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 Esta batalla por la supervivencia no
es de clases, aunque las clases estén mezcladas en el conflicto; esta batalla de
supervivencia por los países del Tercer Mundo abarca a todos

Un problema terrible -quizás sea el último que mencione- que
estamos padeciendo es el de la agresión a nuestras identidades nacionales, la agresión
despiadada a nuestras culturas, como jamás ha ocurrido en la historia, la tendencia hacia
una monocultura universal. ¿Se puede concebir un mundo semejante? No se trata de un mundo
que combine la riqueza y la cultura de muchos países, sino de un orden mundial que, por
definición, destruye la cultura, una globalización que destruye inexorablemente la
cultura.
¿Qué es patria, sino una cultura propia? ¿Qué es identidad
nacional, sino una cultura propia? ¿Puede haber riqueza espiritual mayor que esa cultura
propia creada durante milenios por el hombre, y que sean sencillamente barridas nuestras
costumbres, implacablemente barridas? Hay que estar conscientes de eso, porque la batalla
de ideas y de conceptos será grande.
Si vamos a hablar de ideología, hablemos de la ideología de salvar
el mundo primero y perfeccionar el mundo; no después, sino cuanto antes mejor, y tratar
de salvarlo y perfeccionarlo desde ahora. Cuando lo hayamos salvado, lo podremos seguir
perfeccionando mucho más.
Yo decía que esta batalla por la supervivencia no es de clases,
aunque las clases estén mezcladas en el conflicto; esta batalla de supervivencia por los
países del Tercer Mundo abarca a todos: a los que tienen grandes recursos y a los que
tienen muy pocos.
Creo que tanto el rico como el pobre, si van en un barco, no
quisieran que el barco se hundiera, podría surgir un mínimo de colaboración para salvar
el barco, y realmente estamos navegando en un Titanic con mucho mar por debajo y
muchos icebergs en el camino. Aquella dramática historia ha quedado hoy para invertir 300
millones de dólares en una película con más de 1 000 millones en ganancias. Las grandes
películas ya no son simplemente películas, sino una combinación de películas con
operaciones comerciales, y cuando han extraído cientos de millones a las cintas, han
sacado mil y tantos millones de los productos que se venden asociados a las películas de
reyes leones, muñecos, juguetes y multitud de objetos que succionan el dinero de las
familias. Es una combinación todo, fusiones de empresas comerciales y de recreación con
objetivos que no tienen nada que ver con la cultura.
Una pregunta: ¿Quiénes son los que tienen 300 millones de dólares
para una película en este mundo? En todo eso hay una realidad: el monopolio
incontrastable y creciente de los medios de comunicación y de divulgación masiva en
poder de las transnacionales norteamericanas.
Baste citar algunos ejemplos -si me permiten hacer un poquitico de
memoria-: el 50% de las películas que se elaboran y se exhiben en el mundo son de
empresas norteamericanas, del 75% al 80% de los seriales de televisión, el 70% de los
videos, el 50% de los satélites por los que se puede llegar a todas partes, el 60% de las
redes mundiales y el 75% de Internet. Todo eso está en manos de ellos, y todo eso está
al servicio de las concepciones de la globalización neoliberal y de las ideas estas que
están planteando. Son fuentes de ideología poderosísimas, de información, creencias,
costumbres, capaces de transformar muchas cosas.
En Iberoamérica se estrenan anualmente 245 películas por país
como promedio, de las cuales el 70% son norteamericanas, 10% corresponden al cine
doméstico, 14% son europeas y solo 3% son iberoamericanas. Los programas de televisión
importados por Iberoamérica proceden en un 79% de Estados Unidos.
Realmente, cuando leí no hace mucho que las hamburguesas estaban ya
en la India me llamó bastante la atención. Los indios que tienen una cultura muy
especial, que incluso no consumen carne de res, tienen ya la cadena Mc Donald con carne de
búfala. Bueno, ustedes hace rato que la tienen (Risas), están aquí, están en todas
partes; pero estoy hablando de la India. Ya me imagino a aquellos que son capaces de
mezclar hasta un buey muerto por accidente en una carretera. Pues los indios con Mc Donald
y cadenas de tiendas Mc Donald, esa es la cultura de la globalización que se nos impone.
