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 Sería una catástrofe mundial la
desintegración de Rusia

No hace mucho me encontré con un representante de un país rico y
poderoso de Occidente, y le digo: ¿Qué van a hacer con eso? ¿Ustedes están locos,
están tan locos que no van a hacer nada para evitar una catástrofe en ese país? Pero
vean qué peligro real, resultado de una crisis, y la crisis resultado de la aplicación
de las recetas neoliberales, en un intento de construir el capitalismo en Rusia.
Ese problema es motivo de inquietud para todos, porque todos
deseamos que de alguna forma o de otra no ocurra eso; sería una catástrofe mundial de
imprevisibles consecuencias la desintegración de ese país.
Primero fue un gran Estado multinacional, lo desintegraron con esas
mismas recetas, y a invertir sobre todo en el petróleo del Caspio -allá van los
capitales norteamericanos-, y en el gas de Rusia, donde sea; pero han creado una
situación seria, muy seria que forma parte de los ingredientes de todos estos problemas.
Hay que decir que la crisis del sudeste asiático por sí sola y los
casi 100 000 millones de dólares que tuvieron que gastar en Corea, o prometer, por
distintas vías, más los compromisos en Indonesia, Tailandia, Filipinas, Malasia, dejaron
al Fondo Monetario Internacional sin fondos, pidiendo desesperadamente al Congreso de
Estados Unidos que haga un aporte de 18 000 millones de dólares, que el Congreso no
quiere aprobar.
Ahora los rusos están pidiendo desesperadamente fondos, ¿y qué
son 10 000, 15 000 millones para un barril sin fondo de necesidades? ¿Cómo exigirles que
rebajen los presupuestos? Entonces, ¿qué tiempo estarán sin cobrar los millones de
trabajadores y los que operan los proyectiles nucleares estratégicos? ¿Qué quedará
para pagar la salud pública, la educación, los servicios mínimos, el orden interno? Es
un presupuesto al que no se le puede reducir ya un centavo, y reducirlo es provocar el
estallido. Y 15 000 millones no es nada, es una gota de agua en el desierto; harían falta
100 000 millones. Tal vez mucho más. Si Corea necesitó unos 100 000 millones, según
cálculos, cuánto necesitaría Rusia, que aunque su población disminuya es todavía por
lo menos tres veces y media la población de Corea.
La economía japonesa no levanta y todas las medidas que se toman no
pueden levantarla. El yuan chino se mantiene a pulmón, como expresión del deseo de China
de cooperar de cierta forma a evitar la catástrofe internacional; pero ya la no
devaluación del yuan le cuesta a China decenas de millones de dólares. ¿Hasta cuándo
podrá resistir la economía china eso?, más si se unen fenómenos como inundaciones
inusuales consecuencia de los cambios de clima y de los fenómenos de erosión y
deforestación que han acompañado las necesidades de producir alimentos. Y si los chinos
se ven obligados a rebajar el yuan, se agravaría aún más, de nuevo, en la tercera o la
cuarta recurva, la economía del sudeste asiático, bajaría el yen inevitablemente, y
entonces la ola se extendería por el resto del Tercer Mundo.
Nadie tiene su dinero seguro en ninguno de esos países, no lo
crean. Si los depositantes poseen su dinero en la moneda del país y olfatean, comprenden
que se va a producir una devaluación, pasa lo que ahora en Moscú: interminables colas en
los bancos cambiando los rublos por dólares; pero allí no hay muchos dólares y tienen
que parar y anunciar el incumplimiento de los pagos, lo que se considera un desastre
dentro de ese esquema.
Los demás países que aplican el libre cambio, el diseño que
tienen establecido, el que se ha impuesto al mundo, no tienen forma alguna de proteger sus
reservas. Está prohibido terminantemente por el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial establecer controles de cambio, ese es el más grave pecado que se pueda cometer
dentro de la teología del neoliberalismo. Ante el menor riesgo acuden todos a los bancos
a buscar las pocas divisas que le quedan al país.
