ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Se lo considera una de las voces más completas y aglutinantes de la música popular. Foto: Archivo

Este 26 de abril se conmemora el aniversario 60 del fallecimiento de Roberto Faz, prestigioso músico cubano, cuya impronta en la cultura cubana es cada vez mayor por su personal contribución al elevado rango de popularidad que han alcanzado géneros como el bolero y el son.

Lamentablemente, a su deceso le acompaña la leyenda de que, a los 51 años de edad, sufrió de catalepsia, cuadro clínico en el que la respiración y el pulso tienen un ritmo tan bajo que se puede llegar a confundir con la muerte; y, por consiguiente, apareció el rumor de que fue enterrado vivo.

Semejantes criterios surgieron en el momento de la exhumación, basándose en que el cristal del féretro estaba rayado o en que los restos hallados no estaban en la posición decúbito supino. No obstante, ignoraban que el cementerio del ultramarino pueblo de Regla había sufrido de una inundación, así como el certificado oficial del doctor Manuel Paniagua Estévez, en el que se afirmaba que el cantante falleció víctima de un derrame cerebral.        

Sin embargo, el mérito de Faz es tan grande que lo coloca muy por encima de la atención que merecieran tales falsedades; sobre todo si tenemos en cuenta que personalidades como el musicólogo Helio Orovio lo consideran una de las voces más completas y aglutinantes de la música popular.       

Foto: Archivo

Cuando se recuerda a un artista de la dimensión profesional de Roberto Faz, no solo aparece la obligación de actualizar a las nuevas generaciones acerca de la relevancia que tuvo en su momento, sino de que constituye un paradigma imposible de ignorar.

Nada más de escuchar sus célebres Mosaicos, desde los cuales le rinde tributo a la belleza del bolero con la mayor elegancia, comprendemos por qué Benny Moré aceptó compartir con él la escena del famoso club Ali Bar, hacia finales de los años 50 del pasado siglo.

Cuando los doblones de oro contenidos en un naufragio, tras el paso de siglos, llegan a ser descubiertos, nada más hay que quitarles el musgo que los cubre, para verlos brillar de nuevo. En el terreno de la canción sucede exactamente igual; ahí están los boleros de Roberto Faz, que cual valiosos doblones de oro, brillarán por siempre en el arca patrimonial de la música cubana.

             

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