Nuestra Revolución no fue un producto importado, fue un producto creado por nuestro pueblo

En esas condiciones, ¿cómo salvar el país? Aquellos desde el Norte apretaron cuando vieron estas realidades objetivas: un edificio de dos columnas que pierde una columna; la otra columna, sin embargo, era el pueblo, la conciencia adquirida por el pueblo (Aplausos), su capacidad de lucha, de resistencia, su heroísmo, porque nuestra Revolución no fue un producto importado, fue un producto creado por nuestro pueblo. De las armas con que nosotros ganamos la guerra, el 90% habían sido armas ocupadas al enemigo (Aplausos); nadie nos suministró armamento, de vez en cuando llegó alguna gota (Del público le dicen: "¡Cuba, dignidad de América!") (Aplausos). Fue una Revolución genuina, auténtica, propia de nuestro pueblo, no nos la exportó nadie ni nos la hizo nadie. Nosotros no teníamos ni siquiera relación con la URSS, y no era por prejuicios, era realmente en consideración a la situación internacional en plena guerra fría.

Intentamos adquirir las primeras armas en un país europeo occidental, en Bélgica, armas para defendernos con empleo de nuestra experiencia guerrillera, ya que no podríamos resistir un ataque de Estados Unidos con métodos convencionales, y llegó el primer barco. El segundo barco, cuando lo estaban descargando allí cientos de trabajadores y soldados, estalla, explosión terrible, y, cuando regresan oleadas de hombres a rescatar las víctimas, estalla otra vez: más de 100 personas muertas, cientos de heridos.

Esas fueron las primeras armas que compramos en Occidente, para no darles pretexto a los caballeros del Norte. Algunos cañones fueron adquiridos en Italia, con su correspondiente parque; vinieron las presiones y llegaron los cañones, pero apenas llegó el parque, cuando solo había un poco de parque, suspendida la entrega de parque, y las amenazas de agresión encima desde el instante mismo que hicimos la ley agraria.

El plan de Girón y de invasión a Cuba no se concibe en Estados Unidos porque hubiésemos proclamado el carácter socialista de la revolución, se concibe inmediatamente que aprobamos la ley de reforma agraria en el mes de mayo de 1959. Como los grandes latifundios norteamericanos eran dueños de decenas de miles de hectáreas cada uno y algunos de ellos hasta de 200 000 hectáreas, una sola empresa transnacional, vino inmediatamente el decreto de guerra a muerte, había que destruir esa revolución: ¿qué es eso de andar permitiendo reformas agrarias que afecten intereses de transnacionales norteamericanas? ¿no han aprendido acaso estos la lección de Guatemala?

Qué había costado aquella lección lo sabemos hoy muy bien: más de 100 000 desaparecidos, alrededor de 150 000 muertos, producto, en su inmensa mayoría, de la represión, sobre todo los desaparecidos y muchos de los muertos. Ciento cincuenta mil vidas fue el fruto de aquella expedición contra Jacobo Arbenz; pero esa historia la conocíamos. Buscábamos armas para el pueblo y sabíamos la receta; pero ellos fueron los que no supieron apreciar la diferencia entre la situación de Guatemala y la de Cuba, que fue fruto de una revolución victoriosa contra fuerzas organizadas, suministradas y entrenadas por Estados Unidos, que alcanzaron el número de 80 000 hombres, derrotadas al final, realmente, con 3 000 armas de guerra, a los 25 meses del desembarco del Granma.

No se dieron cuenta de que estaba el pueblo en el poder. Y de lo que el pueblo puede, ustedes han tenido experiencia a lo largo de la historia, porque si ha habido un país con historia azarosa y difícil en este hemisferio es este hermano país dominicano (Aplausos).