¿Y qué ocurre con las divisas que se llevan cuando hay crisis? Las
invierten en bonos de la tesorería de Estados Unidos, o en bonos de Europa. Así que
decenas de miles, cientos de miles de millones que han escapado han ido a parar a esos
lugares porque el dinero busca seguridad.
Entonces, también, por factores de tipo histórico, les van
quedando los bonos del Tesoro de Estados Unidos como único refugio; digo que por razones
históricas porque Estados Unidos, después de la Guerra de Secesión, que terminó
alrededor de 1864 -si mal no recuerdo-, por los días que ustedes estaban aquí
implantando de nuevo la independencia, participa décadas después en la Primera Guerra
Mundial, poseía enormes recursos naturales, mineros, petrolíferos, agrícolas;
interviene en aquella guerra al final de la misma, no pierde una fábrica, recogió mucho
dinero y terminó con una economía poderosa.
Viene después la Segunda Guerra Mundial, interviene en un momento
dado cuando frente a una política aislacionista va ganando terreno la política de
Roosevelt, que era un estadista, sin duda de ninguna clase, un gran estadista del
capitalismo; en un momento de recesión grave empieza a levantar la economía,
combate la corriente aislacionista y se encamina hacia la lucha contra el fascismo. Es un
mérito histórico. Pero en aquella guerra la ya poderosa industria de Estados Unidos
tampoco pierde ni siquiera un tornillo. Recogieron todo el oro del mundo: el de Europa, el
de Inglaterra, el de casi todo el planeta. Se acaba la guerra, su industria intacta pasa
rápidamente a la producción civil sin competencia; el resto del mundo, arruinado. Es
entonces cuando surge Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad con derecho al veto por
parte de cinco países, el Tratado de Bretton Woods. Dicho tratado otorga un privilegio
excepcional a Estados Unidos.
Ayer, cuando hablaba en Baní, expliqué que íbamos a hacer la
donación de un premio que nos habían otorgado, para una escuela. Decía: Pero hay que
evitar que se nos devalúe. Y decía alguien del público: "Cambiarlo por oro";
me acordé enseguida de Bretton Woods. Le dije: El oro está devaluado también ahora.
Está como el cobre, el aluminio, el níquel, porque ya todas esas crisis están
influyendo en los precios de los productos básicos: cobre, níquel, aluminio, todos esos
productos tienen los precios deprimidos -y algunos muy deprimidos- ya, y no hay una crisis
global todavía.
Es que en Bretton Woods ellos tenían todo el oro acumulado y se
estableció el patrón oro. Aquella institución funcionaba sobre la base del patrón oro:
por cada dólar norteamericano que se imprimía, tenía que haber una cantidad de oro en
las reservas de la tesorería. Si usted tenía un dólar, tenía derecho a ir a reclamar 1
onza de oro, que entonces la mantenían a 35 dólares -la onza troy, como dicen los
banqueros-; el dinero tenía un respaldo en oro y su precio era estable. Si aumentaba la
oferta, los norteamericanos compraban lo suficiente para mantenerlo, ¿comprenden? Bueno,
eso era para evitar que se redujera el valor del oro por debajo de 35 dólares. Cuando
amenazaba un aumento de precio, empezaban a vender oro de su reserva para mantenerlo a 35,
y desde que se creó aquella institución, después de la guerra, hasta 1971, el billete
americano era convertible en oro.