Los indios tienen otros hábitos de consumo y no el de las hamburguesas, y tienen platos
mucho mejores y más refinados que las hamburguesas.
Los chinos consumiendo Mc Donald; los africanos consumiendo Mc
Donald, dondequiera que haya alguna posibilidad de comprar ese producto. Los chinos
consumiendo Coca-Cola y Pepsi-Cola. Los latinoamericanos ya tienen el hábito hace rato,
pero los chinos no lo tenían, tomaban té y otras cosas. Los chinos y los indios
consumiendo Coca-Cola y Pepsi-Cola; los europeos comiendo también perros calientes y
hamburguesas a toda velocidad, van adquiriendo las costumbres y los hábitos de Occidente,
y fumando los cigarros que ellos combaten en Estados Unidos para reducir la muerte por
cáncer y en cambio divulgan y exportan al mundo.
La cultura de leer, que fue privilegio de nuestros antepasados, que
tanto nos asombran todavía cuando incluso el 80% o más de la población era analfabeta,
pierde considerable terreno. ¿Hábito de leer? No. ¿Seriales? Seriales unos tras otros,
imparable, muchas superficialidades de todas clases, evasión.
¿Cuál es el tiempo de los niños para estudiar? El promedio para
los niños, en las familias que tienen electricidad en el mundo, es de tres horas de
televisión en su tiempo extraescolar. El hábito de leer va desapareciendo.
¿Los libros, cuáles son los libros de que dispone el Tercer Mundo?
En Finlandia, por ejemplo -tiene mucho papel, desde luego, grandes bosques, que ahora
prefieren cortar lo menos posible, compran árboles a los rusos, preservan los suyos y van
a buscar a Siberia la madera- el número de libros publicados entre 1991 y 1994 fue de 246
por cada 100 000 habitantes; en la India y Madagascar apenas un libro. El promedio de
libros publicados de los países desarrollados es de 54 por cada 100 000 habitantes,
mientras el de los países por desarrollar es de 7 libros, las posibilidades de leer, de
conocer un poco aunque sea la historia del país.
Es muy triste cuando uno escucha, y es verdad, que si se hace una
encuesta entre los niños latinoamericanos, si se les pregunta a muchos niños mexicanos
quienes eran Hidalgo y Morelos, o si se les pregunta a los centroamericanos quién era
Morazán, o en América Latina quién era Bolívar, y no saben quién era Bolívar, y, en
cambio, una inmensa mayoría de esos niños saben quién es Mickey Mouse. Esa es la
herencia cultural que nos están dejando, destruyendo los valores más apreciados de
nuestras vidas, de nuestros pueblos, de nuestras naciones, de nuestras comunidades.
Tres empresas de noticias transnacionales divulgan el 80% de las
noticias que se divulgan por el mundo en cables. Eso no es nada comparado con la
televisión digital, los números crecientes de canales, la fibra óptica y las
posibilidades que van surgiendo.
Algo tan sagrado como la cultura está amenazando con ser barrida,
porque esos medios se usan fundamentalmente para fines comerciales, no se usan para fines
educativos. Muy pocos africanos tienen un canal de televisión, tienen un canal de radio,
y cuando tienen el canal de televisión entonces todo lo que se exhibe viene de fuera,
viene de las sociedades desarrolladas, de consumo, viene especialmente de Estados Unidos.
¿Qué libertades? No nos van a dejar ni la libertad de escoger los
alimentos, ni de cocinarlos como nuestros antepasados históricamente los cocinaban. Y
todo eso al servicio de ese orden insostenible.