Ustedes han vivido hasta la experiencia de combatir en su propia tierra contra un desembarco de 40 000 soldados norteamericanos (Aplausos), y no los pudieron vencer; no pudieron vencer al pueblo y a los militares que estaban junto al pueblo, cuya figura cimera recordaremos siempre, y lo mencioné el día del acto de condecoración, la figura de Francisco Caamaño (Aplausos prolongados). Ustedes no pudieron ser aplastados, tuvieron que negociar, buscar salida, de una forma o de otra, mediante inevitables concesiones mutuas, desde luego. Si hasta varios países latinoamericanos se sumaron a la agresión, unos cuantos se sumaron a aquella invasión a República Dominicana; primero la invasión y después la santificación de la invasión por la famosísima OEA. No se podía olvidar aquello.

De modo que en Cuba se inician las agresiones por una ley de reforma agraria. Claro, a cada medida de Estados Unidos, respondía Cuba con otra medida: Suspensión de cuotas azucareras, nacionalización de determinadas empresas (Aplausos); suspensión total, nacionalización total (Aplausos). Muchos terratenientes y grandes ricos de origen nacional se marcharon creyendo que era cuestión de días también, porque siempre están las creencias, ¿no? (Risas), y entonces la creencia era que resultaba imposible aquello: ¿Una Revolución al lado de Estados Unidos? ¡Ah!, olvídense. Muchos se fueron de vacaciones prácticamente, esperando que los vecinos liquidaran. Se quedaron las grandes mansiones vacías, ¿qué hacer? ¡Cien mil jóvenes becados en las casas de los vacacionistas! (Risas y aplausos.) Nosotros no le quitamos una casa a nadie, ¡a nadie!, se fueron de vacaciones, y como las vacaciones se prolongaron indefinidamente... (Aplausos). Ahí están las casas conservadas y mantenidas al servicio de la nación.

Ahora la Ley Helms-Burton dice que los dueños de aquellas casas son norteamericanos y, por lo tanto, la ley se aplica también a aquellas y otras propiedades de los vacacionistas. Cosa increíble, por primera vez en la historia se les da categoría de ciudadanos y se les aplica la ley; hasta el mismo Clinton dijo un día que eso era una locura, y él debe saber de locuras (Risas y exclamaciones de: "¡Fidel, Fidel!"), sin ánimo, desde luego, de ofenderlo, porque no estoy con la extrema derecha fascista de ese país. Creo que me expreso claro en eso cuando digo cómo pienso, sin ánimo de lastimar; pero dijo eso.

Eso le costaría 100 000 millones de dólares a Cuba, lo que estaba reclamando la Ley Helms-Burton antes de quitar el bloqueo. Caballeros, únicamente con la maquinita de imprimir billetes verdes que tienen en la tesorería de Estados Unidos. Qué extremos absurdos, y ley con carácter extraterritorial para que no haya inversiones en Cuba. Entonces miramos asombrados a Estados Unidos y decimos: Caballeros, ¿quiénes son los principales defensores del socialismo hoy en Cuba? Estados Unidos (Aplausos), a tal extremo que no quieren que inviertan. Bueno, y nosotros cada vez que podemos, invertimos algo, un pedazo de socialismo.

¿A dónde lleva la falta de lógica o la inconsecuencia de prohibir o hacer todo lo posible para que no haya inversiones en nuestro país? ¿De dónde podría sacar nuestro país, en estas condiciones, los recursos? ¿De dónde, repito, podría sacar nuestro país en estas condiciones los recursos? Igual que la inmensa mayoría de los países del Tercer Mundo que no tienen un mar de petróleo en el subsuelo, necesitan tecnología, necesitan capital, nosotros no estamos excluidos de esa regla. Y aun antes del período especial, del derrumbe de la URSS, comprendimos que algunas ramas de la economía no podían desarrollarse simplemente con el apoyo del campo socialista, porque no poseían la tecnología para hacerlo. Ya habíamos llegado, incluso, a la conclusión de crear en determinadas ramas empresas mixtas como ocho o nueve años antes del derrumbe del campo socialista, meditando, profundizando, racionalizando, como un complemento del desarrollo socialista de nuestro país.

