Luchar por el futuro no significa dejar de hacer lo que deba hacerse por el presente, no confundir jamás una idea con la otra

Los revolucionarios siempre lucharon para el futuro. Máximo Gómez y Martí lucharon para el futuro. Cuando Martí murió allí en Dos Ríos, sabía que estaba muriendo por un futuro; su preocupación no era ver el fruto de todo aquello. Habría sido extraordinariamente útil su presencia más tiempo. Muere en la flor de la juventud, puede decirse; cuando más estaba produciendo su talento. Ellos estaban luchando por un futuro.

Luchar por el futuro no significa dejar de hacer todos los días lo que deba hacerse por el presente, no hay que confundir jamás una idea con la otra.

A nuestro país, en su condición de Estado revolucionario, le resulta posible consagrar una gran parte de la batalla a esa lucha por el futuro, a esa lucha contra la globalización neoliberal que nos aplasta a todos y que amenaza con aplastarnos a todos. No es la lucha contra la globalización como fenómeno inexorable; es la lucha por una globalización humana y una globalización justa.

Si al Papa le preguntan, respondería: Por la globalización de la solidaridad. Si nos preguntan a nosotros, en lo más íntimo decimos aquello en lo que creemos, la única globalización que sería capaz de salvar la humanidad, de preservar la especie humana, y utilizaría las palabras globalización socialista (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva Cuba revolucionaria!").

¿Es por dogmatismo? ¿Es por fundamentalismo ideológico? ¡No!, ni mucho menos; es por una convicción profunda. El mundo no podría salvarse por el camino que lleva. No habría, a mi juicio, la menor posibilidad de supervivencia de la especie; tampoco habrá posibilidad de supervivencia de esa globalización y de ese nuevo orden que están estableciendo, porque las masas estallan, porque los pueblos estallan, porque la humanidad estalla.

La humanidad no pondrá su cuello bajo el hacha del verdugo; su instinto de preservación, su condición de seres humanos pensantes lo hace imposible.

Pensamos, por ello, que en el campo de las ideas se libra una gran y difícil batalla, porque las soluciones, al globalizarse todo, también se globalizan. Y vuelvo a repetir: es sagrado el deber de hacer todo lo que pueda hacerse en el marco de la actividad de cada cual. Ahora, la gran tarea estratégica o las verdaderas soluciones son las soluciones globales.

No solo es insostenible por estas razones de supervivencia el sistema; no solo es insostenible, porque sería insoportable para las masas. Es que marcha irremisiblemente hacia inevitables crisis, y los grandes cambios en la historia -todos lo sabemos- son siempre fruto de las grandes crisis. No quiere esto decir que hay que esperar la gran crisis para luchar, para hacer lo que se pueda en cada rincón de la Tierra; hay que crear, además, conciencia de estos problemas.

Nosotros vamos a tener una reunión importante; vamos a reunir a economistas eminentes de América Latina y del mundo, en el mes de enero, para discutir un tema que se llama globalización y neoliberalismo. Queremos esclarecer conceptos y que hablen allí los de la escuela de Freeman, los de la escuela del neoliberalismo y todas las escuelas. Un debate de verdad, que no ha tenido lugar en ninguna parte, para esclarecer y precisar conceptos.

Esa reunión la va a realizar una organización de economistas latinoamericanos en Cuba, y surge de una reunión que tuvimos allá para analizar temas económicos. Nosotros propusimos lo que es hoy, a nuestro juicio, el tema de los temas: la globalización neoliberal, o la globalización y el neoliberalismo, y que los resultados sean el fruto de la discusión, no de discursos tras discursos: ponencias de los eminentes, y a responder preguntas de cuantos quieran hacer preguntas. Un debate. Pensamos que habrá muchos eminentes; pero que haya, por lo menos, 40 ponencias sobre el tema, y me imagino que cientos y cientos de preguntas, y debate.

