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Afinación y clave de Andy Montañez
OMAR VÁZQUEZ
Andy
Montañez protagonizó un excelente concierto, en todos sus aspectos,
en la clausura del XVIII Festival Internacional Boleros de Oro,
ocasión en que José Loyola, presidente de su Comité Organizador,
anunció que la edición del 2005 estará dedicada a Puerto Rico como
país y a las figuras de Rafael Hernández, Daniel Santos, Bobby
Capó, Mirta Silva y Tite Curet Alonso, creadores boricuas muy
vinculados a Cuba.
Andy dio una gran lección
de afinación y clave. Excelente bolerista, es en el son —en su
corriente más actualizada— donde se siente a sus anchas, desempeño
acrecentado en sus 15 años con el Gran Combo, bajo la dirección de
su maestro musical Rafael Ithier, y a su paso por Dimensión Latina.
Matizó su actuación con chispeantes diálogos con el público y
elogió el respaldo del Piquete de Miguel Patterson.
Con ¡Ay, Julia!,
adelantó lo que vendría después: un torbellino de sentimientos, que
alcanzó máximas cotas al interpretar Vida, de Pellín
Rodríguez (su maestro en el canto), y reclamar la presencia de la
admirada Omara Portuondo para entonar a dúo Convergencia, el
exigente bolero-son de Bienvenido Julián Gutiérrez y Marcelino
Guerra.
Fue un espectáculo
generoso, completado por la maestría de Ela Calvo, con el respaldo
del guitarrista Juanito Martínez, y la Charanga de Oro, en la que
Loyola ha reunido a músicos de amplia trayectoria junto a jóvenes
egresados de nuestros conservatorios, que mostraron la capacidad de
someter sus individualidades al interés mayor de mantener empaste y
sonoridad en este tipo de formato.
Buen cierre para el
Festival, en el que hay que reconocer su parte a Jesús (Chucho)
Hernández, como director general, y a sus colaboradores.
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