Ellos tratan de estrangularnos de todas formas, ante el fracaso de todo y de todos los planes. Pero querían aprovechar el momento especial, les habían fallado los otros cálculos, los otros planes, incluida, desde luego, la invasión mercenaria, que duró menos de 72 horas, porque sabíamos que no se podía permitir la consolidación de una cabeza de playa. Ya tenían el gobierno en un avión, el mecanismo fácil. Iban a aterrizar en una pista construida por la Revolución en un lugar inhóspito, pantanoso. Tres carreteras había construido la Revolución hacia aquella dirección, puede decirse que en los primeros meses, sobre terrenos pantanosos, donde había que echar toneladas y toneladas de piedra por metro lineal para establecer una base firme; hasta una zona turística estaba desarrollándose, una pista de aterrizaje. Ese fue el lugar que escogieron, fácil de defender, puesto que había que atravesar para reconquistarlo decenas de kilómetros por el fango, por esas carreteras que podían ser bloqueadas de una forma sencilla.

Gran sorpresa -nueva subestimación que recibe su castigo-: La escuadra norteamericana estaba allí a tres millas y media, con portaaviones y todo, pero no le dio tiempo, porque atacando incesantemente, nuestras fuerzas, no muy experimentadas en determinadas armas, pusieron fuera de combate la expedición mercenaria en aproximadamente 68 horas (Aplausos). El gobierno se quedó esperando allá en Miami, ¡está esperando todavía! (Aplausos.)

Guerra sucia como la que hicieron en Nicaragua: llegaron a organizar bandas en todas las provincias del país y principalmente en la zona montañosa del Escambray, que era la zona que estaban preparando para la invasión que proyectaban realizar. Pero les limpiamos el Escambray, lo redujimos al mínimo. Hubo un momento en que llegaron a tener allí alrededor de 1 000 contrarrevolucionarios, suministrados por aire, aunque muchas de las armas caían en manos nuestras, porque nosotros también habíamos organizado "nuestras bandas" o las habíamos infiltrado o "nuestras organizaciones contrarrevolucionarias"; al fin y al cabo, los revolucionarios infiltrados en ellas terminaban siendo jefes de las organizaciones (Risas y aplausos). Ese era el momento de decirles: "caballeros, aguanten"; prestaban distintos servicios y todo, pero se destacaban.

Las fuerzas que defendían la Revolución adquirieron capacidad para combatir aquellas bandas; la adquirieron saben por qué, porque nunca usaron la violencia física -me complace decirlo aquí hoy-, nunca la usaron. Ni la usamos en la guerra ni la usamos en la paz; ni la usamos en los primeros años que fueron de los más difíciles ni la utilizamos nunca en la época de la revolución, digan lo que digan, mientan lo que mientan y calumnien lo que calumnien. Cuba y nuestro pueblo saben bien cómo son las cosas allá y cuáles son nuestras reglas éticas. Ni utilizaremos jamás esos procedimientos, quienes torturan buscando informaciones no averiguan nunca nada.

Como tenían esa regla, nuestras fuerzas adquirieron habilidad sobre todo para penetrar. Hubo un momento en que la CIA llegó a organizar -entre la CIA y los entusiastas de la CIA- 300 organizaciones contrarrevolucionarias, algunas, desde luego, mucho más connotadas, mucho más importantes. Así, fue una batalla larga.

Después, ataques piratas, planes de invasión directa a Cuba. Eso se sabe hoy por documentos, lo que nosotros denunciábamos antes, de los planes que el gobierno ordenó elaborar al Pentágono para el pretexto de una invasión directa a Cuba. Fue después de Girón.

Todo eso está en el origen del proceso que dio lugar al acuerdo entre la URSS y Cuba de la ubicación de proyectiles estratégicos en nuestro país, un tema largo sobre el cual recientemente hablé a una de las más importantes cadenas, la CNN, en un programa donde me hicieron muchas preguntas y yo hasta con documentos, las contesté todas: ¿cuál fue el origen, qué pasó? Y, al fin y al cabo, se demostró que era cierto que estaban preparando una invasión directa. Ese fue el origen de la Crisis de Octubre, episodio en el que no quiero extenderme ahora, no es mi objetivo.