Cuando la deuda externa, discutíamos en el Palacio de las Convenciones o en un gran teatro miles y era una cadena interminable de discursos. En esta ocasión tendrán que ser ponencias, un número limitado, un tiempo para discutir y esclarecer en torno a todo esto, con un número no mayor de 600 participantes. Hay muchas escuelas y muchos criterios. Lo único que he podido apreciar en común de todos los economistas -y repito-, lo único que he podido apreciar en común de todos los economistas, incluso, de las eminencias del neoliberalismo y de la globalización neoliberal, es la incertidumbre; fíjense bien, la incertidumbre (Risas y aplausos). No se olviden de esa palabra. No hay uno solo sin incertidumbre.

Y les advierto que, sin necesidad de espionaje, simplemente conversando con muchas personas en el mundo que conversan con otras muchas; conversando con personalidades que tienen relaciones, leyendo y analizando cada una de las palabras que pronuncian; leyendo y analizando lo que escriben brillantes y eminentes analistas, de un lado y de otro, de los que arriman su brasa a la sardina de la globalización neoliberal y de los que están en contra, solo se refleja esa cosa terrible que se llama incertidumbre.

¿Cuál fue -alguno de ustedes ha de saberlo, yo no lo recuerdo en este minuto exacto- la inscripción que puso Dante a la entrada del Infierno? ¡Cómo que nadie lo sabe aquí! Alguien lo debe saber. (Del público le dicen algo) ¡Ah!, sí: "¡Perded toda esperanza!" A la entrada de este orden mundial que nos están tratando de imponer, de esta globalización que han diseñado, se pueden inscribir las dos: "Incertidumbre total", "perded toda esperanza" (Aplausos).

Están asustados. Ellos saben que el sistema es hermano gemelo o inseparable de las crisis, y mire que han inventado cosas; pero es más fácil encontrar el remedio contra el cáncer y contra el SIDA. Estamos seguros de que contra esas enfermedades se encontrará; pero contra este sistema caótico, absurdo, salvaje, o, mejor dicho, contra las consecuencias del sistema, no encontrarán remedio.

Son increíbles las cosas que inventan. Las hemos visto en estos días en que se iniciaron las crisis, desde la mexicana hasta la rusa -que es la antepenúltima de la antepenúltima de la antepenúltima-, aquella que empezó por México y afectó a algunos Estados del sudeste asiático y después a otros, y que tiene a Japón en condiciones terribles, que ha puesto a Rusia en una situación catastrófica y que amenaza tremendamente, como una gran espada de Damocles prendida de un hilo que se está deshilachando, la economía brasileña, argentina y del resto de los países de América Latina y del Tercer Mundo, incluido allí por donde empezó, que es México.

Los grandes teóricos y diseñadores del sistema de este orden mundial tienen miedo de ese incendio que se extiende y se extiende.

Hablaba de que hay duda, incertidumbre; pero el Presidente del Fondo Monetario Internacional -les iba a decir hace unos minutos- tiene grandes dudas. El Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Greenspan... Creo que ustedes lo deben saber pronunciar mejor que yo, mi inglés cada vez es peor (Aplausos), aunque comprenda que no nos queda más remedio ya que confiscarlo como un instrumento de comunicación, dado que por ambición del hombre, según narra la Biblia, nos condenaron a amanecer un día hablando cada uno un idioma diferente. No nos va a quedar más remedio también ya, por razones históricas, que confiscar ese idioma sin renunciar jamás, por supuesto, al de cada uno de los nuestros. De eso se trata. Ellos quieren un idioma nada más, los demás les estorban; propiamente, obstaculizan el comercio, en dos palabras. Tienen que hacer traducciones, y cuando las hacen es del diablo.

Cuentan que durante la visita de Clinton a China, mientras ellos decían que les estaban hablando a 1 200 millones de chinos, nosotros sabíamos que había muchos chinos rabiosos, porque no entendían una palabra de la traducción que estaban haciendo los traductores norteamericanos. Fueron tan autosuficientes, que cuando Clinton en su debate y en su discurso en la universidad habló, usaron traductores made in USA (Risas), y resulta que ese es un país que si se habla en el idioma de Pekín no lo entienden en Shanghai, ni en Cantón, ni en otros lugares. El idioma escrito sí se entiende en todo el país, pero el hablado no, ¡imagínense, un traductor norteamericano traduciendo un discurso de Clinton en idioma pequinés y muy mal traducido! Luego, las traducciones son para ellos un dolor de cabeza; es mejor que todos los demás hablen inglés y no exista ningún otro idioma. Es un estorbo, para las películas, para los seriales de televisión, para todo; les cuesta más, ganan menos. Quizás hasta Bill Gates esté inventando una computadora que traduzca automáticamente del inglés a otros cientos de idiomas.

