incorrecta
estrategia para el desarrollo y que no contaran con la academia
provincial y áreas de concentrados, entre otras muchas
deficiencias.
Pero no se trata de una
situación irremediable. Las autoridades andan ocupadas tratando de
cambiar el rumbo de las cosas.
Luego de un examen a
fondo de las calamidades que perjudican a la pelota, se concibió
una estrategia con acciones concretas para el ciclo 2004-2008. Del
análisis participaron decenas de funcionarios, entrenadores y
conocedores de la disciplina.
Entre otras muchas
acciones, se proponen lograr un movimiento popular alrededor del
béisbol que comience en el mismo círculo infantil, y en
primerísimo lugar procurar que todas las escuelas primarias cuenten
con un equipo de pelota en las categorías 7-8, 9-10 y 11-12 años;
realizar competencias de larga duración en todas las categorías y
que los consejos populares tengan una instalación adecuada para la
práctica de esta disciplina.
Se concede prioridad al
municipio de Jagüey Grande, donde existe un volumen considerable de
estudiantes bajo régimen interno. Las acciones no obvian el alto
rendimiento y el desarrollo del deporte social, con énfasis en el
rescate de todas las instalaciones, el fortalecimiento de la escuela
de lanzadores y la producción de pelotas, bates, guantes y medios
auxiliares.
El pliego de medidas es
bastante extenso y escarba en todos los detalles que pueden
contribuir a cambiar en poco tiempo la realidad de hoy. Aficionados
y fanáticos añoran que sus peloteros repitan el milagro de aquel
Henequeneros, campeón de los años noventa.
No es tarde para salir
del aprieto. Pero, sobre todas las cosas, la disciplina debe
presidir el trabajo actual y futuro.
Los matanceros desean
tener mejor semblante cuando en cualquier esquina se hable de
nuestro pasatiempo nacional. No quieren avergonzarse al recordar que
fue aquí donde por primera vez se jugó pelota oficialmente en
Cuba.
Y mucho menos ansían
tener que volver a preguntar con amargura ¿qué pasa con la pelota
en Matanzas? |