Después de la crisis, de nuevo ataques piratas, sabotajes a lo largo de estos años, planes de atentados, decenas, cientos, y ya no solo los organizados institucionalmente, sino por aquellos grupos que fueron entrenados, muy bien entrenados, y puestos en libertad para llevar a cabo atentados y actos personales, enmascarando la responsabilidad que correspondía a Estados Unidos.

Todos esos grupos son la misma gente de los que volaron el avión en Barbados, de los que participaron en la guerra sucia de Nicaragua suministrando armas desde El Salvador y Honduras, sobre todo; las armas que se obtuvieron mediante aquel escandaloso acuerdo llamado Irán-Gate y que fueron a parar a Centroamérica. Son los mismos grupos los que realizan todos esos atentados, aparentemente independientes, pero hay pruebas de que durante muchos años fueron tolerados.

Es incuestionable que los actos de terrorismo que hicieron en nuestra capital para sabotear el turismo y tratar de asfixiar más la economía de nuestro país, fueron tolerados y fueron conocidos, puesto que era absolutamente imposible realizarlos sin que los conocieran quienes estaban en el deber de evitarlos, ya que fueron organizados desde Estados Unidos, contratando mercenarios en Centroamérica. Habría sido imposible, eso nos consta hasta fecha muy reciente. Se creó un deliberado sistema de terrorismo contra Cuba en el que todos eran responsables y nadie era culpable. Se crearon, en fin, los más diabólicos mecanismos de dispersar la responsabilidad, en la misma política de hostigamiento y de liquidación de nuestra Revolución.

De eso sabemos mucho, y no quiero hablar del tema ahora, no era mi idea, sino referirme a algunas de las cosas de Cuba como me he estado refiriendo. Pero lo esencial es la resistencia de nuestro pueblo; lo esencial sería preguntarse cómo es posible que en tan difíciles condiciones, de las cuales les he ofrecido algunos elementos, nuestro pueblo haya podido resistir.

Es en esas condiciones que nosotros valoramos ese sentimiento de apoyo y de solidaridad que en forma tan generosa y extraordinaria han expresado ustedes en estos días. Y no podrán imaginarse lo que nos ayuda eso. Cómo nos ayudaron los caribeños allí en Jamaica cuando nos recibieron con actos de masas para hablar en español a masas de idioma inglés. ¡Pero qué conciencia, qué conocimientos! Y cómo demostraron comprender el significado de la política solidaria de Cuba con el Africa, con ese continente, y de nuestra lucha contra el apartheid y contra el ejército del apartheid, uno de los ejércitos más modernos y más tecnificados, que poseía siete armas nucleares cuando estábamos combatiendo contra ellos, junto a los angolanos, en Cuito Cuanavale y en las proximidades de la frontera de Namibia, donde no pudieron aceptar el reto y tuvieron que resignarse a negociar; negociaciones que pusieron fin al coloniaje en Namibia y aceleraron extraordinariamente la desaparición del apartheid.

Hoy muchos hablan en Occidente, todos los días, del apartheid: ¡qué bueno que desapareció!, de aquel apartheid del que muchos fueron cómplices, aquel apartheid al que jamás bloquearon, aquel apartheid que constituyó una de las páginas más vergonzosas, repugnanes y humillantes de la historia moderna. Hablan de eso, pero resulta muy difícil que se mencione el nombre de los combatientes cubanos que participaron en esa batalla, de los combatientes cubanos que murieron en esa batalla, y cómo un país, desde aquí desde el Caribe, pudo enviar hasta 55 000 combatientes voluntarios en los momentos decisivos y críticos (Aplausos).