Ellos realmente están -como decía- configurando un mundo del cual ellos mismos están muy asustados.

Les decía que traté de pronunciar un nombre, que es el del Presidente de la Reserva Federal. ¿Cómo se pronuncia, a ver? (Del público le dicen que Greenspan). El tipo es inteligente, no se le puede subestimar.

Greenspan tiene la misma incertidumbre, y el del Banco Mundial tiene la misma incertidumbre, y Clinton tiene la misma incertidumbre, Rubin, el secretario del Tesoro, igual, y todos los presidentes de bancos regionales tienen la misma incertidumbre, están llenos de incertidumbre; y muchos de los análisis -que nos trasmiten, los que están muy bien informados, hasta lo que discuten; porque discuten 8 ó 10, tienen amigos que informan a la prensa o a los amigos y hasta muchos de los interesados quieren que se informe- siempre terminan en una frase, que es: "Nadie sabe lo que va a pasar."

Claro, ellos saben que algo tiene que pasar. Eran felices hace un tiempo. Cuando se desata la primera crisis, la mexicana, ¡a correr por todas partes para evitar eso! Que si ponen o no a disposición de México hasta 50 000 millones. Es un vecino cercano, tiene casi 100 millones de habitantes. Están construyendo un muro cien veces más grande que el de Berlín, donde mueren cada año tratando de cruzar -por la sed, por los accidentes, por las aguas donde se ahogan- más personas que las que murieron en todo el tiempo que duró el muro de Berlín. Este muro tiene 3 000 kilómetros... ¡Ah! para que los hombres no pasen, porque en la filosofía de globalización neoliberal esta: libre tránsito para capitales y mercancías; cero tránsito para trabajadores, cero tránsito para los seres humanos.

Sí, que se abran las puertas para los seres humanos. Y algún día habrá que abrir las puertas del mundo. Cuando desaparezca el feudalismo, cuando dejemos de ser siervos explotados de la moderna gleba, tendrán que abrirse los caminos del mundo.

Mas no quiero asustar a nadie con eso, simplemente lo digo: ¿Por qué quieren que solo crucen los capitales y las mercancías y no crucen los seres humanos? Lo digo para plantear un pequeño dilema moral. Si nuestros países estuvieran desarrollados y no hubieran sido colonia durante tanto tiempo y no hubiesen sido tan explotados, no haría falta tanto tránsito de un lugar a otro, porque al fin y al cabo es un desarraigo todo tránsito de ese tipo.

Pero hoy -bueno, hace tiempo- el miedo a la emigración masiva mexicana, por una supercrisis, estimula a los del Norte buscar soluciones, y nos alegramos; nos alegramos de que los mexicanos no caigan en una supercrisis. Pero la vecindad y todos esos factores presionan en esa dirección.

Después empiezan a aparecer las crisis en el sudeste asiático. Hasta ese momento -¡la gran hipocresía!- el modelo del mundo eran los tigres de Asia y estaba en todos los libros, en toda la literatura: los tigres de Asia, que crecen ininterrumpidamente, año tras año, 10 años, 15 años, 20 años; es el fin de las crisis económicas, se puede crecer indefinidamente sin problemas. Y un día los tigres empiezan a perder garras, pelo, piel, todo, y de la noche a la mañana, cuando eran el modelo aconsejado en universidades, en conferencias económicas. No le dijeron a nadie lo que estaba pasando allí, y lo sabían, que es lo peor. Y cómo lo pretende justificar Camdessus, el presidente del Fondo Monetario: Sí, lo sabíamos y lo estábamos advirtiendo.

Ellos sabían que el dinero, los grandes créditos aquellos se repartían entre familias, que se repartían entre la clientela política, que se invertían en cualquier cosa, sin ninguna preocupación. Llovía el dinero en esos países, lo invertían en bienes inmobiliarios. Hong Kong se llenó de miles y miles de edificios que aumentaban de valor; Corea del Sur se llenó de conglomerados y de todo tipo de industrias en que invertía cualquiera con todo el dinero que quisiera. Y pasó lo mismo en Tailandia, y pasó en Filipinas, y pasó en Indonesia, y pasó en todos esos lugares.

