| NACIONALES |
Tenemos enemigos poderosos,
tenemos que enfrentar grandes
dificultades; pero tenemos también
el gran activo de representar la mayor
parte de la población planetaria que
tiene derecho a exigir un sitio en el mundo
Conferencia Magistral impartida por el doctor Ernesto Samper Pizano, Presidente de la República de Colombia, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el día 25 de junio de 1998, "Año del Aniversario 40 de las batallas decisivas de la Guerra de Liberación."
Señor Presidente Castro;
Señor Rector;
Señores cancilleres;
Señores ministros y altos funcionarios;
Señores asistentes;
Querida colonia de colombianos que hoy nos acompañan;
Queridos amigos y amigas:
Es para mí particularmente placentero hacerme presente en este emblemático lugar, para formular algunas consideraciones sobre lo que ha sido el papel de Colombia en la reorientación del Movimiento de Países No Alineados. Lo hago aquí, no solamente desde mi condición de Presidente de la República de Colombia, sino también ante un tan selecto auditorio que representa al pueblo cubano, al cual le expreso, en nombre del pueblo de Colombia, una solidaridad no pasiva, sino activa, que explica mi presencia aquí en la Isla de Cuba (Aplausos). Y es que yo pienso que las solidaridades pasivas y las tibiezas públicas tienen algo de complicidad pasiva. La solidaridad es pública o no es solidaridad, por eso estamos aquí en Cuba (Aplausos). Nosotros mismos hemos vivido ese síndrome de las solidaridades pasivas que debemos erradicar de América Latina para recuperar un verdadero concepto de hermandad hemisférica.
Vengo a hablarles del Movimiento de Países No Alineados.
Hace ya varias décadas se reunieron una serie de quijotes que pensaron, en pleno apogeo de la guerra fría, que nuestros países tenían que establecer unas distancias estratégicas alrededor de la confrontación ideológica, a través de la cual se estaban disputando el mundo dos grandes potencias. Entonces tuvimos la osadía de reclamar nuestro derecho a ser equidistantes de estas pretensiones hegemónicas.
Pues bien, la guerra fría terminó y muchas personas se dijeron qué tienen que hacer los nuevos antiguos socios del Movimiento de No Alineados si la razón de la disputa principal que dividía al mundo también ha acabado. Nosotros contestamos: Nunca antes como hoy había resultado tan necesaria la solidaridad de los países en desarrollo, frente a unas amenazas tanto o más graves que las que se presentaban hace 40 años. Se acabó la guerra fría, es cierto, pero no se acabó la pobreza, pero no se acabó la injusticia social, pero no se acabaron las necesidades en el mundo, ni como por arte de magia se solucionaron nuestras dificultades en el desarrollo.
Por eso el papel fundamental que ha tratado de representar la nueva política del Movimiento de No Alineados que ha lidereado Colombia, tiene que ver precisamente con la necesidad de que encontremos también, como hace algunos años, un nuevo equilibrio en las relaciones globales.
Todos estamos de acuerdo en la globalización económica. Ningún país sensato puede hoy día decir que la autarquía o el proteccionismo a ultranza son el camino en la consolidación de nuestros modelos de desarrollo.
Pero así como creemos en la globalización económica, también estamos conscientes de que esta apertura planetaria tiene que estar sometida a una serie de reflexiones, de ajustes, de condicionamientos sociales, que nos permitan a los países en desarrollo ser parte activa y no solamente testigos pasivos de la manera cómo los grandes países industrializados se van a repartir ahora el mundo.
Permítanme señalar, alrededor de esta primera inquietud -la de la necesidad de ajustar la globalización económica a la estructura de los países en desarrollo-, algunas consideraciones. La primera tiene que ver con los costos sociales del ajuste económico, porque si nosotros aceptamos que la nueva estructura económica del mundo consiste simple y sencillamente en dejar que operen las reglas del mercado, los más perjudicados vamos a ser los países en desarrollo.
Ya se está hablando por parte de los países industrializados, por ejemplo, de la posibilidad de establecer una llamada cláusula social, que sería una especie de impuesto a la pobreza, a través del cual se nivelarían, mediante la imposición de unos impuestos, las diferencias salariales y laborales entre los países en desarrollo exportadores y los países industrializados en sus importaciones.
Si nosotros aceptáramos esta llamada cláusula social, estaríamos simple y sencillamente legitimando que los países industrializados, por el hecho de tener nosotros en algunos factores condiciones más baratas de desarrollo, nos pudieran colocar unos impuestos, que serían unos impuestos a la pobreza, al atraso, a la miseria, a las condiciones desfavorables en que estamos exportando. Por eso Colombia ha propuesto una agenda social del Movimiento de Países No Alineados.
Estamos, es cierto, cada día más cercanos geográficamente. El Internet, la revolución de las telecomunicaciones, nos comunica en minutos; pero no hemos superado nuestras distancias sociales.