 Los pueblos africanos sí lo conocen, y no lo olvidan. El pueblo de Sudáfrica y sus líderes africanos sí lo conocen, y no olvidan. Los demás van ahora al Africa, a países que contribuimos con nuestra sangre a liberar del yugo colonial y a defender del apartheid, a invertir millones y miles de millones. Allí no ha ido Cuba ni irá Cuba a invertir un solo centavo (Aplausos). Invertimos lo que nos correspondía y que vale mucho más que el dinero, mucho más que todas las transnacionales juntas: ¡nuestro sudor, nuestra sangre y nuestras vidas! (Aplausos y exclamaciones de: "Viva Cuba revolucionaria!") A ese país lo quieren destruir.

En esa batalla de la que les hablo, en la etapa final, ya que una parte de nuestras fuerzas estaba en otras direcciones, participaron 40 000 soldados cubanos y 30 000 soldados angolanos, con los medios, los recursos de tanques, los medios antiaéreos, 1 000 armas antiaéreas, frente a un país que podía haber hecho uso de cualquiera de las siete armas nucleares que poseía. Y me pregunto aquí, en esta universidad ilustre: ¿Sabían o no sabían los norteamericanos que Sudáfrica poseía siete armas nucleares? Ellos que lo saben todo, o casi todo, por lo menos en materia de espionaje. Ellos que invierten, solamente en la Agencia Central de Inteligencia, 27 000 millones de dólares al año, más el Sistema Nacional de Inteligencia que ni se sabe lo que invierte; puede ser entre 30 000 y 40 000 millones lo que inviertan en el sistema de inteligencia, que ahora sabía -según dicen- que en una fábrica de medicamentos se producían armas químicas, y donde está, uno a uno, cada uno de los componentes de grupos a los que responsabilizaban con actos, desde luego, criminales y condenables, como fueron aquellos actos terroristas en las capitales de Tanzania y de Kenya. Dicen conocer todo eso.

Utilizo este argumento para preguntarme, si no conocían que Sudáfrica tenía siete armas nucleares. Si no lo conocían, ¿cómo pudo Sudáfrica adquirir esas armas? Pero es que allí, combatiendo, estaban los cubanos. ¡Cuán feliz, tal vez, se habrían sentido si los racistas llegan a descargar algunas de aquellas armas contra las tropas cubanas!

Claro que habíamos tomado todas las medidas en previsión de que eso ocurriera: en la táctica, en la organización de las fuerzas en grupos no mayores de 1 000 hombres poderosamente armados y en todas las medidas que acompañaban su avance para reducir al mínimo el riesgo de que cayera algún arma de ese tipo, si lograban romper nuestras barreras antiaéreas y si lograban adquirir el dominio del aire, que era ya nuestro, gracias a los pilotos que volaban en vuelos rasantes a casi 1 000 kilómetros por hora y a 40 ó 50 metros de altura.

Se las arreglaron nuestros combatientes para dominar el aire, disponían de las armas con qué contrarrestar un posible ataque de esa índole. Pero aquellos que lo saben todo, lo ignoraban. Nosotros tenemos la más absoluta convicción de que no lo ignoraban; mas por ello no pudieron impedir la derrota del poderoso ejército del apartheid.

No solo los pueblos africanos, otros pueblos, los caribeños, ¿no lo demostraron? ayer hablaba yo del aeropuerto de Granada, que ha resultado vital para el rápido desarrollo económico que está teniendo la isla. Tenían condiciones turísticas excelentes, pero no tenían un aeropuerto. Los proyectistas cubanos lo elaboraron; se construyó casi sobre el mar. Recientemente tuvimos oportunidad de visitarlo.

Estaba casi terminado cuando la famosa invasión, y allí, incluso, para humillarnos, con bombos y platillos aterrizó el señor que ordenó la invasión. No pasó mucho tiempo, algunos años sí; pero allí nos recibieron los granadinos en días recientes (Aplausos) y recibieron a nuestra delegación con un cariño extraordinario, y en aquel aeropuerto pusieron una placa, que inauguramos el día de la llegada, en memoria de los constructores que trabajaron en aquel aeropuerto, algunos de los cuales murieron cuando aquel injustificable y artero ataque se produjo contra Granada.

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