Pero en ese período vinieron muchas cosas: la guerra de Viet Nam
que costó 500 000 millones de dólares sin impuesto. Las guerras son antipáticas, más
todavía si se reúnen guerra e impuestos. No es lo mismo cuando Pearl Harbor, un gran
ataque que llena de indignación a toda la población, que una guerra allá, a 10 000
millas de distancia, al otro lado del mundo, iniciada y desarrollada de forma
irresponsable. Costó 500 000 millones. Empezó a reducirse la reserva de oro de Estados
Unidos y cuando le quedaban 10 000 millones aproximadamente, llevan a cabo la gran estafa,
unilateralmente y sin consultar con nadie, suspendieron la convertibilidad en oro. A
partir de eso el billete americano no era más que un papel, cuyo único sustento era una
cuestión de fe, y porque no había otra moneda. De Gaulle siempre se opuso a eso, porque
sabía los privilegios que le daba a Estados Unidos: el derecho a imprimir moneda sin
ningún respaldo en oro.
Después viene Reagan y lleva a cabo el rearme de Estados Unidos,
incluido el programa de la Guerra de las Galaxias que se iniciaba. Deuda pública de
Estados Unidos cuando entra Reagan, 700 000 millones; deuda pública de Estados Unidos
cuando termina Reagan, después de ocho años, más de 2 millones de millones de dólares.
¿Cómo resolvían los déficit presupuestarios?, a veces eran de
150 000, de 200 000 millones de dólares. Vendían bonos del tesoro con un interés
determinado; los que compraban aquellos bonos los guardaban en la reserva o en bancos
seguros, y siendo el dólar la única moneda que, aunque en un momento dado tenía cierta
competencia por parte del marco alemán, del yen japonés y de algunas otras pocas, cuando
estas tuvieron problemas -repito-, quedó prácticamente como la única moneda de reserva
y los bonos del tesoro como los valores más seguros.
Los países exportaban mercancías y recogían dólares; pero los
dólares no los gastaban en mercancías o servicios norteamericanos, los depositaban en
las reservas, porque todos los países necesitan reservas y todos los bancos centrales
necesitan reservas.
La mayor parte de las reservas mundiales de todos los bancos
centrales y de muchos bancos comerciales son billetes norteamericanos, valores que no
costaron otra cosa que el gasto en papel y en tinta para imprimirlos. Resultado: Estados
Unidos es el dueño de la moneda en el mundo. Por eso, si hay que comprar yen, compra yen.
Imprime, una parte importante de ese dinero no se gasta, se guarda. Si a cualquiera de
ustedes le dan a cambio de productos un millón de dólares, con el cual tendría derecho
a comprarle al que se lo dio todo lo que le pueda vender, recibe el millón de dólares,
lo guarda en su casa y no lo gasta, entonces no le cuesta ni un centavo siquiera al que lo
entregó.
Luego Estados Unidos tiene hoy una posición privilegiada, sumamente
privilegiada, con la que no cuenta ningún otro país en el mundo. Cuando viene el
pánico, lo primero que hace todo el que tiene dinero, esté en México, esté en Brasil,
esté donde esté, en la moneda de cualquiera de esos países, ante cualquier temor a una
devaluación, lo cambia en dólares y lo deposita en bancos fundamentalmente
norteamericanos, digamos. Es una de las cosas que hace, según el interés bancario, si el
interés está más bajo pueden invertirlo en bonos o en otros valores rentables.
Ahora, está el otro problema: Cuando se deprime o se piensa que se
va a deprimir el valor de las acciones en las bolsas -que es donde está el peligro más
grande-, todo el que tiene dinero en determinadas bolsas, si se asusta, sale corriendo,
vende las acciones aquellas y el dinero no lo invierte necesariamente en acciones de otras
bolsas que considere con menos riesgos, sino lo invierte por lo general en bonos de la
tesorería de Estados Unidos; es decir, su dinero, un tiempo, lo guarda en bonos para
tratar de garantizar su valor.
Así que hacen dos cosas en determinadas circunstancias: pueden
tener acciones o pueden tener moneda nacional. La moneda nacional la cambian rápido por
dólares porque saben que se va a devaluar, los bancos centrales gastan hasta el último
centavo en divisas y se traslada el dinero para los bancos norteamericanos o pueden
comprar acciones en la bolsa de ese u otro país si no hay miedo.