¿Qué vamos a hacer en relación con la superación de la pobreza? ¿En qué quedaron los compromisos de los países industrializados de destinar más del 1% de su Producto Interno Bruto a la asistencia para el desarrollo? ¿Cuándo vamos a poder manejar las restricciones que nos están imponiendo en materia medioambiental?
Fue muy sencillo para los países industrializados construir su infraestructura y sus obras de desarrollo cuando no tenían ninguna exigencia medioambiental. Nosotros tenemos que construir unas infraestructuras de desarrollo a las cuales se les imponen unas exigencias medioambientales que elevan en el 30% o el 40% el valor de las obras.
Necesitamos los Países No Alineados, como lo ha propuesto Colombia entonces, una agenda social del no alineamiento, que empieza por una reflexión clara y sincera sobre lo que es nuestra cultura, y no hablo de la cultura como un factor homogéneo de identidad de nuestros pueblos, sino como esa gran diversidad de todos nuestros países, que nos permitirá, sumando esas grandes y ricas diferencias, crear una nueva forma de cultura autónoma, soberana e independiente, la cultura del no alineamiento.
Me refiero también a la revolución de la educación y, por supuesto, como lo señalaba esta mañana en la instalación de la Cumbre de Ministros de Salud del Movimiento, necesitamos unos conceptos claros sobre lo que debe ser el manejo del problema de la salud en el mundo ahora, cuando el 90% de las muertes no naturales se están produciendo precisamente en los Países No Alineados.
No aceptamos la receta venenosa del neoliberalismo. Creemos que el funcionamiento libre del mercado va a terminar permitiendo que "los tiburones" se coman a "las sardinas". Creemos que la libertad que predica el mercado es la libertad que tiene el zorro para comerse las gallinas en el gallinero. Creemos, igualmente, que no podemos aceptar una propuesta de apertura comercial, cuando en el fondo todos sabemos que con el libre mercado está sucediendo lo mismo que con el paraíso, que aunque todos quieren llegar a él, nadie quiere llegar todavía.
Pues bien, nosotros no podemos ser los primeros en llegar a esa utopía del libre mercado, y eso me lleva a formular la segunda reflexión, y es el tema de las reglas de acceso a ese mercado que todos nos están predicando como la gran panacea de la relación planetaria del siglo XXI.
Vivimos, es cierto, en los años pasados, lo que se llamó la época del proteccionismo. Los productos de exportación estaban todos gravados por cláusulas arancelarias, por impuestos, por restricciones derivadas de la necesidad de proveer mayores recursos fiscales a los países desarrollados.
Es cierto que con los acuerdos de libre comercio estamos desmontando las viejas barreras arancelarias; pero han surgido nuevas barreras, barreras neoproteccionistas, todo un cúmulo de alambradas que impiden el acceso de nuestros productos a los mercados de los países industrializados: normas fitosanitarias, limitaciones aduaneras, cuotas administrativas, para no hablar de medidas unilaterales que han afectado particularmente a países como Cuba o como Colombia y que van en total contra la vía del supuesto espíritu de una apertura planetaria del mundo a los flujos económicos.
Por eso tenemos que entrar a revisar esa nueva alambrada de barreras neoproteccionistas no arancelarias, que pueden resultar mucho más peligrosas en nuestras posibilidades de acceso a los mercados industrializados que las reglas claras, aunque restrictivas, que teníamos hace algunos años.
En un estudio reciente y que presentamos a la reunión de la Organización Mundial del Comercio, se encontró que los productos latinoamericanos, en sus posibilidades de ingreso a la Unión Europea, están afectados, de una u otra manera, con 193 formas distintas de restricciones proteccionistas que le darían dolor de cabeza al propio señor Frank Kafka. Pues bien, ese es el tipo de limitaciones, frente a las cuales se necesita una posición solidaria de los Países No Alineados.
Hay una tercera reflexión alrededor de este tema de la globalización económica: el acceso a los factores de producción, porque nosotros nos estamos quedando con la libertad del mercado -entre comillas- de bienes, mientras que la libertad en el mercado de factores está siendo monopolio de los países industrializados.
¿Qué sacamos nosotros con que podamos vender nuestros productos agrícolas y nuestras manufacturas si no tenemos acceso a los factores de producción, a la tecnología, al capital, a los servicios? Lo que a nosotros nos interesa no es solamente que nos permitan vender la leche que producimos; nosotros lo que queremos es ser parte de la propiedad de la vaca de la producción, y esa vaca son los factores representados por la tecnología que cada día es más escasa, más restringida, más limitada para nuestros países, por el capital, que cada día está más condicionado y que tiene más dificultades de acceder al mismo, como sucedió recientemente con la crisis asiática y, por supuesto, con el mercado de servicios. Porque el negocio en el mundo de hoy no es producir, queridos amigos; el negocio en el mundo de hoy es vender. Quienes se están haciendo con las utilidades del intercambio comercial no son los productores, son fundamentalmente los distribuidores, los del transporte, los del seguro, los que hacen las comunicaciones, y mientras que nosotros no tengamos reglas de acceso claras a esos factores de producción, vamos a quedar limitados en nuestras posibilidades estructurales de desarrollo.