ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Ramona de Saá fue una figura legendaria de la escuela cubana de ballet. Foto: Cortesía Escuela Cubana de Ballet

La esencia de la vida incluye los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Componen el mundo que nos rodea, y están presentes en las prácticas espirituales. La danza, como un universo en sí misma, tiene los suyos propios: música, cuerpo, tiempo y espacio; puntos cardinales que marcan el rumbo vital de un bailarín.

Su impacto en el desarrollo y bienestar de las personas es profundo y multifacético. La danza se clasifica en cinco tipos: tradicional, clásica, moderna, contemporánea y urbana. A través de esta manifestación artística se transmiten emociones, sentimientos, se cuentan historias y se celebra la vida.

En la tercera edad constituye, además, una herramienta dentro del proceso cognitivo para frenar el desarrollo de la demencia.

Nuestro país se enorgullece de contar con grandes figuras que, en esta etapa de sus vidas, transmiten sus conocimientos, sin perder su virtuosismo en el escenario.

El ballet encuentra toda una familia de lujo: los Alonso, con Fernando, Alberto y Alicia, fundadores de la técnica cubana, una de las más prestigiosas a nivel mundial. Su legado continuó en las manos de Laura, hija de Fernando y Alicia, creadora del Centro Prodanza; cantera, junto a la Escuela Cubana de Ballet, de grandes bailarines.

La cultura recuerda, a su vez, a la maestra del talentoso Carlos Acosta y otros discípulos, la inolvidable Ramona de Saá (1939-2024), una figura legendaria de la escuela cubana. En su juventud fue una de las grandes junto a las reconocidas cuatro joyas y Premios Nacionales de Danza (2003): Loipa Araújo (85 años), Aurora Bosch (83 años), Mirta Plá (1940-2003) y Josefina Méndez (1941-2007).

La danza se relaciona estrechamente con los grandes cabarés de Cuba. En el Parisién, del Hotel Nacional, brilló su director artístico, coreógrafo y bailarín del Teatro de Variedades América, Rafael Hernández Fauret.

Por otro lado, el reconocido internacionalmente como Paraíso bajo las estrellas, el Cabaret Tropicana, contó con el talento del gran Santiago Alfonso como director artístico, coreógrafo y profesor de vasta experiencia, premio nacional de Danza (2006) y premio Maestro de Juventudes (2024).

Cuba presume, además, al Conjunto Folclórico Nacional, fundado hace 64 años por el maestro  folclorista Rogelio Martínez Furé. Por la compañía dejó su legado la bailarina, cantante, actriz, profesora y folclorista Zenayda Armenteros, conocida popularmente como la Ayagba de Cuba (1931-2025).

Como dato curioso, la danza consolidó su posición en la televisión gracias a figuras como la profesora, coreógrafa y directora Cristy Domínguez, reconocida con el premio nacional de Televisión y el premio nacional de Danza.

Honrar a quienes construyeron el legado de este arte en el país también se logra con la creación de galardones honoríficos. Tal es el caso del premio Lorna Burdsall, que recuerda a la bailarina y coreógrafa estadounidense (1928-2010), fundadora y directora de Danza Contemporánea de Cuba, de la primera agrupación alternativa Así somos y del Conjunto Nacional de Danza Moderna, junto al gran exponente Ramiro Guerra. 

En la actualidad, la distinción que lleva su nombre reconoce los aportes de bailarines, coreógrafos, profesores, músicos, investigadores y gestores de la especialidad. Uno de los premiados este año fue el regisseur del Ballet de Camagüey, Rafael Saladrigas.

Dicha compañía es dirigida por la bailarina, maestra, regisseur y presidenta de la Cátedra Honorífica Fernando Alonso, Regina Balaguer Sánchez.

Este texto sería demasiado extenso si se menciona a cada talento cubano, pues la Isla ha sido terreno fértil durante décadas para el florecimiento de grandes figuras de la danza, que han puesto en alto la cultura nacional en su país y en el extranjero.

Algunos de estos representantes incluyen a la primera bailarina y maître del Ballet Nacional de Cuba, María Elena Llorente, y a Rosario Cárdenas, fundadora en 1989 de su propia compañía, considerada una de las más influyentes de la danza contemporánea cubana.

Hoy, los grandes maestros de la danza ya fallecidos dejaron tras de sí un legado indiscutible para las futuras generaciones, y aquellos que aún viven, construyen sobre ese y sus propios aprendizajes para formar a los nuevos exponentes.

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