Cuando empiezan a bajar las acciones, entonces hacen lo mismo
exactamente: las venden, recogen y como las acciones están inseguras van al más seguro
de todos los valores, hasta ahora, históricamente, los bonos de la tesorería. Es el
recurso con el que se están defendiendo en este momento, y todas las maniobras para
evitar una depresión.
El problema será cuando se produzca lo que inevitablemente se tiene
que producir: una crisis que tiene que ser global, tan global como las cosas globales que
están haciendo ellos, porque ya no hay fenómeno aislado en la economía de un país, sin
que repercuta en los demás.
Sí, en los propios Estados Unidos, la crisis asiática ahora
disminuye las exportaciones de Estados Unidos, porque todo el mundo se va a comprar las
mercancías en el sudeste asiático o en Japón, donde puedan comprar más barato. Ese es
un resultado inmediato, y ellos tienen temor de que eso pueda afectar su excelente
situación de empleo en este momento. Es decir, hasta ellos sufren las consecuencias.
El temor está en lo que pueda ocurrir con una crisis financiera
global que abarque a todos estos países y una situación de pánico, porque todo ese
andamiaje que he tratado de describir se sustenta en una columna que se llama confianza,
algo más inestable que el amor (Risas), porque el amor puede durar mucho tiempo, incluso
toda la vida; la confianza no, es efímera y depende de muchos factores. Tiene un
antídoto eso que se llama confianza, y es otra cosa que se llama pánico. Bastaría el
pánico y se derrumbaría todo el andamiaje. Por eso el esfuerzo de los grandes jefes de
la economía mundial en evitar el pánico.
Cuando llega la noticia de que las bolsas tales bajaron tanto y más
cuanto en Hong Kong, o aquí o allá, inmediatamente sale el del Fondo Monetario
Internacional: "No, no, no, todo está bien, magnífico, excelente."
Inmediatamente Clinton, al lado de un teléfono: "Todo bien, excelente, tenemos un
nivel de desempleo más bajo del que hemos tenido en tanto tiempo; está creciendo la
economía en tanto y más cuanto, es mínima la inflación, no hay temor, hay seguridad,
todo marcha excelentemente." Eso se llama tranquilidad -meprobamato creo que se llama
ese calmante que le dan a la gente cuando se pone nerviosa, hay muchas de esas marcas-,
aquietar los nervios para contrarrestar el pánico. Sale Rubin, el de la tesorería, y
dice: "Todo marcha excelentemente bien, en tantos años no habíamos tenido tanto
nivel de empleo, ni había crecido la economía como va creciendo, ni son tan espléndidas
las posibilidades." Sale el del Banco Mundial y repite lo mismo, es un disco rayado
ya de las veces que lo han repetido en estos días. Sale también el de la Reserva Federal
y dice lo mismo para tranquilizar a todo el mundo, porque basta el pánico y ya podría
ser lo de 1929: salen todos corriendo a vender las acciones, y no hay quien los pare. Ese
es el momento de la hecatombe.
Todo lo que han hecho los teóricos y los especialistas del
capitalismo desarrollado, los partidarios de este modelo y de este orden económico, es
qué inventar para que no se produzca una depresión como la de 1929, que en este caso
sería mucho más grave y sería global, verdaderamente global, tan global -repito- como
el mundo que están diseñando y se basa solo en algo tan vulnerable y frágil: confianza.
Esto es sin mencionar otros factores que influen y van a influir en
la economía, miles de millones, cientos de miles de millones se han invertido en muchos
países del sudeste asiático y en otros lugares para producir las mismas cosas:
refrigeradores, televisores, automóviles, radios, chips para la computación. Todos
produciendo lo mismo, están creando una capacidad de producción enorme.