Les dije aquella idea clara: Qué va a pasar cuando se produzca la
inevitable depresión que tiene que producirse y que será global. No se ha inventado
nada, ni podrá inventarse nada que lo pueda evitar en un mundo regido cada vez más y
más y más por las leyes del mercado, pero con una diferencia, ¡con una diferencia!: No
será como en 1929; las acciones están más infladas, mucho más infladas que en 1929,
cinco veces, seis veces las acciones de Estados Unidos. Algo que no tiene nada que ver con
la creación de nuevas riquezas, sino con aquello que llamábamos confianza, esperanza de
que van a seguir subiendo de valor: ganar dinero apostando, comprando acciones, comprando
monedas, cualquier cosa; con esa esperanza, la gente invirtiendo en ese dinero.
Ya expliqué en la reunión del CARICOM que en este momento, todos
los días, todos los días, cada 24 horas se realizan operaciones especulativas por un
millón y medio de millones dólares. Esta cifra equivale a dieciocho veces -yo utilicé
en la reunión caribeña una cifra más modesta, siempre me gusta quedarme por debajo,
dije: alrededor de quince veces- el producto bruto de todo el mundo en 15 días. En los
cálculos que hice me daba alrededor de 17, 18 días. Todo eso se apuesta cada día en el
mundo, nunca existió un fenómeno semejante.
Como explicaba, era el dinero buscando dinero; no el dinero
invirtiéndose en una fábrica, en una empresa, en una industria, un servicio, sino el
dinero invirtiéndose en bonos, en monedas, en acciones, en cualquier cosa; hasta en
café, pero no en un café real, sino un café que se cotiza en bolsa: que está a dos
dólares la libra y cree un comprador que va a subir a 2,30, lo compra para después
venderlo cuando esté a 2,30. No ha producido un grano de café, no lo ha cultivado; pero
él inventó un juego, una lotería con el café, con el azúcar y con cualquier producto,
y, sobre todo, acciones en la bolsa.
Ahora, antes eran solo los más ricos, los millonarios, los
Rockefeller los que tenían acciones en la bolsa; hoy, en Estados Unidos, decenas y
decenas de millones de personas tienen sus ahorros en las acciones de las bolsas, y los
fondos mutualistas de seguros están invertidos en acciones de las bolsas.
Una crisis como la de 1929 sería una catástrofe de una magnitud
impensable. Preguntémosle a Greenspan, a Rubin, a Camdessus y al Director del Banco
Mundial si ellos creen que ese globo inflado al infinito y de tipo especulativo
exclusivamente se puede mantener. Exactamente pasó cuando 1929. Hay que decirles:
Señores, ustedes han creado un banco mundial que corre de un lado para otro, un fondo
monetario que ya no tiene fondos, que no alcanzan, que las crisis se multiplican.
¿Ustedes están seguros de que ese globo no se va a desinflar?
En la OMC, al final de sus distintas agendas, nosotros les
propusimos una; con sentido del humor propuse incluir un punto: Crisis económica
globalizada, ¿qué hacer? Eso es lo que les quiero preguntar a esos señores, ¿qué
hacer? ¿Inventaron la piedra filosofal? ¿Qué inventaron para que tales fenómenos no
produzcan la temida depresión?
Yo, por mi parte, no tengo la más remota duda, y no parece que haya
que esperar para las calendas griegas, tomando en cuenta algunas de las cosas que hemos
enumerado aquí y muchas más que podrían enumerarse; los acontecimientos se precipitan,
estamos en una época en que los acontecimientos suceden unos tras otros.
Este problema es muy nuevo, los conceptos de globalización en este
sentido son muy nuevos, se han ido desarrollando con tremenda fuerza en los últimos 15
ó 20 años, pero, sobre todo, en los últimos 10 años. Igual que la conciencia del
medio ambiente es nueva. Hace 30, 35 años unos pocos hablaban del medio ambiente; hoy
habla todo el mundo y hay una conciencia del medio ambiente. Los acontecimientos se
precipitan.