El del Fondo Monetario decía: No, no decimos nada, porque si lo decimos precipitamos la crisis. Y guardan el silencio, hasta que un día se veían creadas ya las condiciones de un déficit presupuestario elevado, con elevados déficit en la cuenta corriente, con sobrevaloración de las monedas, condiciones ideales para los lobos de la especulación, que reúnen miles y miles de millones de dólares, y que como los lobos en los bosques árticos caen detrás del reno que se retrasa, así caen sobre cualquiera de los países en que se presentan las condiciones. Y así, la catástrofe.

Después, la crisis de Japón, el modelo de los modelos, que se desarrolló precisamente ahorrando más que nadie, porque Japón no recibió dinero de nadie. Los japoneses ahorran más del 35% de los ingresos; los norteamericanos hoy día ahorran menos del 10%. La especialidad de los norteamericanos y su privilegio es que ellos invierten el dinero de los demás; los japoneses invertían su dinero, no querían fábricas norteamericanas, ni bancos norteamericanos, ni casas de seguro norteamericanas. Los otros exigiéndoles que abrieran. Pero la crisis del sudeste asiático empieza a golpear a Japón, son productores de muchos artículos similares a los de otros países del área y a los del propio Estados Unidos, y empieza a devaluarse el yen. Los norteamericanos dijeron: Esta es la oportunidad, vamos a exigirles a los japoneses -de acuerdo con la filosofía del nuevo orden- que abran las puertas a inversiones en bancos, en fábricas y en todo, que incrementen el consumo. Y los japoneses, mientras más confusa veían la cosa, menos incrementaban el consumo. Llegó un momento en que el yen se puso a 147 y el susto en Washington fue gordo, porque, más allá de eso, el peligro era muy serio.

Antes que eso, se había producido la recurva de la crisis en el sudeste asiático. Salta el gobierno de Indonesia, estalla, se produce una explosión social, se crea inestabilidad, y una situación que no es nada segura en este momento, comienza una etapa allí. Se agudiza l situación en los demás países del sudeste asiático -fue una recurva. Al mismo tiempo, 11 ensayos nucleares en India y Paquistán crean por primera vez en la historia de la era nuclear el riesgo de una guerra nuclear regional. Y ese mismo mes se produce una profundísima crisis en Rusia. Todo eso en un mes. La verdad es que Greenspan, Camdessus y Rubin no ganaban para estar dando carreras de un lado para otro apagando fuegos de tipo económico y de tipo político; pero sobre todo fuegos de tipo económico que amenazan con grandes cataclismos políticos. Todo eso ocurre en un mes.

Entonces, cuando el yen baja a 147 yenes por un dólar, ellos, que no querían hacer nada, discuten sesudamente, pero a la vez intensamente, en Washington, entre todos; porque allí en Washington es desde donde se les da órdenes, no solo a la tesorería de Estados Unidos sino al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Son simplemente órdenes. Estados Unidos tiene poder de veto, más del 15% de las acciones, y sin menos del 85% no se puede tomar ningún acuerdo. Por tanto, ellos tenían que tomar decisiones.

El gobierno de Estados Unidos, asesorado por todas esas inteligencias -porque no hay duda de que tiene asesores de mucha experiencia que dirigieron grandes empresas de la bolsa de valores, bancos, finanzas, gente inteligente, no le niego ese carácter a los asesores del gobierno, aquellos que quieren hacer milagros-, decide gastarse unos miles de millones de dólares comprando yenes; salieron corriendo a comprar yenes para valorar un poco el yen, lo elevaron a 136 por dólar; ya sabían que más devaluado era la catástrofe, porque inevitablemente tendría que venir la devaluación del yuan chino, sumado a la catástrofe del sudeste asiático, a la devaluación mucho mayor del yen.