En China se realizan grandes inversiones, y los chinos son 1 200
millones. Ese país produciendo mercancías puede ser insuperable, y ya las está
produciendo y de buena calidad.
Yo voy a ver qué va a pasar cuando las teorías neoliberales
arrasen, con el apoyo y el entusiasta esfuerzo de la OMC, con todas las barreras
aduanales, porque no va a quedar ni siquiera la posibilidad de fabricar pitusas para
vender en Estados Unidos, en Canadá y en otros lugares, puesto que los africanos, que muy
bien pudieran necesitar pitusas, no tienen un centavo con qué comprar el pitusa; ni los
indios, que son 900 millones la tienen; ni los de Bangladesh, que son muchos millones; ni
los cientos de millones de pobres en América Latina. Es un truquito eso, un consuelo:
Produzcan un poco de confecciones, digamos. Y los países están en tan difícil
situación que no les queda otro remedio que buscar una vía de esperanza produciendo
aunque sea esos productos: zapatos, pitusas.
Una vez, conversando con el Primer Ministro de Canadá, que me
estaba hablando de los 1 000 millones de intercambio diario con Estados Unidos, y de sus
relaciones con América Latina y otros países -México, entre ellos-, interesado,
realmente, en desarrollar las relaciones con América Latina, le digo: "¿Ustedes
exportan pitusas, zapatos y todas esas cosas que se producen, sobre la base de mucha mano
de obra barata, a Estados Unidos?" Responde: "No, nosotros exportamos artículos
que son productos de alta tecnología que se producen con inversiones intensivas de
capital."
Bueno, y también hasta agua le venden, electricidad, gas,
petróleo, algunos de esos productos. Le digo: "¿Y los mexicanos exportan eso mismo
a Estados Unidos, exportan eso a Canadá?" Los mexicanos con sus maquiladoras
exportan artículos que se producen a bajo costo y en base a salarios que son la décima
parte del salario de un trabajador norteamericano. Hasta los propios trabajadores
norteamericanos se oponen, en cierta forma, a estos tipos de acuerdos por temor a que las
fábricas se las lleven de allá para instalarlas fuera de la frontera.
Pregunto: ¿Y el destino nuestro va a ser exportar pitusas, zapatos
y artículos que requieren mano de obra barata? Cuando me pongo a sumar todos los chinos
que pueden producir eso y otras cosas, y todos los indios, y todos los de Bangladesh, y
todos los de Indonesia, y todos los de América Latina, y todos los de Haití y los de
todas partes, no encuentro los clientes por ninguna parte. Son engaños.
Dicen: "Mientras tanto, supriman las barreras arancelarias y
que venga el capital extranjero." Muy bien, pero el capital extranjero sabe que lo
necesitamos, como sedientos en el desierto, y cada vez exige condiciones más leoninas
para invertir, incluso ya no solo en una zona franca, que establecen la industria, dan
empleo.
Claro, en un país con problemas de desempleo y necesidades de todas
clases, es mejor tener a un hombre trabajando allí, aunque solo sea por un modesto
salario. Los países no tienen otra alternativa. Más justo sería una transferencia de
tecnología y una transferencia de capitales, en condiciones blandas, concesionarias, para
que lo reintegren en 20, en 25 o en 30 años, y para que sea una industria nacional, de
propiedad estatal o privada, no entro en ese tema.
Recientemente estaba reunido en el Caribe con un grupo de
empresarios de distintas producciones, de pequeñas plantas que quieren, lógicamente,
buscar mercados y plantean algunos intereses comerciales, y les digo: "Cuando
determinadas producciones de esas que ustedes llevan a cabo se realicen masivamente en
determinados países, ¿qué posibilidades tienen ustedes de competir?" Y realmente
ellos tenían que admitir que no les quedaba ninguna posibilidad.
