
El Día de la Cultura Cubana es y será siempre una fecha de particular regocijo para todo nuestro pueblo. No puede ser de otro modo: hace 158 años, un día como hoy, cantamos por primera vez en Bayamo nuestro hermoso y vibrante Himno Nacional, brotado del alma de su compositor, Perucho Figueredo.
En los días tan duros y complejos que estamos atravesando, la celebración adquiere una connotación épica, por la dimensión de su alcance. Abordar cualquier tema relacionado con la cultura es hacer referencia a una conceptualización que va mucho más allá del privilegio de haber nacido en esta amada Isla. Son todos aquellos valores que heredamos de nuestros antecesores y los que vamos generando con el transcurso del tiempo.
No importa que se sea científico, agricultor o militar. La trascendencia de la cultura en el ser cubano es el alter ego que nos va creciendo en la misma medida que cumplimos años de edad. Es una especie de sólido y resistente caparazón que, aunque aparentemente no se pueda ver, sí se hace sentir cuando es auténtico.
Estamos hablando de esa sensación de plena satisfacción que nos embarga cuando, al concluir nuestras obligaciones cotidianas, cada cual se dispone a disfrutar de la música cubana de su preferencia, ya sea de un cuarteto de cámara, o bailar con populares temas de la música urbana o de una buena trovada. Otros, por su parte, prefieren elogiar el talento de determinados actores y actrices, tanto de nuestra pantalla chica como de la grande, esa que provoca aplausos multitudinarios, los mismos que se merecen los cuerpos de baile de nuestras mejores compañías danzarias.
El gesto natural como cubanos para apropiarnos de nuestra cultura implica el reconocimiento espontáneo de estar enrolados en esa expedición infinita por un profundo océano de raíces, talento, renovación y sentido de pertenencia; que, además, nos otorga en exclusiva la licencia poética de sentirnos bañados en felicidad por toda la dicha que han acumulado en nuestros corazones.
¡Cuánto orgullo nos estremece el pecho al tener plena conciencia de que la cultura cubana pudiera definirse como un precioso jamo del cual sacamos maravillas, verdaderos tesoros patrimoniales! Por ejemplo, ahí están Ernesto Lecuona, Los Muñequitos de Matanzas, Sindo Garay, Alberto Lescay, Omara Portuondo, Frank Fernández, Alberto Luberta, Juan Formell, Alejo Carpentier, Ramón Veloz, Dulce María Loynaz, Alicia Alonso, Compay Segundo, Eduardo Roca, Silvio Rodríguez, Luis Carbonell, Mirta Ibarra… gigantes que comparten destellos de identidad entre esa multitud de escritores y artistas cuyos nombres aparecerán tallados en los genes cubanos hasta el final de los tiempos.
Por eso es tan importante celebrar esta fecha con toda la hidalguía, la emoción y resiliencia que requieren las circunstancias. Frente al enemigo que pretende asfixiarnos como nación, defendamos con decisión y valentía nuestra cultura, ese aliento de pura espiritualidad que pervive en cada uno de nosotros.
Si el Apóstol traía consigo el nombre de Cuba grabado en un anillo de hierro para reiterar que viviría o moriría por su país, pensemos entonces la cultura cubana como ese anillo martiano, por la cual estamos dispuestos hasta a entregar nuestro don más preciado, el de la vida.










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