Me hago una pregunta: Si esta crisis será la última o la
penúltima. Nos interesamos muchísimo y procuramos informarnos al máximo sobre cómo van
a evolucionar los acontecimientos este año y el próximo; qué va a pasar en Rusia, y con
Japón y el sudeste asiático, si llega o no la crisis a los demás lugares, cómo
resuelven. Más los problemas políticos aparejados, que son serios, que son graves. Un
problema político serio: una explosión en Rusia no es una explosión en Yugoslavia o en
la provincia de Kosovo, es una catástrofe política.
Todo significa dolorosamente que estamos ante riesgos de problemas
que van a afectar a todo el mundo, porque ya lo que hay de crisis está afectando a muchos
países. Los productores de azúcar ven el azúcar a ocho centavos, los de cobre el precio
reducido a la mitad, los del níquel reducido a la mitad, los del aluminio, los
productores de caucho, todo el mundo ahora mismo está viendo sus productos básicos
reducidos casi a la mitad.
Las economías de cualquier país están expuestas a las jugadas
bursátiles y la especulación y a perder en un momento de pánico todas las reservas
monetarias que tengan los bancos centrales del país, todos los países. Nos excluimos,
porque como nos expulsaron de todos esos organismos no tenemos que cumplir ninguna receta
del Fondo Monetario ni de nadie (Risas y aplausos). Los demás tienen que cumplirlas, y se
exponen a amanecer un día sin un centavo en la reserva.
Son cosas duras. Los problemas, todos los cambios de clima. La
influencia que todo eso puede tener en los precios de los alimentos, o con el poder
adquisitivo de la población es grande, es grande. Pero no por ello debemos ponernos ahora
como el del Fondo Monetario, el del Banco Mundial, el de la Reserva Federal y el Tesorero
de Estados Unidos diciendo: "Tranquilo, tranquilo, todo marcha maravillosamente bien.
Esto es un fenómeno."
Todos ustedes tienen sobrinos o hijos jóvenes, algunos nietos, con
cinco, seis o siete años. Cuando pasen 50 años serán mucho más jóvenes que yo, mucho
más jóvenes. Y cuando pasen esos 50 años, que pasan rápidamente -y díganmelo a mí,
que todavía a veces me creo que estoy en la escuela, o me parece que fue ayer, para mí
qué rápido pasan 50 años; díganselo a los cubanos que llevamos casi 40 años de
Revolución y de bloqueo, los vamos a cumplir. ¡Qué fácil pasan cuarenta años!, a
veces parecen un segundo-, cuando pasen esos 50 años, el número de habitantes de este
planeta será de 10 000 millones. Eso significará más arroz, más hamburguesas, más
trigo, más maíz, más leche, más ropa y zapatos, más medicinas, más techo, más
transportes, más agua potable, más recreación, más cultura, más bienes espirituales
que podemos producir en cantidades infinitas, o que podría producirlos una humanidad
racional y no unas miles de transnacionales guiadas por las leyes del mercado.
¡Cuánta riqueza espiritual no podría crear el hombre! Y no solo
de pan vive el hombre, como dice la Biblia. Se les echa mucho más de menos a los bienes o
las riquezas espirituales, a los valores espirituales, cuando las necesidades materiales
están satisfechas, y para esos 4 000 millones de habitantes adicionales habrá que formar
médicos, maestros, construir hospitales, desarrollar nuevos medicamentos, los cuales,
además, prolongan la vida, y derrotar el cáncer, el SIDA y otras enfermedades viejas y
nuevas.
Los que tendrán que ser alimentads y ayudados por un porcentaje
menor de personas crecerán cada año, por eso andan preocupados ya en Estados Unidos,
Inglaterra y en otros lugares que quieren elevar a 65 años o más la edad del retiro. El
hombre prolongará su vida, puede prolongarla. Los medicamentos y los programas de la
Organización Mundial de la Salud han reducido casi a la mitad los niños que morían cada
año, hace 30 ó 40 años. La productividad tiene que crecer. Hay que alimentar a una
humanidad.
