
Madruga, un pueblo de la entonces provincia Habana, vio nacer el 18 de septiembre de 1921 a Odilio Luis Esteban Urfé González, hijo del célebre José Urfé, innovador del danzón y autor de El bombín de Barreto.
Aquella herencia lo llevó inevitablemente por el camino de la música.
Odilio no solo se convertiría en pianista, sino en el más grande conocedor de la música cubana que ha tenido el país, afirmó el historiador Manuel Moreno Fraginals.
Niño prodigio, ingresó como percusionista en la banda municipal de Madruga antes de graduarse en violín, flauta y piano.
En 1931 fundó y dirigió la orquesta Ideal, y luego fue flautista en las agrupaciones de Cheo Belén Puig y Armando Valdés Torres. Pero su verdadera vocación trascendía la ejecución.
El 19 de octubre de 1949, con apenas 28 años, fundó el Instituto de Investigaciones Folklóricas, una hazaña que parecía imposible en el contexto de la República.
Lo hizo con el objetivo de atesorar verdaderos trofeos de la memoria musical cubana, rescató la cantante Marta Valdés para el medio Cubadebate. «Hablaba de los danzones de Reverón y sus ojos se encendían».
En aquella empresa lo acompañaron su hermano José, el compositor Alfredo Diez Nieto, los músicos Francisco Formell Madariaga, Ignacio Piñeiro, Santos Ramírez y el intelectual Manuel Moreno Fraginals.
La institución, que en 1963 pasó a llamarse Seminario de Música Popular Cubana, se convirtió en un verdadero conservatorio para músicos populares sin formación académica, para integrarse luego al Museo Nacional de la Música.
Para el periodista Pedro de la Hoz, era un hombre «de larga mirada. Consciente de que la música ocupa una doble jerarquía, cenital y raigal, en la cultura cubana, de que la preservación de sus tesoros, por sí misma importante, solo se completa cuando penetra y crece en la sensibilidad de la gente».
Odilio era un «hombre orquesta», que hacía malabares con sus diligencias y responsabilidades de manera perspicaz, y así lo constató en 2021 la musicóloga Janet Rodriguez en el periódico Juventud Rebelde; Urfé destacó como multinstrumentista, investigador, escritor, profesor y gestor musical, y equilibraba las presentaciones escénicas con sus proyectos investigativos.
Su proyección internacional fue notable. Ofreció una conferencia ilustrada al piano en el Carnegie Hall de Nueva York, y fue conferencista en el Festival Zacarías Paliansuili de Georgia, el Congreso de la Unión de Compositores de Alemania y la 8va Asamblea del Comité Interamericano de la Música de la Unesco en Canadá.
Participó como jurado en diversos festivales internacionales, fue secretario general del Comité Cubano del Consejo Internacional de la Música y profesor de Historia de la música cubana en el Instituto Superior de Arte, hoy Universidad.
Tras su fallecimiento el 6 de junio de 1988, el Seminario que fundó pasó a llamarse Centro de Información y Promoción de la Música Cubana Odilio Urfé. Su discípulo Jesús Gómez Cairo, ex director del Museo Nacional de la Música, se aseguró de mantener vivo su legado .
Odilio Urfé no fue solo un musicólogo en el papel, sino que la investigación y la preservación de la memoria histórica fue eje central de su vida.
Recorrió Cuba convencido de que hasta el detalle más pequeño sobre nuestra música merecía estar plasmado en nuestra historia cultural y darse a conocer.
Como bien escribió de la Hoz en el centenario de su natalicio, «fue un hombre de muchas luces», y esa luz es una guía para quienes se atreven a investigar las raíces sonoras de la nación cubana.











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