Ellos sabían que el primer golpe inmediato venía sobre Brasil y después sobre Argentina, México y América Latina, esperando cuándo les llegaba el golpe a sus propias bolsas de valores. Es una cuestión de suma importancia. Horrorizados ya con lo de Rusia, dijeron: No, no se puede más.

En este momento no han resuelto ningún problema, ninguno de esos problemas. En Rusia la crisis es cada vez más grave. Y les voy a expresar en esta Universidad una idea, no he tenido oportunidad de decirla en otro lugar: La más grande catástrofe de la historia en materia de la construcción de un régimen económico y social es el intento de construir el capitalismo en Rusia; es la más grande catástrofe que ha ocurrido jamás en materia de experimentos económico-sociales.

Ellos critican al socialismo, hablan de fracaso del socialismo, queriendo construir un régimen económico y social de tipo nuevo, y si se analiza la historia de las dificultades que hayan tenido los países que lo han intentado, se encontrarán que, incluso, en la propia URSS, en aquel inmenso mundo, con un 80% de campesinos, terminaron siendo los primeros en volar al espacio, terminaron produciendo 630 millones de toneladas de petróleo al año, 700 000 millones de metros cúbicos de gas al año, con producciones de acero de alrededor de 140 millones, decenas de millones de toneladas de fertilizante, alrededor de 200 millones de toneladas de granos, a pesar de haber sido dos veces destruida por la guerra, y a pesar, como les decía, de todos los errores. China avanzó, y otros países avanzaron, y estaban bloqueados. Pero, aun admitiendo los errores en la construcción económica -no ya de tipo político- del socialismo, tuvo un resultado cien veces mayor que lo que han obtenido en el intento de construir el capitalismo en Rusia.

Con el 45% del Producto Interno Bruto que tenía hace nueve años, y con todos los recursos, qué resultados tan desastrosos, qué situación tan insostenible. Con la inmensa ayuda y todos los créditos que le han concedido. Yo me pregunto: ¿Qué no podría hacer Cuba si tuviera nada más que un poco del petróleo que tiene Rusia? ¿Qué no podría hacer Cuba si tuviera un poco del gas que tiene Rusia, de las capacidades de producción de acero, de los inmensos bosques de madera de la Siberia, de las fábricas que pueden producir las piezas de los tractores, camiones y equipos nuestros que no tienen piezas ahora?

Jamás en la historia se ha dado algo semejante como fracaso. Les llevaron las recetas del capitalismo, ¿y qué ocurre hoy? La población rusa va disminuyendo, disminuye alrededor de un millón de personas por año; la mortalidad infantil en Rusia debe ser unas cuatro o cinco veces la mortalidad infantil en Cuba. Las perspectivas de vida disminuyen asombrosamente. Un 50% del Producto Interno Bruto está en manos de mafias; de 200 000 a 500 000 millones de dólares se han escapado de Rusia, están invertidos muchos en residencias, en viviendas, 60 000 casas en España y un número incontable en el sur de Francia, en Austria, en Italia, en Chipre, en todas partes; entre 200 000 y 500 000 millones. Se recauda el 50% de los impuestos; el presupuesto de lo que fue una gran potencia es hoy menos que el presupuesto de España, por ejemplo.

Hay millones de personas que hace meses que no cobran; pero el colmo de los colmos: los que manejan los cohetes estratégicos en la zona central de Siberia, según se publicó, hace cinco meses que no cobran. De tal modo es grave que un gobernador recién electo de la región le escribió al Primer Ministro proponiendo que le pasaran la jurisdicción de aquellas bases de proyectiles nucleares, porque ellos podían darles ropa, alimentación y satisfacer las necesidades de aquellos operadores de los cohetes estratégicos.

¿En la historia alguna vez ocurrió algo semejante? ¿En la historia ocurrió alguna vez algo tan potencialmente peligroso, que los que operan los proyectiles estratégicos nucleares no cobren? De ahí para atrás imagínense lo demás. Eso es un riesgo tremendo, un indicio de peligro de desintegración realmente.

¿Se imaginan ustedes lo que pueda significar la yugoslavización de un país que posee más de 20 000 armas nucleares? Son peligros reales. ¿Y qué han estado haciendo? Aplicando las recetas del Fondo Monetario Internacional y de las políticas neoliberales a ese país.

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