¿Existe o no existe esa humanidad? ¿Hay o no que alimentarla,
educarla y aportarle el máximo de bienestar que no solo está en los bienes materiales?
Llega un momento en que los bienes materiales sobran. Incluso hay aquellos que cuando
tienen un automóvil les sobran sin duda tres o cuatro más que poseen. Incluso habría
que ver los patrones de consumo. Todas esas cadenas de que les hablé, todo ese monopolio
de los medios masivos están dedicados por entero a divulgar los hábitos de consumo de
las sociedades capitalistas desarrolladas. Es terrible.
¡Cómo podríamos imaginarnos a cada chino y a cada indio de la
India con un automóvil en la puerta de su casa! ¿Qué quedarían de los 100 millones de
hectáreas que tienen los chinos hoy para producir granos, arroz, alimentos para 1 500
millones de habitantes que tendrán en pocas décadas y construir a la vez carreteras,
autopistas, garajes, viviendas?
¿Se puede seguir divulgando e imponiendo al mundo el ansia de esos
patrones de consumo? ¿No podríamos inculcar un poco más de ansias de cultura y de
riqueza espiritual? Cuando el hombre la descubre, muchas veces prefiere eso a cualquier
otra cosa (Aplausos). Cosas que edifiquen y no que enajenen, y todas las televisiones,
además de recrear, para educar, enseñar, enriquecer el espíritu del hombre, hacerlo
mejor, más generoso, y no convertirlo en una fiera, en un asesino.
Otros datos estadísticos que andan por ahí señalan que en muchos
países se cuentan como promedio de 5 a 10 actos agresivos por hora de televisión, y que
en 1996-97 la proporción de programas con violencia, en Estados Unidos, era de un 61% del
total. Violencia y más violencia, sexo y más sexo, con una diferencia, que el hombre no
es por naturaleza violento, aunque la Biblia nos diga que Caín mató a Abel, a pesar de
que no existía entonces el televisor (Risas). Al sexo en el hombre más bien hay que
educarlo, porque nace de una forma instintiva, natural -no hay que estarlo pregonando
mucho, ¿verdad, jóvenes universitarios? (Risas.) Con fines publicitarios y groseramente
comerciales se explota y se le lleva a la exacerbación. Eso da lugar también a muchos
fenómenos presentes en nuestra sociedad, vinculados a nuestro mundo de hoy:
irresponsabilidad, inestabilidades emocionales, decepciones, desuniones, divorcios.
Créanme que no les está hablando un párroco desde la iglesia
(Risas), no estoy ni puedo estar contra el derecho al divorcio; pero nosotros, en nuestra
responsabilidad de dirigentes del país, deseamos que haya más estabilidad en la familia
y cuantos menos divorcios mejor.
Es que realmente la estabilidad ayuda a los hijos que son los que
más sufren las desuniones y ayuda al hombre. Al hombre lo ayuda, digamos, a dominar sus
instintos. No se gana nada con exacerbarlos.
La violencia y el sexo son dos recursos muy concurridos de todos
estos medios masivos de divulgación con sentido comercial. Es que todo resulta comercial;
no hay nada humano, no hay nada que busque la superación del hombre, sino todo aquello
que pueda producir una ganancia aunque deforme al hombre, aunque destruya al hombre,
aunque complique más su vida social.
Hay que cultivar valores, no queda otra alternativa, dentro del
máximo de libertad, porque los valores auténticos son aquellos que se practican en medio
de la mayor libertad del mundo (Aplausos).
No es un sueño ni es un imposible que un día todos esos recursos
fabulosos que servirían para educar, para enseñar y para mejorar al hombre, puedan ser
dedicados a esos fines de carácter humano.
Digo que el tiempo pasa rápido, no solo el que yo uso en esta
tribuna (Risas), sino el otro -y lo menciono porque no sé si se me va el avión (Risas)-,
el tiempo pasa rápido. Les mencioné 50 años, ya ustedes tienen una idea de que, seamos
los que seamos, habrá un espacio menor. Preguntémonos cuáles deberán ser nuestros
patrones de vida, nuestros patrones de consumo, cuáles nos corresponden como una inmensa
y creciente humanidad.