Es que este orden mundial de que hablo afecta a todos los países,
sobre todo a los países del Tercer Mundo, no a Europa que se une aceleradamente para
tener una moneda que pueda competir con el dólar y un mercado de 400 millones de
clientes, y que en definitiva no nos perjudica. Desde nuestro punto de vista, para que no
haya una potencia económica unipolar, que haya dos y tres sería mejor.
Hoy todo depende de una moneda, que es la de Estados Unidos. El
privilegio repartido entre tres o cuatro es mejor que el privilegio en manos de uno solo,
porque este adquiere entonces un poder incontrastable. Que se reparta ese poder, aunque
sea en lo económico -en lo militar ni pensarlo-, entre distintos polos que se reparta.
Los europeos precipitadamente se unen, borran las fronteras. Allí
sí hay tránsito del personal humano. En la Europa unida transitan los capitales,
transitan las mercancías y transitan las personas, no tienen muro. Para defenderse del
coloso, para defenderse de las consecuencias, para poder tener un lugar en esta
globalización, se tienen que unir a pesar de que se pasaron cientos de años guerreando
entre sí y que hablan los más diversos idiomas.
Nuestros países son los que no tienen ninguna seguridad en
absoluto, no se les reserva nada. Eso lo planteamos en la Organización Mundial del
Comercio, porque vemos la camisa de fuerza que se nos quiere imponer. Patentes, sí,
derecho de patentes por 50 años, muy bien. Estados Unidos se llevó los mejores cerebros
de todo el mundo, dispuso de los mejores centros de investigación, todos los recursos.
Ahora, a cobrarle patente, como una gabela en plena edad media, a todo el mundo por
cualquier producto, por vital que sea, salido de sus centros de investigación.
Sí, tiene que llegar el día en que la inteligencia se premie;
tiene que llegar el día en que las patentes como La Ilíada, La Odisea, Don Quijote de
la Mancha, Shakespeare y todos los demás sean propiedad universal. Tiene que llegar
ese día en que existan otras formas de compensar al talento, de estimularlo, de
promoverlo.
Ahora, si hay dos transnacionales centroamericanas que están
celosas con el banano que exportan las islitas del Caribe, sometidas a sequías, a
ciclones, fenómenos que son enemigos del banano, y en Europa les pagan un precio
preferencial y a pesar de que participan esas islas solo en el 1% del comercio, los
intereses de dos empresas norteamericanas prevalecen sobre los intereses de las islas,
algunas de las cuales viven casi exclusivamente del banano, porque la OMC le da la razón
a Estados Unidos.
Ahora están cocinando el acuerdo multilateral de inversiones allí
en la OCDE, club de ricos, para que los demás se inscriban e imponerles a todos los
países lo que allí se acuerde. Es decir, tenemos ya el Fondo Monetario, pero la OMC se
nos va convirtiendo en otro riesgoso instrumento del aplastante nuevo orden porque no hay
suficiente conciencia entre nuestros propios países en supuesto desarrollo que somos
allí la inmensa mayoría.
Hay que hacerles ver a los dirigentes políticos las consecuencias
que tiene todo eso. Barrer las tarifas aduanales, bien. ¿Y qué es lo que vamos a
exportar? ¿Con quiénes vamos a competir? Si no hay ingresos aduanales y, además, no hay
impuestos, y no hay impuestos porque están en una zona franca o porque le exigen al país
que va a recibir la inversión, aunque no se trate de una zona franca, cada vez más años
de exención de impuestos.
Les pregunté a los granadinos cuántos años están libres de
impuestos los que construyen los hoteles -allí también los hoteles les dejan empleos,
originan cierta actividad, da vida a la isla; es preferible a no tener nada, pero no
existe para ellos otra alternativa- tienen 10 años de exención de impuestos.
Nosotros mismos tenemos que conceder exención de impuestos, aunque
no tanto. A veces, mientras se recupera la inversión, como principio, son cinco años,
seis y hasta siete; lo tenemos que hacer, porque necesitamos ese capital, a pesar de que
nosotros parte de los recursos del país los destinamos a construir hoteles que son de la
nación. Muchas veces los entregamos en administración, tienen experiencia y aportan
mercados. Les decimos: "Adminístrenlos a un tanto por ciento."