Creo que son problemas que hoy preocupan a muchas personas, de una
forma o de otra, de una clase social o de otra, de una religión o de otra. El gran
desafío es cómo reunimos todas las inteligencias, todos los valores y todas las éticas
para alcanzar esos objetivos.
Yo les he robado unas cuantas horas, pero no quise venir aquí y
decirles simplemente: "Buenas tardes. ¿Cómo están ustedes? ¡Qué feliz nos
sentimos por el recibimiento!" (Aplausos.) Claro que es cierto, pero no tengo que
decir lo que ustedes saben.
Quería expresarles un poco de nuestras ideas, de nuestro
pensamiento. Casi casi no les iba a hablar nada de Cuba, me extendí un poco en eso para
explicar algunas experiencias. Más bien quería abordar estos temas aquí, de hermano a
hermano, de corazón a corazón, con una franqueza igual a la hospitalidad, a la
generosidad y al cariño con que han recibido ustedes a nuestra delegación. Ustedes que
tanto han contribuido al éxito de la visita en todos los sentidos, ustedes que han sido
tan hermanos, ustedes que han cargado nuestras almas con tanto ánimo, tanto entusiasmo y
tanto aliento, porque esa confianza no se ha forjado en cielo despejado, se ha forjado
bajo un diluvio de mentiras, desinformaciones y calumnias; se ha formado bajo una
tempestad de rayos en estos años en que no hemos tenido siquiera la oportunidad de vernos
así, encontrarnos de pueblo a pueblo, en representación, junto con otros compañeros,
del pueblo cubano.
Alegrémonos por este gran avance, alegrémonos porque los pueblos
puedan acercarse, intercambiar, hablar; pero el ánimo es muy grande -les decía-, porque
esa confianza de ustedes se ha desarrollado en condiciones casi imposibles. ¿Y qué nos
enseña eso? Que hay que tener confianza en el hombre, hay que tener fe en los pueblos, en
su talento, en su inteligencia.
Si en muchos lugares del mundo los representantes de esa Cuba
bloqueada y calumniada con los más sofisticados medios que se han creado tienen amigos y
encuentran tantos hombres y mujeres del pueblo que comprenden su lucha, que comprenden su
causa, que son solidarios con ella, ¿no es eso, acaso, mucho más difícil que soñar con
un futuro mejor, con un mundo más justo y con una sociedad global, universal,
verdaderamente humana? (Aplausos.)
Esto que les expreso, nacido de la experiencia de nuestro pueblo
luchador y combativo, de la experiencia que hemos vivido en muchas cuestiones de este
tipo, de la pupila insomne tratando de ver y adivinar la evolución de los
acontecimientos, son mis convicciones y las convicciones de nuestros compañeros que
queremos dejar aquí, a ustedes, nuestros hermanos dominicanos, como depositarios de estas
ideas que no pido que se compartan, aunque sí que las mediten. Nosotros mismos tenemos
que profundizar mucho más y aprender mucho más.
Ustedes han sabido escuchar con paciencia y con respeto. Les doy las
gracias, y vuelvo a expresar mi admiración, porque en este encuentro con ustedes, y sé
muy bien con quiénes estoy reunido, puedo apreciar de nuevo cuántos hombres y mujeres de
pensamiento, y cuántos hombres y mujeres nobles hemos tenido el privilegio de ver y
conocer en este viaje.
Me voy -ahora sí lo digo- muy feliz; y trataremos todos nosotros, y
trataremos todos los cubanos, de ser dignos de esa solidaridad, de esa confianza y de ese
amor extraordinario que ustedes nos han mostrado.
Muchas gracias (Aplausos y exclamaciones de: "¡Fidel, Fidel,
Fidel!")
(OVACION).
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