Se nos habla de Suecia y de las condiciones sociales de los suecos
-que ahora van hacia abajo también, como va hacia abajo la ayuda al desarrollo-, pero, si
mal no recuerdo, las empresas aportan hasta el 60% de las ganancias netas para hacer
posible programas sociales, bienestar social, desarrollo social de los países, y a
nosotros nos amenazan con dejarnos sin impuestos y dejarnos sin ingresos aduanales. ¿Y
con qué vamos a atender la educación, la salud, programas de viviendas, agua potable,
desarrollo social, desarrollo, empleo? No deja nada, ese nuevo orden lo que quiere es
imponernos simplemente la condición de asalariados universales, y ni siquiera eso lo
pueden garantizar.
Si hubiesen sido capaces de concebir -y es imposible concebirlo bajo
su concepción filosófica- un modelo que diera empleo a los 6 000 millones de habitantes
del planeta, quiero decir empleo a la fuerza de trabajo activa de una comunidad que
alcanza ya 6 000 millones, usted puede decir: Bueno, están prometiendo algo. Ni lo han
concebido ni lo pueden concebir, porque su sistema irracional lo hace imposible.
No pueden muchas veces disminuir las horas de trabajo, como quieren
hacer los franceses, porque entonces entran en competencia con los demás países que no
han rebajado las horas de trabajo. Y eso es absurdo en una humanidad que ha creado
máquinas capaces de reducir el trabajo físico de 60 horas que tuvo en el siglo pasado a
20 horas -estoy hablando de horas por semana; a veces eran más, eran incluso 70 y 80
horas-; hoy pudiera decirse, con la tecnología aplicada, que las producciones de todas
esas cosas que van a sobrar y que no van a tener mercado, pudieran servir para satisfacer
la demanda real, las necesidades reales de la población del mundo trabajando 20 horas a
la semana y para convertir el excedente tiempo en cultura, en recreación, en estudio, en
las mil formas que puede tener el ser humano de emplear el tiempo. No tendría que haber
desempleados.
Cito el ejemplo de Cuba: más de 60 000 médicos y ninguno está
desempleado, porque no solo en hospitales y policlínicos, hay un médico en cada barco,
en cada centro de trabajo, en cada círculo infantil, en cada escuela, en cada comunidad;
hay casi 30 000 médicos de la familia en la ciudad y en las montañas. Sí, no podemos
pagarles un salario muy elevado, porque, ¿de dónde lo vamos a sacar ahora?, pero ese
hombre está haciendo un trabajo útil a la sociedad; no es un analfabeto inútil y
desempleado, es un profesional que cada día adquiere más conocimientos, que salva vidas
y promueve salud. Y si sobran pueden enviarse a las universidades a recibir cursos como
los maestros, a superarse con su año sabático, estudiando, y que los sustituyan otros
médicos.
Tenemos 63 000 médicos y todavía ingresan a la universidad
alrededor de 2 000 estudiantes de Medicina por año -el médico, además, es un
profesional que no quiere retirarse nunca; mientras más años más piensa que tiene mayor
experiencia-, tenemos 21 facultades de Medicina y estamos cooperando con algunos países
en la formación de médicos.
¿Y ahora quiénes están estudiando en la
Universidad? Las enfermeras; tienen que graduarse con nivel universitario, los técnicos
de la salud tienen que graduarse con nivel universitario. Es decir que esas capacidades
las utilizamos para elevar la calidad. ¿Por qué tiene que sobrar la gente si se le educa
y se le emplea de una manera racional?
Que no nos digan que el mercado, esa bestia salvaje y loca, porque
no tiene otro nombre, va a organizar a la sociedad humana, ni que la ley de la oferta y la
demanda pueda estar por encima de la capacidad de organización y pueda estar por encima
de los millones y miles de millones de neuronas que tiene el cerebro humano. El mercado es
una bestia salvaje, caótica e incontrolable (Aplausos).
Les advierto que estoy diciendo esto en un momento en que está de
moda el mercado en todas partes. Se habla incluso de economía socialista de mercado.
Bueno, habrá que describir bien qué quiere decir economía socialista de mercado. Si se
dice: Bueno, es una forma de distribución necesaria, un mecanismo para eso; pero no puede
ser el mercado planificando y determinando el futuro de la humanidad, el mercado
preservando el medio ambiente, el mercado preservando la naturaleza y la vida.
¿A quién le pueden hacer creer esa historia del mercado cuidando
la pureza de los aires, la potabilidad de las aguas, mares fecundos donde puedan crecer
los peces que necesitamos los crecientes habitantes del planeta, para que no ocurra lo que
ahora nos trajo el mercado al inundarlos de flotas pesqueras y de arrastreros que han
disminuido su capacidad de producción de alimentos, aparte de la contaminación de esos
mismos alimentos con mercurio y otros muchos productos químicos incompatibles con la
salud humana que han lanzado al mar?; porque solo en el Mediterráneo se vierten los
desechos de 140 000 industrias europeas.
Llegará el momento en que no se pueda comer ni una sardina sin
tener un garrafón de antihistamínicos y de antitoxinas al lado, porque nos están
realmente intoxicando cada vez más.
¿Qué es eso? Eso es el mercado. ¿Quién ha destruido la
naturaleza? Ese sistema. ¿Quién ha dado lugar al calentamiento de la atmósfera, a que
se puedan derretir los casquetes polares, a que se multipliquen las inundaciones por un
lado y los ciclones por el otro, aunque decenas de islas y partes de las tierras costeras
queden debajo del mar cuando suban las aguas? ¿Para qué nos van a servir todos los
muelles, puertos y todas las instalaciones marítimas actuales, incluyendo los centros de
recreación? Esos son peligros reales, no son fantasías.
Ellos han adquirido un nuevo hábito para calificar a los que hacen
críticas, llamándolos catastrofistas. Como yo me llamo Castro, no importa que me llamen
catastrofista o lo que les dé la gana (Aplausos); estoy consciente de que parto de
razonamientos y de cálculos matemáticos, físicos, exactos. Pero, además, los
verdaderos catastrofistas son ellos, porque son los que están creando la catástrofe. En
todo caso, les estamos advirtiendo que no la creen y que tenemos esperanza de que pueda el
mundo sobrevivir; que la especie humana ha avanzado tanto en desarrollos tecnológicos,
científicos, intelectuales, medios que apoyan la inteligencia y que apoyan los brazos,
para encontrar soluciones que no podían antes ni soñarse, para producir alimentos y
bienes para toda la población humana, para preservar la naturaleza, que es cuestión
decisiva, y preservarla pronto.
Millones de toneladas de clorofluorocarbono están avanzando hacia
la capa de ozono, millones crecientes de dióxido de carbono, millones, cientos de
millones, miles de millones de toneladas van hacia la atmósfera cada año.
Si se reúnen a discutir, Estados Unidos es el último que quiere
aceptar la menor reducción o el menor compromiso. Han creado el mercado de las cuotas de
envenenamiento de la atmósfera, no lo puedo llamar de otra manera. Si un país tiene una
cuota de veneno para lanzar a la atmósfera y la ahorra, se la puede vender a otro para
que la lance. Ese es el mercado tan humano, tan racional, tan comprensivo, verdaderamente
increíble. Es indigno de una sociedad civilizada, de una humanidad desarrollada.
Es en estas cosas -y yo sé que he abusado demasiado de ustedes
(Aplausos)- en las que realmente los invito a pensar.
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